Las familias perfectas no existen porque las personas somos complejas y, a veces, se transmiten patrones y creencias que pueden hacer daño. La psicóloga Marta Martínez Novoa explica en Las mañanas de Onda Vasca que esto no sucede "por falta de buenas intenciones, sino porque a veces quizás no hemos tenido las herramientas emocionales para saber cómo hacerlo", y esto da pie a que se generen dinámicas perjudiciales. Ante esta realidad, Martínez lanza un mensaje esperanzador: "Igual que se transmite el trauma, podemos transmitir la buena educación emocional".
Martínez sostiene que tenemos un "equipaje emocional heredado" de la infancia, compuesto por miedos, expectativas y patrones de comunicación que, a menudo, se confunden con la personalidad real. Para gestionar estas situaciones y evitar el desgaste, la psicóloga propone establecer una "distancia exacta saludable", que consiste en ajustar la frecuencia de las llamadas, los encuentros o incluso reunirse en espacios neutros. Llegado el caso, cabe incluso la posibilidad de interrumpir definitivamente el contacto cuando la otra parte no muestra disposición al cambio.
Establecer límites, no obstante, suele generar sentimientos de culpa debido a reacciones familiares comunes como el clásico reproche de que la persona ha cambiado. Ante esto, la autora aconseja "tolerar esa incomodidad, tolerar esa culpa y seguir manteniendo el límite", evitando ceder para no perpetuar los mismos patrones destructivos.