Actualizado hace 3 minutos
La televisión cada vez suena más alta, las conversaciones familiares se vuelven difíciles de seguir y, en ocasiones, parece que los demás hablan demasiado bajo o no vocalizan bien. Son situaciones que pueden atribuirse a despistes o a las consecuencias normales de cumplir años, pero también pueden esconder una pérdida de audición que pasa inadvertida durante mucho tiempo.
La pérdida auditiva es un problema frecuente entre la población de mayor edad. Según la Encuesta de Salud de 2023, publicada por el Ministerio de Sanidad, el 36,3 % de las personas mayores de 64 años declaró tener dificultades para oír. La proporción aumenta con los años: alcanza el 41 % entre los 75 y los 84 años y supera el 60 % a partir de los 85. Detectar las primeras señales resulta fundamental para buscar una valoración profesional y evitar que las dificultades para comunicarse afecten a la vida cotidiana.
La disminución progresiva de la capacidad auditiva asociada al envejecimiento se conoce como presbiacusia. Según la Confederación Española de Familias de Personas Sordas (FIAPAS), es un problema que afecta a una parte importante de las personas mayores. En muchos casos, la pérdida aparece de forma gradual, por lo que la persona puede tardar en darse cuenta de que ya no oye como antes.
Subir cada vez más el volumen de la televisión
Una de las pistas más fáciles de identificar aparece en casa. La persona necesita aumentar el volumen de la televisión o la radio para escuchar con claridad, mientras que el resto de la familia considera que el sonido está demasiado alto.
También puede tener dificultades para escuchar el teléfono o entender lo que se dice desde otra habitación. Aunque estos cambios pueden parecer pequeños, si se repiten conviene prestarles atención, sobre todo cuando antes no existían.
Señora sube el volumen de la televisión.
Pedir constantemente que repitan las frases
"¿Qué has dicho?", "no te he oído" o "habla más alto" se convierten en expresiones frecuentes. A veces, la persona entiende una parte de la frase, pero confunde palabras o pierde fragmentos de la conversación.
No siempre se trata de que no escuche ningún sonido. En muchos casos, el problema está en distinguir con claridad lo que se dice, especialmente determinados sonidos del habla. Por eso, puede oír que alguien está hablando, pero no comprender bien el mensaje.
No entender las conversaciones en grupo
Seguir una charla en una comida familiar, en una cafetería o durante una reunión puede resultar especialmente complicado. Cuando varias personas hablan al mismo tiempo, los sonidos se mezclan y cuesta identificar las palabras.
Esta dificultad es una señal característica de la pérdida auditiva. También puede costar más entender voces a cierta distancia o en espacios amplios, donde el eco dificulta la comprensión.
Abuelos juegan con sus nietos al bingo en una reunión familiar.
Pensar que los demás hablan bajo o no vocalizan
Otra señal que puede pasar desapercibida es atribuir las dificultades auditivas a la forma de hablar de los demás. La persona puede considerar que sus familiares murmuran, hablan demasiado rápido o no pronuncian bien las palabras.
También puede desenvolverse con normalidad en conversaciones tranquilas, pero tener problemas cuando hay ruido de fondo. Por eso, que alguien pueda mantener una charla en un ambiente silencioso no descarta una pérdida de audición.
Hombre conversa con otras personas con gesto de confusión.
Alejarse de las reuniones o participar menos
Cuando escuchar exige un esfuerzo constante, las conversaciones pueden acabar generando cansancio, frustración o inseguridad. Algunas personas prefieren permanecer en silencio, dejan de participar en reuniones o evitan situaciones sociales en las que les cuesta seguir el hilo.
Las dificultades auditivas pueden afectar a la comunicación y favorecer el aislamiento social. Por eso, los cambios en la participación cotidiana también merecen atención, especialmente si aparecen junto con otras señales.
Cuándo conviene consultar
Si se reconocen varios de estos indicios, lo recomendable es pedir cita con el médico de atención primaria para valorar la situación y determinar si es necesario realizar una exploración auditiva o derivar a otorrinolaringología. En Euskadi, Osakidetza contempla las dificultades para oír durante las conversaciones, al ver la televisión o al hablar por teléfono dentro de la valoración de la salud de las personas mayores.
La pérdida auditiva no debe darse por inevitable ni ignorarse por el hecho de cumplir años. Según la causa, puede haber problemas tratables, como un tapón de cerumen, o una pérdida que requiera otras medidas, como audífonos. La valoración profesional permitirá conocer el origen y las opciones adecuadas para cada persona.
Hay una excepción importante: si la audición disminuye de forma repentina, en uno o ambos oídos, hay que buscar atención médica urgente, en lugar de esperar a una cita rutinaria. Detectar las señales a tiempo puede ayudar a conservar la comunicación, la autonomía y la participación en la vida diaria.