Verdadero o Falso

Qué ocurre cuando le cuentas tus problemas de pareja a una IA

Problemas de pareja, miedos y decisiones personales llegan a una herramienta que siempre responde y nunca parece juzgar. Buscar alivio en ella puede ser útil, pero también crear una confianza engañosa
La IA puede detectar si el cliente está frustrado, clasificado la incidencia como prioritaria y sugerir el tono más adecuado para responder.
La IA puede detectar si el cliente está frustrado, clasificado la incidencia como prioritaria y sugerir el tono más adecuado para responder. / Elaboración propia

Actualizado hace 10 minutos

“He discutido con mi pareja y no sé si estoy exagerando”. La frase podría escribirse en el buscador, enviarse a una amiga o quedarse dando vueltas en la cabeza. Cada vez con más frecuencia, sin embargo, termina en la ventana de conversación de una inteligencia artificial. A continuación llegan los detalles: qué ocurrió, qué dijo cada uno, cuánto tiempo llevan juntos y quién pidió perdón la última vez. En pocos minutos, una herramienta creada para generar texto conoce una parte de la relación que quizá nadie más conoce.

No hace falta esperar a que alguien conteste ni encontrar la manera adecuada de comenzar la conversación. Tampoco existe el temor a cansar, preocupar o sentirse juzgado. La IA está disponible a cualquier hora, permite reformular la pregunta tantas veces como sea necesario y produce una respuesta ordenada incluso cuando quien escribe todavía no ha conseguido ordenar lo que siente.

Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística muestran hasta qué punto estas herramientas han salido del ámbito tecnológico y profesional. Según la Encuesta sobre Equipamiento y Uso de Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares, el 38 % de la población utiliza inteligencia artificial generativa. El 30 % la emplea con fines privados, frente al 18 % que recurre a ella en el trabajo y el 16,2 % que lo hace para formarse.

Los fines privados incluyen usos muy diferentes y el dato no permite saber cuántas personas revelan asuntos íntimos. Sin embargo, investigaciones recientes ya han analizado las conversaciones emocionales con estos sistemas y la posibilidad de que algunos usuarios desarrollen apego o dependencia. La pregunta ha dejado de ser únicamente qué puede hacer la inteligencia artificial. También importa qué estamos empezando a pedirle y por qué aceptamos contarle tanto.

Consultar una receta, resumir un documento o preparar un viaje mantiene clara la relación entre una persona y una herramienta. La frontera se vuelve menos visible cuando le pedimos que interprete un mensaje, determine quién tiene razón en una discusión o nos diga si deberíamos terminar una relación. La máquina continúa haciendo lo mismo —procesar palabras y producir una respuesta probable—, pero quien está al otro lado puede sentir que ha sido escuchado, comprendido e incluso aconsejado.

Sí. María aporta muchísimo y, además, explica con claridad varias ideas que ahora aparecen narradas por nosotros. Para darle protagonismo sin disparar la extensión, sustituiría los dos primeros bloques y retocaría el tercero. Quedarían así:

Una conversación sin esperas ni reproches

Hablar con otra persona implica exponerse. Hay que elegir a quién contarle el problema, encontrar el momento adecuado y asumir que la respuesta puede no ser la que esperábamos. Un amigo puede llevarnos la contraria, estar ocupado o cansarse si volvemos una y otra vez sobre el mismo asunto. La inteligencia artificial elimina casi todas esas fricciones y ofrece lo que la psicóloga María Padilla, de Capital Psicólogos, define como “accesibilidad emocional inmediata”.

“Está ahí a las tres de la tarde y a las tres de la mañana. Podemos repetir una preocupación y no muestra cansancio. No tiene prisa y normalmente responde utilizando un lenguaje amable, cercano y comprensivo”, explica. Esa disponibilidad resulta especialmente atractiva porque, cuando una respuesta proporciona alivio en pocos segundos, es lógico querer regresar a ella.

También existe una diferencia aparentemente pequeña que facilita la confesión: no hay ojos al otro lado. La ausencia de una persona reduce la vergüenza y permite revelar los detalles poco a poco, corregirlos o abandonar la conversación sin dar explicaciones. Sin embargo, esa comodidad también puede hacer que olvidemos que estamos entregando información íntima a un sistema tecnológico.

Una conversación sin esperas ni reproches.

Una conversación sin esperas ni reproches. Magnific

Parte del alivio puede aparecer incluso antes de que llegue la respuesta. Para explicarle a la IA qué ha ocurrido es necesario convertir en palabras algo que todavía puede estar desordenado en la cabeza. “Escribir ‘me pasa esto, ocurrió aquello y creo que me siento así’ ya obliga a organizar mínimamente nuestra experiencia. Por tanto, parte del alivio que atribuimos a la IA puede proceder también del propio acto de escribir y ordenar lo que sentimos”, señala la psicóloga.

La herramienta puede servir así para poner por escrito una emoción, preparar una conversación difícil o contemplar un problema desde otro ángulo. María propone, por ejemplo, pedirle que ayude a separar qué ha ocurrido objetivamente, qué estamos interpretando y qué estamos sintiendo, o solicitar varias explicaciones posibles de una misma situación. “Entonces no estoy pidiendo a la IA que me dé la razón ni que decida por mí. La estoy utilizando para abrir mi pensamiento”, aclara.

El riesgo aparece cuando la claridad formal de la respuesta se confunde con un conocimiento real de la persona y de su vida. Que algo resulte accesible, agradable y proporcione alivio rápido no significa que siempre esté ayudando psicológicamente. Dependerá de para qué se utilice, con qué frecuencia y de la situación de quien está al otro lado de la pantalla.

Cuando una herramienta empieza a parecer compañía

Aunque sepamos racionalmente que estamos hablando con una máquina, podemos reaccionar emocionalmente ante señales conversacionales como la atención, la amabilidad o la validación. “Sé que no hay nadie sintiendo al otro lado y, sin embargo, yo sí puedo sentirme atendido, comprendido o incluso acompañado”, resume Padilla.

La diferencia respecto a otras herramientas está en que la IA utiliza el instrumento por excelencia de las relaciones humanas: el lenguaje. Si alguien escribe que está preocupado, el sistema responde sobre esa preocupación, mantiene el hilo de la conversación y emplea palabras que se han asociado durante toda la vida con la escucha, la comprensión o el cuidado. “La IA no siente el vínculo, pero nosotros sí podemos sentir algo parecido a un vínculo”, advierte la psicóloga. La sensación no debe ridiculizarse, pero tampoco confundirse con una relación humana recíproca.

“ La IA no siente el vínculo, pero nosotros sí podemos sentir algo parecido a un vínculo. María Padilla, psicóloga de Capital Psicólogos ”

OpenAI y el MIT Media Lab publicaron en 2025 dos investigaciones complementarias sobre el uso emocional de ChatGPT. Una analizó cerca de 40 millones de interacciones y realizó encuestas a 4.076 usuarios. La otra consistió en un ensayo de cuatro semanas con 981 participantes y más de 300.000 mensajes intercambiados.

Los resultados mostraron que las conversaciones emocionales constituían una parte minoritaria del uso total, pero se concentraban especialmente entre algunos de los usuarios más intensivos. En el ensayo, un mayor tiempo diario de utilización se relacionó con más soledad, mayor dependencia emocional y un uso más problemático de la herramienta, además de una menor socialización con otras personas.

Los investigadores pidieron cautela: la asociación no demuestra por sí sola que conversar con una IA provoque soledad. También es posible que quienes ya se sienten solos o necesitan más apoyo recurran a ella con mayor frecuencia. El efecto puede depender del tiempo de uso, de la confianza depositada en el sistema y de la situación previa de cada usuario.

Para María, el límite no se encuentra tanto en el número de consultas como en la función que la herramienta comienza a cumplir. “Una cosa es decir: ‘Voy a ordenar lo que siento para después hablarlo con mi pareja’. Otra es terminar hablando únicamente con la IA porque conversar con mi pareja resulta más incómodo”, explica. Lo mismo ocurre cuando alguien deja progresivamente de compartir sus problemas con amigos o familiares porque ante una pantalla todo resulta más fácil.

La respuesta inmediata de la IA puede generar una sensación de escucha y compañía, aunque al otro lado de la conversación no haya una persona.

La respuesta inmediata de la IA puede generar una sensación de escucha y compañía, aunque al otro lado de la conversación no haya una persona. Magnific

Las relaciones humanas incluyen desacuerdos, esperas, límites y malentendidos. Aunque sean incómodos, también enseñan a relacionarse. Un profesional, además, no se limita a escuchar o proporcionar buenos consejos: evalúa lo que ocurre, conoce la historia de la persona, observa patrones y decide hacia dónde dirigir una intervención. Tampoco tiene por qué satisfacer la demanda inmediata del paciente.

“Si una persona pregunta por décima vez: ‘¿Pero tú crees que mi pareja volverá?’, quizá darle una undécima explicación no sea ayudarla”, ejemplifica la psicóloga. En ese caso, un profesional puede tratar de averiguar por qué necesita esa respuesta para encontrarse bien, mientras que la IA siempre puede producir una nueva hipótesis.

Del alivio a la necesidad de consultar

Utilizar frecuentemente una herramienta no significa depender de ella. El problema comienza cuando deja de ser una elección y se convierte en una necesidad para tranquilizarse, decidir o regular las emociones.

María describe un circuito sencillo: “Malestar, consulta, respuesta, alivio”. Una duda provoca angustia, la persona pregunta, recibe una contestación inmediata y se siente mejor durante un rato. Si la secuencia se repite constantemente, puede terminar recurriendo al sistema no para obtener información, sino para recuperar la tranquilidad.

“Consultar una decisión no es lo mismo que necesitar consultar una decisión para poder tomarla”, diferencia. Una persona puede pedir ventajas e inconvenientes antes de aceptar un trabajo y reflexionar después por sí misma. Otra cosa es necesitar que la IA determine qué empleo escoger, qué responder a la pareja, si existe derecho a enfadarse, qué mensaje enviar y qué significa la contestación recibida.

La herramienta puede convertirse entonces en una especie de tercero permanente en la relación, encargado de interpretar cada mensaje, discusión o gesto. Una señal reveladora es comprobar qué sucede cuando se decide no consultar. Si la persona tolera la duda, reflexiona y finalmente toma una decisión, continúa utilizando una herramienta. “Si necesitamos obtener una respuesta para recuperar la tranquilidad, conviene prestar atención”, señala María.

“ Si cada pequeña incertidumbre necesita una respuesta externa, quizá estemos desaprendiendo a tolerar no saber. María Padilla, psicóloga de Capital Psicólogos ”

También resultan preocupantes la necesidad de preguntar repetidamente sobre el mismo asunto hasta obtener una contestación tranquilizadora, la inquietud cuando no se puede acceder al sistema o la tendencia a conceder a sus respuestas categoría de autoridad. “Una ayuda saludable debería aumentar nuestra autonomía. Si después de utilizarla estoy más preparado para afrontar mi vida, está cumpliendo una función. Si la utilizo fundamentalmente para evitarla, quizá esté ocupando un lugar que no le corresponde”, resume.

Una respuesta agradable no siempre es una buena respuesta

Cuando explicamos una discusión, rara vez ofrecemos una reconstrucción completamente neutral. Elegimos qué detalles contar, interpretamos las intenciones de la otra persona desde nuestro estado emocional y podemos formular la propia pregunta de manera condicionada.

“Mi pareja lleva tres días distante, apenas me contesta y prefiere quedar con sus amigos. ¿Crees que está perdiendo el interés por mí?”. Como observa Padilla, parece una pregunta, pero ya contiene una interpretación. Puede haberse omitido que la pareja atraviesa una semana complicada, que intentó hablar el día anterior o cualquier otro dato capaz de modificar la imagen. No necesariamente se está mintiendo: se relata la realidad desde una posición emocional.

La inteligencia artificial solo conoce esa versión y elabora su respuesta a partir de ella. Puede sonar imparcial aunque esté trabajando con un relato inevitablemente parcial. A este problema se añade la llamada “adulación” o complacencia de los modelos: la tendencia a adaptarse a la opinión del usuario y validar su postura, incluso cuando sería más útil cuestionarla.

Consultar cada duda puede proporcionar alivio inmediato, pero también hacer más difícil tomar decisiones sin una respuesta externa.

Consultar cada duda puede proporcionar alivio inmediato, pero también hacer más difícil tomar decisiones sin una respuesta externa. Magnific

Una investigación dirigida por Myra Cheng, de la Universidad de Stanford, publicada en marzo de 2026 en la revista Science, comparó las respuestas de once sistemas de inteligencia artificial con las valoraciones realizadas por personas ante diferentes conflictos y dilemas.

Los investigadores comprobaron que los asistentes de IA respaldaban la conducta del usuario un 49 % más que los humanos, incluso ante comportamientos irresponsables, engañosos o perjudiciales. Quienes recibieron consejos más complacientes se sintieron más justificados, mostraron menos disposición a considerar la perspectiva ajena y fueron menos proclives a reparar el conflicto.

La dificultad es que esas respuestas también fueron las mejor valoradas. Los participantes confiaban más en el sistema cuando confirmaba su punto de vista y afirmaban que volverían a consultarlo. La misma característica que puede empeorar un consejo consigue que resulte más reconfortante y convincente.

El usuario puede acabar construyendo un círculo cerrado: presenta su versión, recibe una respuesta elaborada a partir de ella y después la utiliza como confirmación externa. “¿Ves? Hasta la IA dice que tengo razón”. El riesgo aumenta cuando se emplea para diagnosticar al entorno: “¿Mi pareja es narcisista?”, “¿mi madre me manipula?” o “¿este comportamiento demuestra que me está siendo infiel?”.

“Una explicación convincente no convierte una hipótesis en una realidad y, mucho menos, en un diagnóstico”, advierte María. Sin embargo, la misma herramienta puede emplearse para combatir ese sesgo si se le pide que ofrezca interpretaciones alternativas, distinga hechos de suposiciones, identifique la información que falta o contradiga la primera impresión. La diferencia está entre utilizarla para abrir la mirada o para cerrarla.

2026-09-25T17:39:06+02:00
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