Cuando llega el frío, encender la calefacción parece la solución más sencilla para conseguir que la casa resulte acogedora. Sin embargo, hay ocasiones en las que pasan los minutos y las habitaciones siguen frías, mientras el consumo energético aumenta. La causa no siempre está en la potencia del sistema de calefacción: algunos errores cotidianos pueden dificultar que el calor se distribuya correctamente y favorecer que se pierda con rapidez. Revisar ciertos hábitos permite mejorar el confort sin necesidad de subir constantemente el termostato.
1. Colocar muebles o cortinas delante de los radiadores
Uno de los errores más habituales consiste en bloquear la salida del calor. Un sofá pegado al radiador, un mueble voluminoso o unas cortinas largas que lo cubren pueden dificultar la circulación del aire caliente por la habitación. Como consecuencia, el calor no se reparte de manera tan eficiente.
Para evitarlo, conviene dejar espacio libre alrededor de los radiadores y procurar que las cortinas no los tapen. También es recomendable no utilizar su superficie como tendedero habitual, ya que la ropa puede obstaculizar la difusión del calor.
Cortinas largas que cubren el radiador.
2. Subir demasiado el termostato
Cuando la vivienda está fría, es frecuente poner el termostato a una temperatura muy elevada pensando que así las habitaciones se calentarán antes. Sin embargo, seleccionar una temperatura más alta no hace que la calefacción caliente más rápido por sí sola: el tiempo necesario dependerá del sistema, de la temperatura inicial y de las características de la casa.
Lo mejor es mantener el termostato a una temperatura estable y adaptada a las necesidades de la vivienda, en lugar de subirlo al máximo pensando que así las habitaciones se calentarán antes. Como referencia, el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) recomienda entre 19 y 21 grados durante el día en invierno. Cada grado adicional puede aumentar el consumo energético, por lo que ajustar la calefacción ayuda a controlar el gasto.
Termostato.
3. Ventilar durante demasiado tiempo
Renovar el aire de la vivienda es necesario, pero dejar las ventanas abiertas durante largos periodos en invierno provoca que se pierda parte del calor acumulado. Después, la calefacción tendrá que trabajar para recuperar la temperatura.
La alternativa es ventilar durante unos diez minutos, preferiblemente abriendo las ventanas de varias estancias para favorecer una renovación rápida del aire. Siempre que sea posible, conviene hacerlo en las horas menos frías y evitar mantener las ventanas entreabiertas durante toda la mañana.
Ventilar la casa.
4. No revisar las ventanas y las puertas
Por mucho que funcione la calefacción, las corrientes de aire pueden hacer que una habitación resulte fría. Las juntas deterioradas, los cierres que no ajustan bien o las rendijas bajo las puertas favorecen las infiltraciones de aire exterior.
Una comprobación sencilla consiste en revisar los marcos de las ventanas, los burletes y los puntos por los que pueda entrar aire. Colocar burletes adecuados o renovar los que estén desgastados puede ayudar a mejorar la estanqueidad. También es útil bajar las persianas al anochecer, ya que contribuyen a reducir las pérdidas de calor a través de las ventanas.
5. Encender la calefacción sin purgar los radiadores
Si algunos radiadores calientan de manera irregular, por ejemplo, si la parte superior permanece fría mientras la inferior está caliente, puede haber aire acumulado en su interior. Esto dificulta la circulación del agua y reduce el rendimiento del radiador.
En los sistemas que lo requieren, purgar los radiadores antes de la temporada de frío ayuda a eliminar ese aire y a recuperar un funcionamiento adecuado. Conviene seguir las instrucciones del fabricante y, si el problema persiste, consultar con un profesional para comprobar la instalación y la presión del circuito.
Purgar los radiadores.
6. No aprovechar el calor del sol
Durante el invierno, las horas de luz también pueden ayudar a mantener una temperatura agradable dentro de casa. Mantener las persianas bajadas durante todo el día impide aprovechar parte de la radiación solar que entra por las ventanas.
Lo aconsejable es subir las persianas cuando dé el sol directamente y bajarlas al atardecer para reducir las pérdidas térmicas. Este gesto es sencillo, no cuesta dinero y puede contribuir a conservar mejor el calor acumulado.
Luz solar que entra por la ventana.
7. Calentar habitaciones que no se utilizan
Mantener todas las estancias a la misma temperatura, aunque algunas apenas se usen, puede aumentar el consumo innecesariamente. Una mejor estrategia es adaptar la calefacción al uso real de cada habitación, sin dejar que las zonas frías afecten al confort del resto de la vivienda.
Cerrar las puertas de las habitaciones que no se utilizan puede ayudar a delimitar las zonas calefactadas, siempre que no se comprometa la ventilación necesaria. En cualquier caso, conviene evitar que las estancias alcancen temperaturas excesivamente bajas, especialmente si existe riesgo de humedad o condensación.
En definitiva, antes de subir la calefacción, merece la pena revisar cómo se distribuye el calor y por dónde puede escaparse. Corregir estos hábitos, mantener la instalación en buen estado y ajustar la temperatura a las necesidades reales de la vivienda puede mejorar el confort durante los meses fríos y ayudar a controlar la factura energética.