Verdadero o Falso

Por esto miramos el móvil incluso cuando la película nos gusta

La segunda pantalla fragmenta nuestra atención mientras las plataformas comienzan a adaptar algunas historias a un espectador que escucha, busca y responde mensajes al mismo tiempo
Cada cambio de pantalla interrumpe la atención y obliga a reconstruir una parte de la historia que ha continuado avanzando. / Elaboración propia

La película lleva veinte minutos cuando alguien pregunta quién es ese actor. Abre el buscador para comprobarlo, encuentra una entrevista, contesta un mensaje que acaba de llegar y, antes de regresar a la historia, consulta una red social casi sin darse cuenta. «Sí la estoy viendo», asegura mientras levanta la mirada hacia una escena cuyo inicio ya se ha perdido. Mirar el móvil mientras vemos una película o una serie se ha convertido en un gesto tan habitual que muchas veces ocurre sin que exista una decisión consciente de hacerlo.

No siempre recurrimos al teléfono porque la historia nos aburra. La costumbre de recibir estímulos breves, resolver cualquier curiosidad al instante o responder inmediatamente a una notificación puede hacer que mantener la atención en una sola narración resulte más difícil. Este fenómeno, conocido como segunda pantalla, también comienza a influir en la industria audiovisual: algunas producciones repiten información, verbalizan acciones o aceleran sus primeros minutos para no perder a un público que ya no solo mira, sino que escucha mientras sostiene otra pantalla entre las manos.

«Sí la estoy viendo»

Durante mucho tiempo, ver una película implicaba aceptar el ritmo que proponía la historia. Había escenas destinadas a hacer avanzar la trama y otras que construían una atmósfera, permitían observar a los personajes o simplemente dejaban espacio para el silencio. El móvil ha introducido una salida inmediata para esos momentos en los que aparentemente no sucede nada. Ya no es necesario esperar a que vuelva la acción: basta con bajar la mirada para encontrar otro estímulo.

El teléfono tampoco tiene que sonar para reclamar nuestra atención. Muchas veces lo consultamos sin haber recibido ningún aviso, como si comprobáramos de manera preventiva que no está ocurriendo algo más interesante en otro lugar. El gesto puede comenzar con una razón relacionada con la propia película —buscar el reparto, consultar dónde se rodó una escena o comprobar si está basada en hechos reales— y terminar varios minutos después en una conversación o un contenido que no guarda ninguna relación con ella.

En pareja, cuando el móvil desplaza la atención hacia quien tenemos al lado aparece incluso un término específico: phubbing Elaboración propia

Esta forma de consumo recibe el nombre de segunda pantalla o second screening: utilizar un dispositivo mientras atendemos a otro contenido principal. Sin embargo, la expresión puede resultar engañosa porque presupone que el televisor continúa ocupando el primer lugar. En algunos momentos, la película queda reducida a una voz de fondo mientras el teléfono concentra la mirada, las manos y buena parte de la atención.

La situación genera una pequeña paradoja doméstica. Podemos seguir oyendo los diálogos y reconocer a los personajes, lo que produce la sensación de no habernos perdido nada. Pero basta con que alguien formule una pregunta sobre la trama para descubrir que escuchar no siempre equivale a seguir una historia. La película continúa avanzando aunque nuestra atención se haya marchado a otra pantalla.

En el cine resistimos mejor la tentación: la oscuridad, haber pagado la entrada y la posibilidad de molestar introducen límites que no existen en casa. En una encuesta de Pew Research Center, solo el 5% consideraba aceptable utilizar el teléfono en una sala o en otros espacios silenciosos. En pareja, cuando el móvil desplaza la atención hacia quien tenemos al lado aparece incluso un término específico: phubbing, formado por phone y snubbingteléfono e ignorar—. Una revisión de estudios publicada en 2025 lo relacionó con una menor satisfacción en la relación, aunque mirar un mensaje durante una película no implica necesariamente estar ignorando al otro.

Dos pantallas, una sola atención

Nuestro cerebro puede cambiar de foco rápidamente, pero no presta atención plena a las dos pantallas simultáneamente, sino que alterna entre ellas. Cada vez que consultamos el teléfono, la narración continúa y, al regresar, necesitamos reconstruir lo ocurrido.

Los investigadores Adam Brasel y James Gips, del Boston College, observaron los movimientos oculares de varias personas ante un televisor y un ordenador. En 27 minutos y medio, cambiaron la mirada una media de 120 veces: aproximadamente una cada 14 segundos, aunque no eran conscientes de haber alternado tanto. Los diálogos y el contexto permiten mantener el argumento, pero se pierden gestos, silencios y detalles visuales.

Second screening: utilizar un dispositivo mientras atendemos a otro contenido principal. Elaboración propia

El esfuerzo aumenta cuando respondemos mensajes, leemos noticias o recorremos vídeos. Por eso, la multitarea digital consiste menos en atender dos cosas simultáneamente que en interrumpir repetidamente una para ocuparse de la otra. La segunda pantalla también puede ampliar la experiencia si sirve para buscar información o comentar el contenido; la diferencia está en si acompaña a la historia o la sustituye. A veces levantamos la vista para mirar el teléfono; otras, terminamos levantándola del teléfono para comprobar qué sigue ocurriendo en la televisión.

Series que elegimos para no ver

Hay ocasiones en las que la distracción no aparece durante el capítulo, sino antes incluso de pulsar el botón de reproducción. Elegimos una serie sabiendo que vamos a cocinar, trabajar, ordenar la casa o responder correos mientras suena de fondo. Ya no buscamos necesariamente sentarnos frente a una historia, sino llenar el silencio con voces, música y una narración que pueda acompañarnos sin reclamar toda nuestra atención.

Este uso recibe el nombre de televisión ambiental. El contenido se mueve entre el fondo y el primer plano: durante varios minutos basta con escucharlo, hasta que un diálogo, una revelación o un cambio de tono consigue que levantemos la vista. Después regresamos a la tarea que estábamos realizando. La serie no ocupa el centro de la actividad, pero tampoco desaparece por completo.

La llamada televisión ambiental acompaña tareas cotidianas como cocinar o trabajar sin reclamar toda nuestra atención. Elaboración propia

Algunos formatos se prestan mejor que otros a este consumo. Los documentales sobre crímenes, los concursos, los realities, las comedias conocidas o las ficciones con abundantes diálogos permiten reconstruir buena parte de lo sucedido solo mediante el sonido. En cambio, una película apoyada en silencios, gestos o información visual castiga mucho más cualquier ausencia. No todos los contenidos compiten de la misma manera por nuestros ojos.

Las plataformas bajo demanda han facilitado esta relación porque siempre podemos detener el capítulo, retroceder o volver a reproducirlo. Incluso aceptamos que tendremos que verlo de nuevo para enterarnos de aquello que nos hemos perdido. La paradoja es reveladora: disponemos de más series que nunca, pero algunas ya no las escogemos para mirar, sino para que nos hagan compañía mientras hacemos otra cosa.

El uso de estas historias como compañía resulta especialmente llamativo en el caso de los crímenes reales. Una encuesta británica realizada a 2.000 adultos reveló que el 49% consume documentales, dramatizaciones o pódcast del género antes de acostarse y un 15% asegura que incluso le ayudan a dormir. YouGov ha detectado, además, que el 43% de quienes escuchan pódcast de true crime lo hace antes de irse a la cama y el 35% mientras cocina. El tono constante de la narración, la estructura conocida y la distancia de observar un peligro desde un entorno seguro pueden convertir un contenido inquietante en una compañía paradójicamente previsible.

Historias para quien no siempre mira

El actor y productor Matt Damon explicó en enero de 2026 que Netflix solicita en algunas películas repetir los puntos principales de la trama «tres o cuatro veces» mediante los diálogos porque muchos espectadores utilizan el teléfono. También aseguró que la plataforma busca introducir una escena de acción durante los primeros minutos para captar su atención. Así, algunas conversaciones recuerdan lo sucedido o describen aquello que ya aparece en pantalla. La imagen deja de ser imprescindible cuando la producción asume que parte del público solo estará escuchando.

La cineasta y actriz Justine Bateman contó en 2023 que algunos responsables de series habían recibido la advertencia de que sus proyectos no eran «lo bastante aptos para una segunda pantalla». Sin embargo, no existe una norma pública de Netflix que obligue a simplificar todas sus producciones. Danny Brocklehurst, responsable de varias adaptaciones de Harlan Coben, aseguró que nunca le habían pedido escribir algo más sencillo para quienes utilizan el móvil.

El propio Ben Affleck puso como contraejemplo Adolescence, una serie construida mediante largos planos secuencia y una tensión que exige mirar. Su éxito demuestra que todavía existe espacio para historias que reclaman atención completa. La cuestión es qué obras elegirá producir una industria que ya sabe que cada historia compite contra la pantalla que el espectador sostiene en la mano.

07/08/2026