No todos los sueños se cumplen. Desde que era pequeño, el único sueño de José Antonio ha sido ser actor...pero no hay en el mundo un actor peor que él. Todo su entorno insiste en quitarle la idea de la cabeza, pero su pasión es infinita. Ésa es la premisa de La pasión infinita, la obra que acoge este fin de semana -con sesiones desde el jueves 17 al domingo 20- el Teatro Arriaga de Bilbao.
La producción cuenta con el protagonismo de Pepón Nieto, que la define como "una comedia, pero una con arañazo en el corazón, con pellizco". En ella, el sufrimiento real del personaje conecta de manera profunda con el espectador mediante un espejo de la propia vida. Más allá del humor, la producción plantea una reflexión profunda sobre los límites de la vocación y la necesidad de conocer las propias capacidades frente a los discursos modernos de superación absoluta. Nieto rechaza el mensaje complaciente de que todo el mundo puede lograr cualquier cosa que se proponga defendiendo la importancia de ser realista: "Uno tiene que ser consciente de lo que puede, hasta dónde puede llegar y cuáles son sus límites".