La suplantación de marcas es, dentro de las estafas cometidas a través de aplicaciones de mensajería como WhatsApp, SMS o Facebook, una de las tres formas más comunes de este tipo de prácticas y representa, a nivel mundial, el 31% de los intentos de engañar a quienes las reciben. Y si bien no existen estadísticas que permitan establecer en qué porcentaje de estos casos interviene la inteligencia artificial, lo que es evidente es que esta herramienta permite a quienes están detrás de esta práctica llevarla a cabo de una manera más creíble y eficaz y también más rápida.
Pero este fenómeno ya existía antes de la IA. En el año 2023, investigadores del centro alemán de ciberseguridad CISPA, la Universidad de Génova, la pública A&M de Texas y PayPal analizaron más de un millón de perfiles y 33 millones de publicaciones en X, Instagram, Telegram y YouTube y detectaron casi 350.000 cuentas que suplantaban a más del 92% de las marcas registradas. La diferencia está en que si, antes, quien quisiera hacerse pasar por una empresa o marca tenía que dar muchos y más laboriosos pasos, ahora la IA generativa ahorra costes y tiempo y da más credibilidad además de permitir, incluso, personalizar la supuesta oferta.
Es decir, un usuario puede ver en redes un anuncio, supuestamente de una marca conocida e importante, que ofrece un gran descuento. Ese anuncio puede conducir, si se abre, tanto a una web que imite a la de la marca como a un canal de atención directa al cliente y, por supuesto, a un método de pago. Es decir, con la ayuda de la IA, se puede cerrar el círculo del fraude. Algo que los datos corroboran: según datos de la Comisión Federal de Comercio estadounidense de 2025, los consumidores del país perdieron, en este tipo de estafas iniciadas en redes, 2.100 millones de dólares, ocho veces más de lo detectado solamente cinco años antes.
Impacto diverso
La compañía de ciberseguridad Kaspersky, conocida por muchos por servir sus antivirus para nuestros ordenadores domésticos, publicó recientemente el informe The Great Messaging Heist (El Gran Robo de la Mensajería), dedicado a analizar por primera vez el impacto económico de los fraudes cometidos a través de aplicaciones de mensajería con ayuda de la IA. Y la cuantificación asombra: en el marco de la Unión Europea, la pérdida media por víctima de una estafa de este tipo va de los 524 euros en Grecia a los 1.178 en Alemania, situándose en España en los 577 y con Francia también por encima de los 1.000 euros.
Además de la suplantación de marcas, los otros dos tipos de estafa por mensajería más comunes son las notificaciones de entrega falsas con un 38% y las falsas oportunidades de inversión en un 37%. Llama la atención, como ha comprobado también Kaspersky, que en el Estado las cifras se invierten, siendo mayor el porcentaje de casos de notificaciones falsas, un 49,2%, y dándose menos casos de estafas de inversión, un 25,6%.
Los intentos de estafa a través de apps de mensajería adoptan diferentes formas
A nivel global, un 28% de las víctimas (19,6% en España) afirma haber sido estafada al menos tres veces en los últimos seis meses. La explicación estaría en que más de la mitad de las estafas por mensajería que consiguen su objetivo se desarrollan en menos de 30 minutos desde el primer contacto hasta que el dinero o los datos personales ya están en poder de quien está tras la trampa.
Los datos muestran que un 66% de las víctimas creen que se empleó IA en la estafa que sufrieron, el 42% cita mensajes escritos por IA, el 31% cita voces generadas o clonadas con IA y el 25% se encontró con imágenes o vídeos fake.
Este trabajo de Kaspersky cita a la doctora Elizabeth Carter, lingüista forense y criminóloga de la Universidad londinense de Kingston, quien señala que los estafadores utilizan contextos familiares para crear en la víctima la ilusión de que su toma de decisiones es racional. Pero lo que ocurre en realidad es que construyen realidades falsas que son muy difícilmente identificables cuando se está inmerso en ellas en las que esas decisiones causan un perjuicio tanto económico como psicológico.
Así, el estudio concluye que una de cada diez víctimas de estas estafas no cuenta a nadie lo que ha sufrido, un 54% siente enfado, un 42% frustración y un 38% se siente alterado. Esto, a su vez, provoca que solo el 24% denuncie ante la policía y un 23% a sus bancos.