Crujientes por fuera, tiernas por dentro y acompañadas de una salsa con carácter. Las patatas bravas son uno de los grandes clásicos del poteo y el aperitivo. Una ración sencilla, asequible y habitual en prácticamente cualquier barra, pero también una de esas recetas en las que un pequeño error puede arruinar por completo el resultado.
Todos hemos podido encontrarnos alguna vez con unas patatas demasiado blandas, una salsa sin sabor o un plato que poco tiene que ver con lo que esperábamos cuando pedimos unas bravas. Lo que resulta mucho más difícil de imaginar es encontrarse con un plato elaborado, aparentemente, con patatas de bolsa y un poco de salsa de tomate y presentado como patatas bravas por 6 euros.
Eso es precisamente lo que ha mostrado en redes sociales Jesús Soriano, administrador de la popular cuenta Soy Camarero, que ha compartido la imagen para preguntar a sus seguidores qué harían si recibieran una ración así en un bar.
Patatas de bolsa y 6 euros por la ración
La fotografía permite ver un plato con patatas que parecen ser de bolsa acompañadas por una salsa de color rojo, mientras que el precio que figura en la publicación es de 6 euros.
La imagen no tardó en generar reacciones entre los usuarios. La publicación acumuló más de 58.000 visualizaciones, con numerosos comentarios de personas que aseguraban que no considerarían ese plato unas auténticas patatas bravas. Entre las respuestas también apareció el humor. "Se explica amablemente al camarero que no son bravas y que se lo puede llevar. Le pido la cuenta y tras comprobar que no me ha cobrado nada que no haya consumido, pago, le prendo fuego al local y elimino a toda la estirpe del propietario. Lo normal, vaya", escribió un usuario.
¿Llevan tomate las auténticas patatas bravas?
Aquí aparece una de las grandes sorpresas. La salsa brava tradicional de estilo madrileño no se caracteriza por llevar tomate.
Aunque actualmente existen numerosas versiones y cada establecimiento puede tener su propia receta, la preparación tradicional se elabora a partir de una salsa en la que tienen un papel protagonista el pimentón y el picante, junto a otros ingredientes que pueden variar según la receta. La versión clásica sin tomate obtiene precisamente de las especias buena parte de su característico color rojizo.
La salsa no es la única clave. La patata debe quedar dorada y crujiente por fuera y tierna en el interior, algo que requiere una técnica concreta.
Una de las fórmulas más habituales para conseguir esa textura es la doble fritura. Como explica Karlos Arguiñano en su receta, primero se cocina la patata a una temperatura más moderada para que quede tierna por dentro y, después, se vuelve a introducir en aceite más caliente para conseguir una superficie dorada y crujiente. El resultado es precisamente esa combinación que caracteriza al plato: una patata crujiente por fuera y suave por dentro.