Actualizado hace 1 minuto
Joxemari Oiartzabal el próximo 19 de junio será el encargado de leer el pregón y de lanzar el txupinazo de inicio de las fiestas patronales de Andoain.
¿Qué significa para usted este reconocimiento que está a punto de recibir en Andoain?
Es, ante todo, un honor y una profunda emoción. Llega en el momento justo. He estado en otras ocasiones cerca de este reconocimiento, igualando puntos con figuras como Juanjo Arregi, de Axeri Dantza, pero siempre entendí que era el turno de otros. Esta vez, la elección estaba entre la comparsa de gigantes y cabezudos y un servidor. Como ellos ya lanzaron el txupinazo en las fiestas de Santa Cruz, decidieron que este año me correspondía a mí. De lo contrario, me habría quedado de nuevo en el tintero.
¿Tiene ya elaborado el pregón para la ceremonia?
Sí, mantendré la estructura clásica: un saludo a las autoridades y a los vecinos, y un recuerdo muy especial para un familiar cercano, mi hermana, que falleció hace apenas una semana.
¿Qué significan para usted las fiestas de San Juan?
El pueblo de Andoain siempre te llama; es la tierra de mis antepasados. Recuerdo que hace setenta años, con apenas diez de edad, ya estaba yo en el balcón del ayuntamiento vestido de dantzari, acompañando con la pandereta a un acordeonista llamado Ibarguren. Son vivencias que te marcan. Aunque nací en el barrio de Leizaur y soy más cercano a las fiestas de Santa Cruz, los sanjuanes siempre han sido las fiestas grandes. En ellas me ha tocado hacer de todo: tocar en la banda, actuar como solista, participar en orquestinas y, actualmente, seguir activo con la txaranga Gora Kaletxiki.
“ He compuesto himnos para muchísimas sociedades del pueblo, porque quería que en ellas apareciera nuestra esencia: el baile y la fiesta ”
¿Qué importancia tiene la música en la construcción de la identidad de un pueblo?
Una importancia capital. En mi caso, la música fue algo que viví en casa desde muy pequeño; mi padre era acordeonista y trompetista. Empecé con el solfeo a los cinco años. Mi formación estuvo ligada a la iglesia, a los cantos litúrgicos, y posteriormente al colegio La Salle. Esa vinculación constante te lleva a la banda, a formar orquestinas y a recorrer todas salas de fiestas. La música no es solo arte, es el tejido que une a la comunidad.
Su nombre está asociado a numerosas composiciones fundamentales para Andoain.
Por ejemplo, he participado en el volumen Egiña eta entzuna, que se realizó para conmemorar el 400º aniversario del pueblo. Ahí se recoge gran parte del historial musical de la localidad. En muchos de estos proyectos he colaborado estrechamente con Joxe Ramon Berrondo. Somos vecinos en Leizaur y casi hermanos. Él tiene una facilidad asombrosa como letrista y bertsolari y yo le entrego la música.
A lo largo de su carrera ha sido ejecutante, arreglista y compositor. ¿Dónde se siente más cómodo?
Al principio, mi ilusión era ser ejecutante. Mi instrumento principal es la trompeta, pero al ser un instrumento monódico, sentí la necesidad de explorar la armonía y los instrumentos polifónicos. Así llegué a la guitarra y al piano. Eso me permitió empezar a escribir y trasladar mis sensaciones a la partitura. En cuanto a los arreglos, es un trabajo de entender los colores de cada instrumento: el clarinete, la flauta, el trombón... Hay que conocer sus tesituras para que el conjunto suene armónico y no exigirle al músico imposibles. Se trata de ordenar la familia instrumental.
“ El archivo que cedí en 2013 al pueblo de Andoain es el resumen de toda una vida de trabajo, desde arreglos hasta composiciones ”
En 2013 decidió ceder todo su archivo musical al pueblo de Andoain. ¿Qué le motivó a tomar esa decisión?
Ese archivo es el resumen de toda una vida de trabajo: desde los arreglos para los Caldereros hasta las marchas de San Sebastián. He instrumentado para banda muchas obras que Raimundo Sarriegi escribió originalmente para piano. Andoain es mi vida, mi río Oria y mis montes. He compuesto himnos para muchísimaas sociedades del pueblo porque quería que en ellos apareciera nuestra esencia: el baile, la fiesta y, por supuesto, San Juan.
Andoain cuenta con una vida cultural muy activa. ¿Cómo valora la evolución de la escena musical local?
Ha crecido muchísimo, especialmente desde la creación de la Musika Eskola enAndoain que permite que los niños empiecen desde muy temprano y que, al llegar a la adolescencia, ya tengan sus propios grupos. Sin embargo, existe un problema estructural: la música requiere una dedicación absoluta. Muchos estudian hasta ir a la universidad, pero se encuentran sin salidas profesionales claras. Las plazas en orquestas sinfónicas son escasas y muy competitivas, con músicos que vienen de toda Europa. Al final, la mayoría se queda en la afición, cubriendo musicalmente las fiestas patronales a través de txarangas o bandas. Es difícil vivir exclusivamente de la música.
Para finalizar, ¿cómo le gustaría ser recordado por las nuevas generaciones?
Más que ser recordado, lo que desearía es que alguien recoja ese impulso y siga adelante. El trabajo en la música no tiene fin; requiere una constancia absoluta. Ese sería mi mejor legado: que la música no pare.