Después de 37 años al frente de la emblemática zapatería Ortega y Olazabal, en el número 1 de Serapio Múgica en Irun, sus propietarias disfrutan de la tranquilidad tras la merecida jubilación. Belén Ortega y Make Olazábal, aunque con cierta nostalgia, disfrutan de su retiro y viven una magnífica etapa tras toda una vida dedicada al trabajo. Una época con momentos bonitos, no cabe duda, pero “la jubilación es fantástica, el tiempo vuela” afirma Make, algo que corrobora Belén: "hemos aprendido a perder el tiempo, y si queda algo para mañana, pues queda para mañana. "Y nos lo hemos pasado muy bien, pero esto es otro nivel", sentencia Make con humor.
Detrás esconden un legado de 37 años. Tras casi cuatro décadas "había llegado el momento de descansar" y de "dedicarnos un poco a nuestra familia", afirma Make. “Y el trato con el cliente seguía siendo bueno”, comenta Belén, porque "la edad te quita paciencia para ciertas cosas, pero a la vez te da otra calma para empatizar más". Pero llegó el momento de bajar la persiana. Desde luego, se les ve contentas en esta nueva etapa.
Incontables anécdotas
Las anécdotas ocurridas en la tienda darían para hacer un libro, al fin y al cabo casi cuatro décadas dan para mucho. Belén recuerda una de ellas, que tuvo lugar "un sábado de muchísimo trabajo", cuando prestó una sandalia a una clienta para enseñarla en otra tienda, pero en plena vorágine incluso la señora se descolocó y se fue con un pie descalzo al otro establecimiento. Belén tiene grabado el momento en el que la vio volver a Ortega y Olazabal "con una sandalia de tacón en un pie, y con su zapato plano en el otro".
Make incluso recuerda las palabras de la clienta: “nos dijo que encima había ido por el Paseo Colón, y tuvo que volver a la tienda con dos zapatos tan distintos y de diferente medida”. Al final tuvo final feliz, todas acabaron riendo tras lo ocurrido.
Clientes reconocibles
Más allá de anécdotas, también han sido numerosos los clientes reconocibles que han pasado por la tienda. Un ejemplo es Amaia Montero, la cantante de La Oreja De Van Gogh. Make también recuerda como era habitual en la tienda un “ex portero del Athletic", cuyo nombre no recuerdan porque no son excesivamente futboleras. La sensación de ambas es que estaba cómodo en el anonimato, en no ser tratado como una persona especial. Sin embargo, dejó de ir a la tienda cuando un representante de calzado lo reconoció y se puso a hablar con él de fútbol. "Nos lo estropeó, se le vio al chico incómodo", coincide Belén.
Un punto de encuentro
En el recuerdo, queda el estrecho vínculo logrado con sus clientes. "Eran una familia para nosotros", subraya Belén, quien afirma con cierta emoción que "les hemos visto tener hijos, y que estos a su vez también los tuvieran”. Ese afecto común fue manifiesto en el último día al frente de la tienda, cuando la gente que durante tantos años había confiado en ellas en lo profesional, decidió darles, describe Make, “la mejor despedida que se nos podía brindar, la recompensa a toda una vida". De hecho, confiesa que estuvo "todo el día con la lágrima puesta de emoción". Belén, por su parte, permaneció "15 días bloqueada, porque no podía acabar de asimilar un sentimiento tan grande de gratitud". El local fue, en palabras de Make, "un punto de encuentro". Cuando las cosas se hacen bien, y con cariño, muchas veces se recompensa con afecto.
No obstante, y a pesar de que los buenos momentos superan a los negativos, no todo ha sido un camino de rosas, también ha habido que remar en épocas complicadas. Por ejemplo, Belén rememora amargamente "la crisis del 2008, que fue terrible". Venían de disfrutar una "tendencia positiva", pero en septiembre "llegó ese frenazo en seco" donde "todo el mundo a nuestro alrededor se empezó a quedar en el paro". Make corrobora que "aquello fue horroroso". Además, sortearon otras situaciones como, enumera Make, “el cierre de la aduana, el cierre de fábricas, la apertura de centros comerciales o incluso la llegada del euro". A pesar de estas problemáticas, los últimos 15 años lograron una siempre agradecida estabilidad.
Un sector en declive en la ciudad
Pocas personas habrá en Irun, y en la comarca del Bidasoa, para analizar la situación del sector en la zona. Belén lamenta que "se van acabando las zapaterías, quedan ya pocas". Señala que internet "afecta sobre todo por la gente joven", pero no así con otro tipo de público, o al menos esa ha sido su sensación, atendiendo a lo que denomina como "un público más exigente y que quiere más calidad". Make señala que sus clientas, haciendo hincapié en el público femenino, "valoraban el calzado no como un producto de moda, sino como un producto de salud". Belén, además, tiene claro que este "sería el momento ideal" para abrir un nuevo local de este tipo. Queda dicho.
Más allá del gremio en el que tienen un mayor dominio, ambas ser muestran críticas con la situación del comercio en Irun. La ciudad "ha perdido mucho desde que el Ayuntamiento de Irún reordenó el orden del tráfico del Paseo Colón”, afirma Belén, a la vez que Make detalla la cantidad de clientes que llegaban desde otras localidades como Donostia o Errenteria, y también de territorio navarro. De hecho, explican que Serapio Múgica, en la mencionada Errenteria, era conocida como la calle de las zapaterías.
"Ciudad de servicios"
"Irún ha sido siempre una ciudad de servicios”, dice Belén, “y el Ayuntamiento la quiso transformar en una ciudad turismo”. Make recuerda cuando "los sábados había caravanas de gente" entrando a hacer compras al municipio. De hecho, Belén recuerda la frustración de un "cliente navarro" que tras dificultades para aparcar les contó que desde entonces iría a hacer las compras a Garbera. Ambas coinciden a la hora de afirmar que es “incómodo” acudir a Irun a hacer compras al "quitar aparcamientos” para “hacer unas calles semipeatonales que ni son bonitas".
Sin embargo, no dudan al animar a abrir un negocio de este tipo a nuevos emprendedores. Make lo tiene muy claro: "Es el momento ideal en Irun para poner un negocio, porque los buenos negocios o han cerrado o van a cerrar". Además, reivindica el comercio local destacando que "los locales en Irun no han estado nunca más baratos que ahora". Eso sí, deja claro a quien apueste por ello que debe ser "un comercio serio", cimentado, según añade Belén, en cuidar aspectos como "la limpieza, que sea agradable de cara al público y que invite a entrar". Ambas lo dicen con la experiencia de haber regentado un comercio, pero también lo piden ahora como clientas, porque “la gente de Irun estamos deseando comprar en nuestra ciudad, no queremos irnos fuera".
Durante 37 años, incontables clientes han apostado por Ortega y Olazabal. Por el comercio local. Por Belén y por Make.