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49 años, diez meses y catorce días. Todo ese tiempo ha permanecido abierto, en distintos emplazamientos, uno de los comercios más emblemáticos de Irun: Leire Sport. Se podría decir, con escaso margen de error, que prácticamente todo irundarra ha comprado unas zapatillas u otros productos deportivos en esta tienda, ya sea en la calle Estación, en la avenida Iparralde o, como hasta ahora, en el centro comercial Mendibil. Sin embargo, se suele decir que todo lo que empieza termina, y este jueves el reconocido negocio familiar ha bajado definitivamente la persiana.
Una mezcla de emociones
El último día es una mezcla de emociones para todos que se palpa nada más cruzar la puerta. “Está siendo muy duro, especialmente hoy”, confiesa Leire Martínez, propietaria junto a su hermano Felipe del negocio que heredaron de sus padres en 1992. No es plato de buen gusto, pero “el mercado nos lleva a cerrar” explica Felipe, porque “desde hace tiempo veíamos que se complicaba la cosa, sobre todo la relación con los proveedores, que son nuestro primer competidor, y contra él yo no puedo pelear”.
El copropietario detalla que llevaban ocho años viendo cómo la situación se iba complicando, por lo que decidieron “cerrar en condiciones, saneados dentro de lo que podamos y afrontando lo que se nos viene". Siempre priorizando un trato cercano con sus empleados y también con sus clientes, porque “nos ha gustado siempre mucho lo que hacemos: el trato con la gente, y aconsejar” cuenta Leire, “pero la situación actual ha obligado a tomar esta decisión”.
Cartel puesto tras el cierre definitivo de Leire Sport
Nostalgia y recuerdos
Son jornadas de mucha nostalgia en las que los propios clientes se acercan a la tienda con infinidad de recuerdos. “Te visitan clientes, te dan abrazos, y te agradecen el trato durante estos años”, cuenta emocionada Leire. Pero no acude solo gente de Irun; desde el anuncio del cierre se han acercado al establecimiento personas de fuera. “Gente de Toulouse, de Barcelona, de Madrid, que vienen de forma regular y se encuentran con la noticia”, un público que “tacha la tienda de referente”. “Salir bien es lo importante”, sentencia. También, por supuesto, llegan compradores irundarras con “recuerdos que tienen clientes y clientas de la calle Estación, con la ama”, algo que emociona a la propia Leire “porque de eso no me acuerdo mucho, yo era más pequeña, pero aprendes cosas y es muy bonito”.
Valor al grupo humano
Durante la conversación, ambos recalcan el buen hacer de sus empleadas, un grupo humano del que tanto Leire como Felipe hablan maravillas. “Si llevamos 50 años yo quiero insistir que es gracias al personal que hemos tenido”, afirma la propietaria, y añade que “si hemos estado hasta hoy aquí ha sido gracias a ellas”. Esto lo corrobora Felipe, insistiendo en que “las empresas la hacen sus empleados, porque puedes acertar en tomas de decisiones, pero al final el día a día te lo sacan los que están al frente”.
Leire añade que “venir a trabajar con un buen ambiente es superagradable, y tengo que reconocer que hemos tenido muchísima suerte con la familia que hemos creado aquí en el trabajo”. Por esa buena reputación, algunos comercios ya han preguntado por el futuro de la plantilla. Y por ese agradecimiento, ambos propietarios insisten en que la fotografía sea con todas y cada una de las empleadas. No se puede negar ese respetuoso deseo.
Ilustres clientes
Echando la vista atrás, y prácticamente a modo de homenaje, Felipe recuerda cuando su madre “se organizó para traer de Polonia unas zapatillas de balonmano que dejó de hacer Adidas, pero que allí aún hacían”, simplemente porque las querían los jugadores del Bidasoa. “¡No sé cómo lo hizo! Ese tipo de anécdotas son las que nos están contando y recordando estos días”. Rememoran también que por sus probadores han pasado personajes ilustres como la cantante Amaia Montero o la periodista Lourdes Maldonado, además de figuras emblemáticas del deporte como Txema Olazabal, “una persona muy sencilla, que no quería dar problemas, le ibas a buscar otro color de zapatilla y te decía que no hacía falta, que valía con esa”, reseña Felipe.
Se cierra así una etapa en la que “hemos trabajado mucho”, afirma Felipe, porque “es lo que nos han enseñado los aitas”, recalcando en todo momento que “ha sido una labor de equipo”. Además, sí han notado, como subraya Leire, “el cariño que nos está dando la gente”. Y por esa parte, a pesar de la profunda pena por el adiós, se despiden con un punto de alegría. “Tampoco lo habremos hecho tan mal”, reflexiona Leire, “la ama estará contenta desde ahí arriba”.
Como rezaba el cartel de la puerta tras echar el cierre: Eskerrik asko, eta betirako.