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¿Quién despide a quienes mueren solos?

En el Día de Todos los Santos las tumbas se llenan de flores, se limpian lápidas y se pronuncian los nombres de aquellos que ya no están
Unas personas visitan el nicho de un familiar difunto en un cementerio. / Patxi Cascante

Cada año, cuando se acerca el Día de Todos los Santos, los cementerios se llenan de flores. Las familias acuden a visitar a sus familiares fallecidos, limpiar sus lápidas, recuperar fotografías y pronunciar sus nombres. "Recordarlos sigue siendo una manera de mantenerlos entre nosotros", explica Sara Revilla, experta en acompañamiento y organización de despedidas de Interfunerarias. Pero ¿quién recuerda o despide a quienes mueren solos?

La soledad es la carencia voluntaria o involuntaria de compañía. La no deseada, además, es un fenómeno complejo que afecta a una parte significativa de la población y que tiene un impacto directo sobre el bienestar, la participación social y la calidad de vida. En el Estado, afecta a una de cada cinco personas. Más concretamente al 20,2% de la ciudadanía española, según los datos del estudio sobre 'Soledad no deseada y salud mental en España 2026', presentado por el Observatorio Estatal de la Soledad No Deseada – SoledadES. Asimismo, Revilla afirma que "la soledad no termina necesariamente con la muerte. A veces también alcanza a la despedida".

Hay quienes han envejecido solos. Personas que perdieron el contacto con sus familiares, que sobrevivieron a sus amigos o que fueron quedándose sin vínculos cercanos. Y hay otras que, aun teniendo familia, han vivido sus últimos años sin apenas compañía. El informe confirma que el 81,1% de las personas en soledad lleva dos o más años en esa situación y que el 15,6% de toda la población española vive una soledad persistente. "No todas las personas llegan al final de su vida rodeadas de una familia o de una red de afectos", lamenta la experta en acompañamiento.

Aunque resulte triste decirlo, hay personas a las que no despide nadie. Fallecen sin familiares, amigos o personas cercanas que estén presentes en ese último momento. En estos casos, "somos los profesionales funerarios quienes nos ocupamos de que todo se realice con el respeto y la dignidad que merece cualquier persona", afirma Revilla. Porque una cosa es que nadie acuda a despedirte y otra muy distinta que "no merezcas una despedida digna", puntualiza.

Funeral: acto de reconocimiento

Una vez pierden la vida, llegan las cuestiones: ¿Quién le organiza su funeral? ¿Quién le llora? ¿Quién le recuerda? ¿Quién pronuncia por última vez sus nombres? Desde la experiencia de quienes trabajan acompañando despedidas, "sabemos que un funeral no es únicamente una ceremonia para quienes se quedan", mantiene la organizadora. La mujer detalla que "es también un acto de reconocimiento hacia la persona fallecida. Su nombre, su historia y el lugar que ocupó en el mundo merecen ser tratados con dignidad".

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Cuando alguien fallece, no necesariamente "se celebra un funeral tal y como solemos entenderlo, con un velatorio, una ceremonia y familiares o amigos presentes", prosigue. Depende mucho de cada situación y, sobre todo, de si la persona había dejado expresada alguna voluntad sobre cómo quería ser despedida. "Lo importante es respetar lo que esa persona hubiera querido. Y, cuando no lo sabemos, actuar siempre con el máximo respeto, sin dar por hecho cuáles eran sus creencias o preferencias", precisa.

Cuando hay familiares o alguna persona cercana que puede hacerse cargo, son ellos quienes organizan la despedida con la funeraria y, en su caso, con la compañía aseguradora. Pero cuando no existe nadie que asuma esa responsabilidad, intervienen los organismos públicos correspondientes. Y cuando tampoco hay recursos económicos, existen mecanismos para garantizar la prestación de los servicios funerarios básicos, aunque su gestión y condiciones dependen de cada municipio.

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En cuanto a dejar preparada la despedida, hay de todo. Hay personas que, precisamente porque viven solas o no tienen familiares cercanos, se preocupan especialmente por dejarlo todo organizado. Otras simplemente dejan indicaciones sobre lo que quieren y muchas no han hablado nunca del tema. Lo que Revilla tiene claro es que "hablar de cómo queremos que sea nuestra despedida debería ser algo mucho más natural". Las personas observan con rechazo y como un tema tabú el abordar este tipo de asuntos, pero "dejar expresados nuestros deseos no solo nos da tranquilidad a nosotros, sino que facilita enormemente las cosas a quienes tengan que tomar esas decisiones cuando ya no estemos".

Atención a los detalles

Por eso, en estos casos es muy importante prestar atención a los detalles. La organizadora aclara que "no tienen por qué ser grandes cosas". A veces puede ser una canción, una ceremonia determinada, una preferencia sobre la incineración o la inhumación o, sencillamente, respetar que no quería ningún tipo de acto.

"Creo que nuestro trabajo consiste precisamente en eso: en escuchar, respetar y procurar que las cosas se hagan como esa persona hubiera deseado", opina. Y hay algo que para ella es especialmente importante: "Cuando no hay familiares presentes, nuestra responsabilidad no es menor, sino que, si cabe, cobra todavía más sentido. Porque la profesionalidad y el respeto no pueden depender de que haya alguien delante para comprobar cómo hacemos nuestro trabajo", sentencia.

01/11/2026