Política

Pradales reivindica el humanismo como base de un modelo diferenciado para Euskadi

El lehendakari defiende un desarrollo propio que combine competitividad y cohesión social y sitúe a las personas frente al poder económico y tecnológico
Pradales, durante una comparecencia. / EP

El lehendakari, Imanol Pradales, ha reivindicado el humanismo como el principio sobre el que Euskadi debe actualizar y reforzar su modelo propio de desarrollo ante un escenario mundial marcado por las guerras, la inestabilidad y la incertidumbre. Una vía que, según sostiene, debe permitir al país continuar conjugando competitividad, equilibrio y cohesión social, con las personas y el bien común como ejes de las decisiones políticas y económicas.

Pradales expone esta reflexión en el artículo El humanismo, anclaje ante la zozobra, en el que recupera la tradición sociopolítica representada por el primer lehendakari, José Antonio Agirre, y el impulsor del cooperativismo vasco, José María Arizmendiarrieta, para defender su vigencia frente a los desafíos del siglo XXI.

El lehendakari parte de una afirmación que Arizmendiarrieta publicó en agosto de 1964: “No hay comunidad allí donde se desdibuja el perfil de la persona”. Una idea que, 62 años después, considera “totalmente vigente y necesaria para no perder el norte” y que reúne los dos conceptos sobre los que construye su propuesta: la persona y la comunidad.

Un modelo propio de desarrollo

Pradales defiende que el uso “responsable y razonable” del autogobierno vasco desde la aprobación del Estatuto de Gernika de 1979 ha permitido desarrollar un modelo socioeconómico “propio y diferenciado”. A su juicio, Euskadi ha conseguido integrar el crecimiento y la competitividad con el equilibrio y la cohesión social, al mismo tiempo que fortalecía la comunidad vasca y afrontaba los grandes desafíos surgidos durante las últimas décadas.

El lehendakari considera que ese modelo debe ser ahora actualizado para responder a una realidad caracterizada por la sucesión de guerras y crisis, así como por una creciente sensación de “inseguridad, fragilidad y vulnerabilidad”. En este contexto, advierte de que muchas personas sienten amenazados la estabilidad y el bienestar alcanzados y contemplan el futuro con preocupación.

Frente a esa incertidumbre, rechaza tanto las “fórmulas mágicas” como la idealización del pasado y propone recuperar las enseñanzas de quienes impulsaron la construcción institucional y social de Euskadi. “Nuestra tradición sociopolítica nos enseña que es nuestra obligación actualizar la concepción del humanismo, que debe ser nuestro anclaje en estos días de zozobra”, sostiene.

La persona frente al poder y la tecnología

La propuesta de Pradales pasa por extender este principio a las relaciones internacionales, la política, la economía y las relaciones sociales y personales. El lehendakari defiende un humanismo “global y local” que sitúe la dignidad de las personas por encima de la concentración del poder, la riqueza o el desarrollo tecnológico.

En este sentido, reclama un mundo que no se rija por “la ley del más fuerte”, que no obligue a millones de personas a arriesgar sus vidas para escapar de la miseria, la persecución o la ausencia de oportunidades, y en el que los ciudadanos no se conviertan en “esclavos de un nuevo tecnofeudalismo”.

También defiende que el progreso tecnológico se encuentre al servicio de las personas y no al contrario, y que la riqueza y el poder no queden concentrados en unas pocas manos. Esta visión entronca, según explica, con el personalismo europeo que inspiró a Agirre y Arizmendiarrieta. Una corriente que se opuso al fascismo y al totalitarismo y que rechazó la primacía absoluta del Estado, el mercado o el individuo para colocar al ser humano en el centro, vinculado siempre a su compromiso con la comunidad.

“Un Gobierno de vanguardia”

Pradales vincula esta concepción con la denominada “libertad responsable”, defendida por Agirre tanto desde el Gobierno Vasco como durante el exilio. Una libertad que no se limita al reconocimiento de derechos, sino que también implica participar, asumir obligaciones, comprometerse y contribuir al bien común. Desde esa perspectiva, considera que la labor de “un Gobierno de vanguardia” debe centrarse en asegurar y enriquecer las estructuras institucionales que permitan a las personas cooperar, convivir y desarrollarse colectivamente, sin dejar a nadie atrás.

El objetivo, concluye, es ofrecer desde Euskadi las oportunidades necesarias para el desarrollo y el bienestar integral de todas las personas. El éxito del país ante el actual escenario de incertidumbre dependerá, a su juicio, de su capacidad para renovar esa tradición humanista y adaptarla a los desafíos contemporáneos. “Tengo máxima confianza en que la sociedad vasca, todas y todos trabajando de la mano y con un propósito común, seremos capaces de lograrlo”, concluye el lehendakari.

24/08/2026