Vida y estilo

Potes, un pueblo para disfrutar sin prisa

Del 13 al 15 de noviembre se celebra en Potes uno de los festejos más tradicionales de Cantabria, la Fiesta del Orujo declarada de Interés Turístico. Los vecinos del Valle de Liébana pugnan por lucir durante el próximo año el título de elaborador del mejo
Varios paseantes por la orilla y uno de los puentes de Potes.
Varios paseantes por la orilla y uno de los puentes de Potes. / B.E.O.

La costumbre de elaborar orujo por parte de los habitantes de Potes se pierde en el tiempo. Algunos historiadores lo sitúan incluso en la época romana. Tal vez algún vecino repitió posteriormente la experiencia y lo que empezó siendo una ocurrencia tuvo tal éxito que se repitió al año siguiente y así hasta ser reconocida como Fiesta de Interés Turístico.

Pero la cata de orujo no es el único atractivo de la localidad, ya que su situación geográfica al pie de los Picos de Europa le proporciona un especial encanto basado principalmente en sus grandes desniveles, paredes escalofriantes y numerosas cuevas donde encuentran refugio el lobo, el oso y el rebeco mientras las águilas reales sobrevuelan majestuosas sobre bosques de hayas y robles.

Posiblemente la ruta más atractiva y cómoda para llegar a Potes sea la que parte de Unquera, el pueblo de las corbatas en la Autovía del Cantábrico. Tomando la N-621 se llega a Sotres para penetrar de inmediato en el Desfiladero de La Hermida hasta la capital del Valle de Liébana.

Al irresistible encanto de la garganta se suma la admiración que se siente a la entrada de Potes, la capital de la comarca. Dicen los lugareños que esta fascinación emana de los mismísimos Picos de Europa, la cordillera más próxima al mar de todo el continente y a cuyos pies se encuentra el pueblo y que transmitió José María de Pereda en sus Peñas arriba, una de las obras clave del realismo literario de finales del siglo XIX. Estamos en el centro neurálgico del Valle de Liébana y en la mejor base de operaciones para conocer la región.

Aseguran que la palabra Potes viene del latín Pontes en atención a la cantidad de puentes que se tuvieron que construir para salvar las diferentes alturas entre las orillas del río Quiviesa que atraviesa el pueblo. Un primer vistazo sobre la arquitectura urbana ya nos da pistas: aquí hubo Historia. El casco antiguo está presidido por la Casa-Torre del Infantado del siglo XIV, hoy ocupada por el Ayuntamiento. El edificio tiene base cúbica, una balconada principal sobre la puerta arqueada de acceso, pocas ventanas y unas torrecillas angulares almenadas y escasas ventanas.

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana.

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana. B.E.O.

La leyenda de Frunilda

“El Barrio del Sol es… un sol”, me dice una vecina tratando de hacer un juego de palabras para definir a una de las zonas más distinguidas del pueblo. Al tiempo me va señalando buen número de casas blasonadas con escudos que nos hablan de un pasado realmente esplendoroso. También me habla de leyendas relacionadas con Potes que se van transmitiendo generación tras generación. ¿Qué sería de un pueblo sin este tipo de tradiciones orales? La más popular aquí tiene como protagonista a Frunilda. La publicó Ildefonso Llorente Fernández en 1902 en el periódico madrileño Gente Vieja.

Por desgracia, el caso de esta mujer suele ser muy frecuente en las narraciones medievales de muchas aldeas: una muchacha guapa, honesta y humilde sufre acoso por parte del hijo bastardo de uno de los grandes señores del pueblo. Queda en juego la palabra de la chica, pero el infame es pillado en renuncio y castigado por sus malas artes. Se ignora si la leyenda tiene una base real, pero todos en el pueblo señalan a una gran pendiente como el lugar por donde el malvado trato de escapar de la justicia paterna.

La Torre de Bedoya, que luce en su fachada los escudos de las familias Bedoya y Celis, fue levantada en los siglos XV y XVI, y según se dice, tuvo alguna relación con el citado suceso. Tal vez por ello en alguna ocasión la hayan relacionado con temas oscurantistas, brujería y espiritismo especialmente. Hoy es un lugar ideal para montar exposiciones de todo tipo.

Escudos y blasones entre calles.

Escudos y blasones entre calles. B.E.O.

Casas colgadas

Como si de Cuenca se tratara, el Barrio del Sol de Potes posee un rincón urbano que lo muestra al visitante con legítimo orgullo. Me refiero a sus Casa Colgantes, un conjunto de veteranos edificios cuyas balconadas penden sobre el río en atrevido equilibrio. Pero me temo que el liderazgo comarcal de Potes se lo deba principalmente al tronío que habitó los edificios construidos entre los siglos XIV y XVII. Hay tanta historia en ellos como trabajo desarrollado en sus calles empedradas ante las blasonadas fachadas de las casonas.

Su interés estratégico en el control de las comunicaciones llevó muchas veces a esta localidad a situaciones conflictivas, sobre todo hasta el siglo XV. La población vivía del ganado y la agricultura aprovechando sus ventajas naturales. Hoy es un centro turístico de primer orden que se aprovecha de un especial clima soleado junto a las cumbres que tanto tientan a escaladores y excursionistas. El Monte Arabedes, de 694 metros de altura, es uno de los favoritos.

Los aficionados a la pesca tienen en el inmediato río Deva uno de sus objetivos preferidos. La presencia de truchas y salmones en sus frías aguas es conocida de todos, sobre todo de las guisanderas del pueblo que siempre se han distinguido por su trabajo culinario con estas dos especies, principalmente con la trucha.

La población urbana, unos 1.500 vecinos, se reúne en torno a la iglesia de San Vicente, unas veces para asistir a los oficios religiosos y otras para escuchar los conciertos que se organizan aprovechando las excelentes condiciones acústicas del interior. El templo está protegido como Monumento Histórico-Artístico.

Torre y kiosko, en el centro de Potes.

Torre y kiosko, en el centro de Potes. B.E.O.

El Lignum Crucis de Liébana

El punto religioso más importante de la zona se encuentra a tres kilómetros al suroeste de Potes, el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, un lugar de peregrinaciones compuesto por varios edificios que se han ido añadiendo con el paso del tiempo y hoy permiten analizar sus distintos estilos arquitectónicos que van desde el prerrománico al siglo XIX. No queda mucho de la iglesia románica primitiva. Tan solo la puerta de entrada y la base de un ábside.

El monasterio siempre ha tenido una enorme atención romera ya que, en una de sus capillas, se exhibe el que dicen es el mayor fragmento del Lignum Crucis que existe en el mundo. Me estoy refiriendo a un trozo de madera que, aseguran, procedente de la mismísima cruz donde estuvo clavado Jesucristo. Según la tradición, la reliquia fue traída de Tierra Santa por Santo Toribio y el rey Alfonso V el Católico, en el siglo VII, la escondió en este recóndito paraje para evitar que cayera en manos de los invasores árabes.

El lugar alcanzó una gran notoriedad en la Edad Media, hasta el punto de que en 1512 el papa Julio II instauró la celebración del Jubileo Lebaniego por el que eran perdonados todos los pecados de los peregrinos que acudían al monasterio. Julio II, al que se le conocía popularmente como el Papa terrible, fue también mecenas de grandes artistas, como Miguel Ángel. En la película El tormento y el éxtasis lo encarnaba el actor Rex Harrison.

La belleza de la piedra en un molino de Potes.

La belleza de la piedra en un molino de Potes. B.E.O.

Terrenos de Don Pelayo

La tradición es rica en acontecimientos vividos en este entorno a lo largo de los siglos, muchos de ellos relacionados con las ermitas que existen diseminadas por los alrededores del monasterio. Se dice, por ejemplo, que en una gruta de las proximidades, la llamada Cueva Santa, vivió Santo Toribio en plan eremita. Del siglo XIII quedan la ermita de Santa Catalina y restos de la de San Miguel, ambos lugares se consideran enclaves primordiales a la hora de sacar panorámicas de una belleza extraordinaria.

Pero la paz y el sosiego no han caracterizado siempre a esta zona. En Cosgaya, cerca de Potes, se dice que nació el mismísimo Don Pelayo, iniciador de la Reconquista. Los lugareños, incluso, matizan que vino al mundo en un lugar conocido como Casas de Pelayo. En los peñascos de esta zona se produjeron los primeros enfrentamientos entre sarracenos y cristianos que acabarían con la derrota de los primeros en Covadonga.

Fue precisamente aquí donde se escribió en 776 el Comentario del Apocalipsis que tanto influyó en la unión cristiana durante la Reconquista, una época en la que no faltaron episodios cruentos, como el fatal encuentro de Favila, hijo de Don Pelayo y segundo rey astur, con un oso. Hay historiadores que mantienen que en realidad fue un crimen de Estado para acabar con un monarca al que sólo le preocupaban las cacerías de animales.

Un plato de cocido lebaniego.

Un plato de cocido lebaniego. B.E.O.

Los fogones de Potes

Potes sorprende también por el particular olor de escapa de sus cocinas, especialmente el de sus quesos. Es típico de la región el queso picón que generalmente suele hacerse en Bejes, un pueblo próximo al que ya se cita el año 946 en un cartulario del Monasterio de Santo Toribio.

Los monjes ya escribían entonces que Bejes había sido beneficiado por la Providencia con unos pastos maravillosos donde libremente pacían vacas y ovejas, y viñedos con los que hacían ricos caldos. Fue en este lugar donde se experimentó el untuoso queso azul utilizando leche de vaca, cabra y oveja, y dejando que se curase en distintas cuevas de los Picos de Europa. Con el tiempo ha conseguido reconocimiento internacional y desde 1994 cuenta con Denominación de Origen. Popularmente se le conoce en la zona como el queso de las tres leches.

Los lunes son días singulares en la vida ciudadana de Potes. Ese día tiene lugar el tradicional mercado que, a decir de muchos, es una reminiscencia de la antigua etapa en la que el pueblo estaba en la ruta de Castilla y como consecuencia poseía una destacada tradición hospedera. Y hablando de tradiciones, Potes se ha enorgullecido siempre de la singular romería de la Santuca que se celebra los primeros días de mayo con la procesión más larga de la península.

La cocina de Liébana ha dado productos exquisitos. A los sabores de los quesucos y mantequillas hay que unir los asados de cordero. Su degustación es tan obligada como los típicos boronos, que es como se le llama aquí al combinado de sangre de cerdo, harina y tocino. Pero si hay algo que no debe dejar de probar bajo ningún concepto es el espectacular cocido lebaniego que utiliza pequeños garbanzos de la región. Como aperitivo le sugiero unas croquetas de jamón y de postre, evidentemente, una tarta de orujo. On egin.

2026-11-07T10:11:48+01:00
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