En ese momento de pánico, la velocidad y, sobre todo, el orden de nuestras reacciones determinarán si el dispositivo se convierte en poco más que un pisapapeles o si sobrevive para contarlo. Aunque la leyenda urbana nos invita a buscar soluciones milagrosas de inmediato, salvar un teléfono mojado depende de una serie de pasos que debemos aplicar con la mente y usando la cabeza.
La reacción inmediata
El primer paso debe hacerse en los cinco segundos posteriores al rescate del dispositivo: hay que apagar el teléfono de inmediato. Si la pantalla sigue encendida, el mayor peligro no es el agua en sí, sino los cortocircuitos que se generan cuando el líquido conecta la energía de la batería con los circuitos de la placa base. Si el dispositivo ya se ha apagado solo por el impacto o la filtración, bajo ningún concepto debemos intentar encenderlo para comprobar si funciona, ya que ese gesto podría ser el definitivo para romperlo del todo.
Móvil en el agua
Una vez apagado, el agua en la que se ha caído nos dirá el siguiente movimiento: Si se ha caído al mar o a la piscina, Aunque suene contradictorio, hay que enjuagar el teléfono delicadamente bajo el grifo con agua dulce corriente. Es vital eliminar inmediatamente la sal marina o el cloro, ya que estos elementos son muy corrosivos y devoran las conexiones metálicas internas en cuestión de horas cuando empiezan a secarse.
Por otro lado, si se ha caído a un río debemos revisar que no hayan quedado restos de barro, arena, sedimentos o vegetación en el puerto de carga o los altavoces. Se pueden limpiar con un paño suave o un cepillo de dientes limpio sin presionar demasiado hacia dentro.
Tras este lavado, hay que retirar la funda protectora, sacar la bandeja de la tarjeta SIM y la tarjeta de memoria para abrir algunas vías de ventilación, y secar todo el exterior minuciosamente con una toalla o un paño absorbente que no suelte pelusa.
Lo que nunca debes hacer
En la desesperación por arreglar y no perder el móvil es muy común recurrir a trucos caseros que los servicios técnicos desaconsejan por completo debido a los daños secundarios que pueden llegar a provocar.
El rey de los mitos es el arroz. Meter el móvil en un cuenco con arroz no es una solución. Aunque este alimento absorbe la humedad ambiental, no tiene la fuerza para extraer el agua acumulada en las zonas más profundas del teléfono. Además, el arroz desprende un polvo fino y almidón que, al mezclarse con el agua interna, crea una pasta que obstruye los conectores y estropea los componentes de forma irreparable.
Otro error grave es aplicarle una fuente calor directo utilizando un secador de pelo o colocándolo sobre un radiador. El aire caliente no evapora el agua hacia fuera y lo que hace es empujarla con fuerza hacia los rincones más profundos e inaccesibles del teléfono. Además, las temperaturas altas pueden derretir los adhesivos que sellan la pantalla y dañar de forma irreversible los componentes químicos de la batería. Tampoco se debe agitar el teléfono, ya que este movimiento solo conseguirá esparcir las gotas de agua por zonas que aún estaban secas.