En los últimos años, los cargos institucionales del PNV han librado una batalla a nivel europeo y estatal para que el reparto de los fondos económicos preste una especial atención a los proyectos industriales que Euskadi tiene en cartera. Y ahora creen que el contexto internacional refuerza la lógica que han empleado hasta la fecha: si Europa está amenaza y debe buscar su autonomía porque ya no se puede fiar de Estados Unidos, esa soberanía solo se puede conseguir impulsando un renacer industrial en la Unión Europea; y, si se trata de industria, Euskadi debería tener un papel central por su experiencia en el sector. Este viernes, el lehendakari Pradales ha puesto sobre la mesa tres reivindicaciones económicas y una política ante un público que le puede ayudar a trasladar ese mensaje: lo ha hecho en la recepción al cuerpo consular acreditado en la comunidad autónoma vasca, un acto organizado en Ajuria Enea. Allí, en primer lugar, ha vuelto a presionar para que Euskadi "sea declarada área de aceleración industrial". La Comisión Europea presentó en marzo su proyecto de Ley de Aceleración Industrial con el objetivo de reducir la burocracia y disparar la producción hasta el 20% del PIB en 2035. Con ese objetivo, solicita a los estados que definan cuáles son sus zonas de aceleración, que en líneas generales deben tener cierta capacidad industrial y contar con una red de respaldo, un ecosistema tecnológico en áreas estratégicas como la energía o el sector del automóvil. Blanco y en botella para el PNV, pero la decisión es del Estado español. Pradales incorporó esta exigencia a su agenda bilateral con el presidente Pedro Sánchez, y desde Lehendakaritza insisten en que seguirán presionando en tal sentido porque no es algo que se vaya a resolver a corto plazo. De hecho, el proyecto no ha culminado aún su tramitación a nivel europeo. Pradales introdujo una referencia en su discurso que no estaba preparada de antemano, y dijo que la zona de aceleración debe designarse en cuanto se apruebe la nueva ley.
En segundo lugar, Pradales pidió "que se nos reconozca como autoridad de gestión de los nuevos fondos europeos". El reparto de los fondos ha sido motivo de discordia desde el coronavirus por el mando único del Estado, pero la distribución de los fondos de recuperación ya es agua pasada y no se puede reescribir lo que ha ocurrido. Los esfuerzos se centran en el plan financiero plurianual 2028-2034, que se encuentra en proceso de negociación con los estados y las principales instituciones comunitarias. En este terreno, al menos, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, ha matizado las pretensiones recentralizadoras que manifestó en un primer momento. Von der Leyen ha garantizado que se mantendrá la comunicación directa entre las autoridades subestatales y la propia Comisión. Ahora bien, está por ver qué ocurre con la asignación de recursos a los territorios (habrá que ver si se aprueba y se puede negociar una asignación específica, más allá de los capítulos por cada Estado) y la capacidad real de acordar esas inyecciones.
En tercer lugar, Pradales reclamó "un impulso definitivo para la macrorregión atlántica", un club que agruparía a varios territorios de los estados español y francés, Irlanda y Portugal. De ella formarían parte la comunidad autónoma vasca, Nafarroa y Nueva Aquitania, que es la región que incluye a la mancomunidad de Iparralde. La idea es que la macrorregión otorgue mayor visibilidad al oeste europeo y capte fondos europeos para sus proyectos industriales o de transporte. A finales del año pasado y tras un largo recorrido de presiones diplomáticas que se remontan a la etapa del lehendakari Urkullu, el Consejo Europeo elevó por fin un mandato a la Comisión para poner en marcha el proceso y que la estrategia de la macrorregión se pueda aprobar en junio de 2027. Quedan nueve meses.
En cuarto lugar, en un plano más político, Pradales exigió el reconocimiento del euskera como "lengua oficial en el conjunto de las instituciones europeas". Estas gestiones las lidera el Gobierno español, porque se comprometió con Junts a lograr la oficialidad del euskera, el catalán y el gallego. Pero, para ello, se necesita que ningún estado vote en contra, y la última vez que se abordó el asunto aún había 7 socios reticentes, sobre un total de 27 estados miembros de la Unión. Alemania lidera el bloque que se opone. Tras más de un año de parálisis y sin tocar este tema en vista de que la votación estaba perdida, esta reivindicación ha regresado al primer plano de la agenda política y se abordará en el Consejo de Asuntos Generales del día 22, aunque no está previsto que se tome ninguna decisión. Con la idea de presionar y enfatizar la sensación de urgencia, el ministerio de José Manuel Albares ha recordado que se avecina un proceso de ampliación de socios de la Unión Europea por los países del este, pero que "no es posible para España aceptar nuevas lenguas oficiales" si antes no se aprueban las del Estado español.
El lehendakari envolvió todas sus peticiones con el celofán del autogobierno: "Reclamamos espacios propios de decisión y cooperación europea". Pradales volvió a presentar a Euskadi como un país con vocación europeísta y que comparte los valores fundacionales del proyecto, el humanismo, la diversidad y la paz. De hecho, recordó a los cónsules que este año se cumple el 90º aniversario del Gobierno de Aguirre, defensor de estos valores en el mundo.
Europa debe "liberarse de lastres y vetos"
Es habitual que Pradales incluya en sus discursos una referencia al auge de los extremismos y una crítica hacia las guerras y la ruptura de las reglas internacionales, pero esta vez lo ha hecho con mayor motivo, porque la recepción a los cónsules coincidía con el 25º aniversario del atentado contra las Torres Gemelas. Por ello, el lehendakari trazó un paralelismo entre el 11-S, la posterior invasión de Irak y el contexto actual, para insinuar que esos acontecimientos anticiparon el contexto bélico que se vive ahora y la ruptura del orden multilateral. Se refirió también a la pobreza, el cambio climático y los regímenes autoritarios. "Solo hay un camino posible: recomponer el orden internacional multilateral y con reglas, y profundizar en la democracia. Para ello debemos aplicar las 3 ces en nuestro quehacer: compromiso, cooperación y coordinación. En Euskadi tenemos claro que, para seguir creciendo como país, tenemos que seguir creciendo en el contexto internacional, estrechando lazos con todos aquellos que comparten esta forma de entender las relaciones entre pueblos. Y esto nos lleva, irremisiblemente, a la Europa en la que siempre hemos creído", comenzó el lehendakari.
Pradales defendió que Europa "debe preservar su acervo humanista", y también "ganar autonomía, estratégica y política, ante potencias que creen no estar sujetas a ninguna restricción". "Debe liberarse de una vez por todas de lastres y vetos en un contexto internacional que penaliza severamente la falta de agilidad. Debe proteger su industria e impulsar las transformaciones que nos sitúen de nuevo en la vanguardia económica y tecnológica mundial. Debe garantizarse su seguridad sin dependencias energéticas, financieras o militares de terceros. Y debe redefinir sus alianzas y ampliarlas ahondando en la cooperación con quienes apuestan por recomponer el orden internacional basado en reglas", enumeró.
El lehendakari lo resumió de esta manera: "Es momento de acertar y de acelerar". En ese contexto, reivindicó el papel de la industria vasca y buscó un papel central para ella en el marco de los objetivos que se ha fijado la Unión Europea, que en principio se propone lograr su autonomía con respecto a otras potencias mundiales. "Y desde Euskadi somos clave para aprovechar el potencial de la reindustrialización, gestionar adecuadamente los recursos, y reforzar la legitimidad del proyecto europeo sobre el terreno. Por eso reclamamos espacios propios de decisión y cooperación europea", insistió. Pradales volvió a recordar la consigna que ha diseñado su Gobierno para expandir lo vasco en el mundo: hay que dar un salto y no limitarse a "estar en el ámbito internacional", sino que el objetivo debe ser "jugar la partida internacional", con un papel que tenga un valor desde el punto de vista cualitativo más allá del mero acto de presencia.