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Nora Rubí: “Es muy común que exista culpa: Yo me he salvado y mis compañeros han fallecido”

Recuperar un objeto de un familiar fallecido, a falta de sus restos mortales, supone “tomar contacto con la realidad y facilita poder asumir esa situación”
Nora Rubí, psicóloga experta en emergencias y catástrofes

Ha intervenido tras el derrumbamiento de Zaldibar y en búsquedas de barcos que jamás regresaron. “Cuando no hay cuerpo el duelo es más difícil”, afirma Nora Rubí, miembro del Grupo de intervención psicológica en emergencias y catástrofes del Colegio Oficial de Psicología de Bizkaia.

Intervino tras el derrumbamiento de Zaldibar. ¿Le vino a la cabeza al enterarse del alud en la Patagonia?

—No, pero tiene similitudes. Es un derrumbamiento y se sabe que los cuerpos están ahí, pero va a ser imposible recuperarlos. Hay que presuponer que han fallecido, pero siempre queda esa esperanza: ¿Y si han sobrevivido de manera milagrosa?

Un alud sepulta a una hija o un hijo. ¿Cómo se lo diría a los padres?

—De manera directa y clara y ciñéndome a los hechos objetivos, sin dar falsas expectativas.

¿Cuál es la reacción más habitual?

—Depende de cada persona, pero puede pasar de la incredulidad a la aceptación, a llorar desconsoladamente... La negación es habitual.

Que suceda a miles de kilómetros y en una cumbre, sin posibilidad de acudir al lugar, ¿añade dolor?

—Puede que una persona diga que han muerto haciendo lo que más les gustaba y eso puede servir de consuelo de alguna manera y puede haber personas para las que sea lo contrario, encima no puedo tener acceso al cuerpo de mi hijo o mi hija.

¿Cómo suelen pasar los familiares las primeras horas tras el suceso?

—Cuando hay un fallecimiento y tienes cerca a la persona, tienes un velatorio, es más sencillo asimilar la pérdida. Cuando no lo ves y ni siquiera hay una confirmación, esto se complica y suelen ser unas horas de mucho sufrimiento, en las que es importante contar con un apoyo.

¿Cómo acompañar a la familia?

—Se trata de estar ahí, dispuesta a escuchar y a atender sus necesidades, no negar lo que estén sintiendo y dejar que se expresen. Si tienen rabia o tristeza, que la suelten.

Mientras se mantiene la búsqueda ¿se mantiene la esperanza?

—Hasta que no se tiene una confirmación al cien por cien esa esperanza suele estar. Por eso es más difícil el duelo cuando no hay un cuerpo. Cuando no tienes la certeza de que ya no es reversible ¿cómo vas a asumir que tu hijo o hija no va a volver?

Cuando lo dan por fallecido o cesa la búsqueda ¿cómo lo reciben?

—Muy mal, en general, por la sensación de injusticia. Pasan de agarrarse a quizás hay una oportunidad a tener que perder toda la esperanza porque si nadie va a seguir buscándoles, no van a aparecer. Se puede llegar a culpabilizar a otras personas.

Recuperar el cuerpo será, entonces, su máxima prioridad...

—Hay quien le da más importancia y quien menos, pero suele serlo.

¿Cómo ayudarles a elaborar ese duelo sin los restos mortales?

—La recomendación sería que hagan algo simbólico que para ellos pueda ser importante y representativo, algún tipo de rito, un gesto, una reunión, una carta... Un acto de despedida que ayude a cerrar ese ciclo que queda interrumpido abruptamente.

¿Ayudaría poder recuperar algún objeto personal del familiar?

—Sí, porque al final no deja de ser una toma de contacto con la realidad que ha ocurrido y algo que facilita el poder asumir esa situación.

¿Qué secuelas suelen dejar estos hechos traumáticos en las familias?

—Hay muchos factores que influyen, no solo que haya sido un accidente, sino también que sean jóvenes, que es más difícil de asimilar. Todo suceso inesperado puede derivar a largo plazo en un duelo patológico.

¿Pueden desarrollar estrés postraumático o depresión si no se ponen en manos de profesionales?

—No todos necesitan esa atención, pero que haya esa intervención reduce en un porcentaje muy elevado que se puedan dar secuelas a posteriori.

Les ayudan a entender sus emociones y les dan pautas para los próximos meses. ¿En qué consisten?

—El duelo tiene unas fases claras, pero muchas veces no se pasan en orden. Que la persona sepa que puede pasar por momentos de ira, de tristeza extrema o de incredulidad puede ayudar. También que sepa que si, pasados unos meses, sigue experimentado de una manera muy vívida esas emociones y esa pérdida le inunda en el día a día es importante que busque ayuda porque ese duelo se está enquistando y conviene realizar una terapia a medio plazo.

En cuanto al montañero superviviente ¿por qué fases podría pasar?

—Es muy común que exista sentimiento de culpa: Jo, yo me he salvado y mis compañeros han fallecido. Podía haber hecho algo... Este tipo de pensamientos son normales, pero pueden llegar a ser muy dañinos. Un accidente es algo que nadie puede prever y las personas reaccionamos lo mejor que podemos. La culpa tiene su función y hay que respetarla, pero sin dejar que nos inunde.

Debe causar impotencia saber que están ahí y no poder hacer nada.

—Tiene que causar mucha impotencia, rabia, sentimiento de injusticia... Todo eso te genera un enfado y tristeza, aunque la persona también puede sentirse agradecida a la vida por haberse salvado.

25/01/2023