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Polideportivo

Roglic quiere ser poeta

El veterano esloveno, en el ocaso de su carrera, acude a la Vuelta soñando con su quinta corona, un asunto que pertenece casi en exclusiva a Pogacar
Primoz Roglic festeja la victoria final de la Vuelta en 2024.
Primoz Roglic festeja la victoria final de la Vuelta en 2024. / Europa Press

Actualizado hace 9 minutos

Primoz Roglic (29 de octubre de 1989, Trbovlje, Eslovenia) instituyó un ciclismo de contable infalible que le elevó a la alta aristocracia de la especialidad.

Su manual de estilo, calculador, lacónico, seco, gradual, eficaz y eficiente le sirvió para tallar un excelso palmarés, donde destacan cuatro coronas de la Vuelta (2019, 2020, 2021 y 2024), marca que comparte con Roberto Heras, y un Giro, además de un buen puñado de victorias de enorme calidad hasta alcanzar las 92, una cifra extraordinaria.

En su ocaso, el hombre que aterrizó en el ciclismo desde los saltos de esquí, donde fue una figura prominente en categorías júnior, dominó la carrera española con una prosa sin fisuras.

Cauto, con la aceleración necesaria para destacar en las llegadas en alto, sin necesidad de grandes exhibiciones, el esloveno se entronizó en cuatro ocasiones en la Vuelta. Rastrea su quinto laurel, un reto que se antoja prácticamente imposible ante la presencia de Tadej Pogacar.

"Tengo muy buenos recuerdos de la Vuelta y siempre disfruto compitiendo allí", apuntó el esloveno sobre su presencia en la carrera, que iza su bandera este sábado en Mónaco.

"Ganarla cuatro veces ya es algo que nunca habría podido imaginar, así que no quiero ponerme más presión de la necesaria. Iremos día a día, haremos todo lo que podamos como equipo e intentaremos conseguir el mejor resultado posible. Tengo muchas ganas de que empiece", expuso Roglic, que emerge en la carrera de sus ojos desde una campaña sin destellos.

Maldito en el Tour desde el episodio de La Planche des Belles Filles, la cronoescalada que abrazó la atómica remontada de Pogacar, la que le concedió el laurel de su primer triunfo en la Grande Boucle, Roglic encontró en la Vuelta el bálsamo y el alivio para curar esas heridas lacerantes.

Roglic, en la crono inaugural de la Itzulia en Bilbao.

Roglic, en la crono inaugural de la Itzulia en Bilbao. Markel Fernández

Lejos de camuflarse en el laberinto de la coartadas y las excusas, el esloveno tuvo la determinación, el arrojo, el amor propio y el orgullo que rige a los grandes campeones para sobreponerse a esos capítulos y rearmarse en la Vuelta, el lugar donde amasó laureles. Celebró 15 victorias parciales y cuatro totales. Su último reinado lo festejó en 2024.

Idilio con la Vuelta

En el último año de contrato con su formación, el Red Bull, a menos de tres meses de los 37 años, Roglic, el ciclista que ha honrado la Vuelta, que la ha elevado y le ha dado foco desde 2019, cuando venció por primera vez, asoma en su competición reparadora sin demasiado huella en el presente curso, muy discreto, y después de padecer un accidente entrenando a finales de junio mientras entrenaba que generaron dudas sobre su presencia.

Como consecuencia del mismo, Roglic no pudo participar ni en la Donostiako Klasikoa ni en la Vuelta a Burgos, pruebas con las que pretendía medir su estado de forma y afinarlo para encarar la Vuelta, que arranca el sábado por el callejero de Mónaco con una crono individual.

Confirmada su participación por su escuadra, el esloveno es una incógnita que deberá resolver su radio de acción en una cita en la que sobresale Pogacar, que aunque se distingue de su compatriota en el estilo de correr, más proclive el gran fenómeno a completar actuaciones estruendosas de pirofantasía, ha heredado de Roglic su pose de recaudador de victorias. Distintos modos para similares perfiles depredadores.

Roglic, durante una fuga.

Roglic, durante una fuga. Efe

Sin el empuje y el punch que le hizo sobresalir y acceder tantas veces a la peana de la Vuelta, el veterano esloveno tiene otro discurso vertebrado desde el lenguaje y la dialéctica, más relajada y relativista, barnizada con humor y relax, adquirida por los vericuetos y los pliegues de la vida, de sus sinsabores y frustraciones.

Lejos de lo que fue, del contador de victorias, Roglic ha dejado atrás, colgado del retrovisor de aquellos maravillosos años, su contenida expresividad, que desataba en la carretera con la certeza de un francotirador.

Ahora, cuando su estrella se apaga, el esloveno persigue una quimera, un sueño, un verso suelto que le reconforte, le abrace y le acaricie y le deje imaginar una última victoria en la Vuelta. Un acto de justicia poética, tal vez. Roglic quiere ser poeta.

2026-08-18T15:21:47+02:00
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