Ambientada en el convulso Nueva York de 1968, Paloma Sánchez-Garnica explora los dilemas morales de una sociedad en crisis en Un hombre de honor. A través del pasado, reflexiona sobre los paralelismos con el presente, la desconfianza hacia las instituciones y el papel de la literatura para cultivar el pensamiento crítico. Asimismo, desvela cómo ha sido su experiencia como parte del jurado del Premio Planeta 2026.
'Un hombre de honor' es la nueva novela de Paloma Sánchez-Garnica.
Un hombre de honor se ambienta en Nueva York en 1968, un año de enorme agitación social y política.
El año 68 en Estados Unidos era una época de profunda transformación. Hubo mucha violencia política con el asesinato de Martin Luther King y el de Robert F. Kennedy, las protestas violentísimas contra la guerra de Vietnam, la lucha por los derechos civiles de la población negra y también la desconfianza de la población hacia las instituciones porque había también mucha corrupción.
¿Qué paralelismos encuentra entre ese entonces que “parecía romperse” y el mundo actual?
En la actualidad hay muchos paralelismos, por desgracia. Muchas cuestiones de candente actualidad nos podíamos plantear en el año 68 en Estados Unidos, en España y en el mundo occidental. Y son: “¿Quién tiene el poder? ¿Quién controla la información?, pues es muy importante la libertad de prensa. ¿Qué límites tiene el Estado? ¿Qué consecuencias tiene la corrupción?”. La corrupción sigue existiendo y se mantiene. Y, sobre todo, algo que tiene un paralelismo clarísimo es la desconfianza de la sociedad hacia las instituciones, la desafección, el hastío hacia la política... Cuando la política es la que nos es necesaria, porque es la que nos ordena como sociedad en una democracia. Y si le damos la espalda dejamos un terreno vacío que puede ser muy peligroso, porque puede ser ocupado por los salvadores de la patria, que siempre han existido y siguen existiendo.
¿Busca hacernos reflexionar sobre la salud actual de nuestras democracias al tratar estos temas?
Siempre que escribo del pasado, igual que cuando leo, trato de entender los errores que se cometieron y cómo gestionaron seres humanos -gente corriente- sus vidas, relaciones personales, capacidad de actuar o de decidir y dilemas morales en un ambiente que siempre les condiciona. A través de esta ventana, que es la literatura, se puede entender muy bien qué clase de sociedad hemos llegado a ser, ¿no? Al final, leer puede considerarse un acto revolucionario para conseguir una sociedad con un pensamiento crítico.
¿Es en este tipo de situaciones límite cuando aflora la verdadera identidad de las personas?
Totalmente, lo bueno y lo malo de la gente surge y aflora en el momento en el que se ven en una situación límite y tienen que elegir entre traicionar a lo que más quieren o traicionarse a sí mismos. Nunca se es totalmente héroe o traidor, puedes ser un traidor por la mañana y luego por la tarde un absoluto héroe. Depende de las circunstancias y los momentos.
Ganó el Premio Planeta 2024 con Victoria, fue finalista en 2021 con Últimos días en Berlín y ahora ha formado parte del jurado para la edición de 2026. ¿Qué diferencias ha experimentado?
Es una experiencia en la que leer los manuscritos de los finalistas es una responsabilidad y un honor. Es una sensación en la que se vive toda esa fiesta desde un punto de vista muy diferente. Para mí es un privilegio estar donde estoy. Hemos ido de novatos Javier Sierra y yo, con mucha ilusión, ganas de disfrutarlo y también con nervios.
Tras una trayectoria tan amplia, ¿hay algo que ahora se atreva a hacer en sus novelas que no se habría permitido cuando empezó a escribir?
No, el proceso de escritura no siempre es el mismo. Me tiene que fascinar y apasionar, porque me lo tomo como un proyecto de vida, como mi manera de encontrar mi lugar en el mundo. No cambiaría nada de lo que he hecho antes, porque lo hecho, hecho está. Lo que sí tengo claro es que esto es un oficio y voy aprendiendo a medida que voy haciendo novelas y viviendo más, teniendo más experiencias, recuerdos, memorias..., todo eso se vuelca en los nuevos trabajos, como la nueva novela en la que voy a empezar dentro de unos meses. No me pongo límites. A la hora de la escritura, mi único límite es no dejar de escribir.
Si alguien leyera su obra completa, de principio a fin, ¿con qué le gustaría que se quedara?
Me gustaría que tuvieran la misma sensación que tengo yo cuando leo una buena novela. La de haberme enriquecido como persona -como ser humano- con esa lectura, y de haber crecido en mis conocimientos y manera de relacionarme con el mundo. Sobre todo, tener la sensación de que todo el tiempo invertido ha merecido la pena por eso mismo, por lo que supone de bueno en mi vida la lectura.
Usted suele utilizar los territorios heridos como escenarios para sus obras y, ya que tiene en mente su próxima novela, ¿puede darnos alguna pista de lo que se pueden esperar sus lectores?
No, todavía no hay pistas porque mi vida se ha volcado absolutamente en Un hombre de honor. No me cabe la posibilidad de pensar en otra cosa más, además con la lectura de los manuscritos... Necesito tranquilidad, sosiego..., y eso vendrá seguramente a principios de año. Ya empezaremos a pensar, ahora toca lo que toca. Luego ya vendrá, ya llegará el momento.