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León XIV se convirtió este miércoles en el primer Papa en cruzar los muros de un centro penitenciario español. El pontífice se reunió con un grupo de ochenta presos en la cárcel de Brians 1, en la localidad barcelonesa de Sant Esteve Sesrovires. A todos ellos les quiso llevar un mensaje de esperanza, trasladándoles que “el pasado no condena el futuro, sino que ofrece la posibilidad de cambiar nuestras decisiones”.
Durante su visita al Estado español, el Papa ha ofrecido especial atención a los colectivos más vulnerables. Lo ha hecho durante sus discursos, con gestos o directamente en actos como la visita del pasado sábado a un proyecto de Cáritas Diocesana en Madrid. Y es por eso que la jornada de este miércoles no iba a ser menos.
La imagen del pontífice atravesando las puertas del complejo penitenciario más grande de Catalunya ya dejaba intuir que el acto estaría cargado de simbolismo. A su llegada, poco antes de las once de la mañana, le esperaban el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska; el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; el conseller de Justicia, Ramon Espadaler; la alcaldesa de Sant Esteve Sesrovires, Roser Brosed, y el obispo de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez, entre otros. Sin embargo, una vez dentro de la prisión, el protocolo quedó en segundo plano y la emoción tomó el relevo.
Las internas recibieron al Papa con la canción “Ayúdame a caminar” y, durante la ceremonia, también interpretaron “El Virolai”, el himno dedicado a la Virgen de Montserrat. Fue el preludio de un encuentro marcado por los testimonios personales, los abrazos y un mensaje que León XIV no dudó en repetir una y otra vez: siempre es posible volver a empezar.
"Aunque el agobio y la tristeza marquen algunos momentos de vuestro camino, recordad que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona", dijo Robert Prevost ante los reclusos y reclusas procedentes de los centros de Brians 1, Brians 2 y Wad Ras. “Cuando os venga la tentación de sentiros menos o penséis que no vale la pena seguir adelante, alzad vuestra mirada hacia aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y cercanía”, afirmó el Papa en un mensaje directo a quienes cumplen condena.
"En la prisión no estoy sola"
Así, en la sala de actos de Brians 1 escuchó los testimonios de Josefina y Montse, dos reclusas que relataron cómo han recuperado la fe en la cárcel. “En la prisión no estoy sola, Jesús me da fuerza”, explicó la primera de ellas. Josefina recordó su vinculación con la Iglesia desde la infancia y confesó que hubo etapas en las que esa relación se tambaleó, especialmente cuando su hijo sufrió un grave accidente. “No entendía por qué pasó esa desgracia, pero en medio de ello sigo pensando que no quiero pedirle explicaciones", confesó la mujer.
Acto seguido llegó el turno de Montserrat —Montse para sus compañeras—. Expresó su alegría por la presencia del pontífice en un lugar donde a menudo las presas se sienten "olvidadas", y explicó que volvió a acercarse a Dios tras haber sufrido mucho con la muerte de su hijo. “Perdí la fe porque no entendía por qué Dios se lo había llevado”, confesó. Sin embargo, explicó que durante su estancia en prisión ha recuperado poco a poco la espiritualidad y una nueva manera de relacionarse con la religión: “Gracias a la fe soy mejor persona”.
La interna indicó además que Dios le ha regalado la posibilidad de dormir tras una temporada de insomnio, ya que después de abrazar a una cruz le pidió que la ayudase y fue capaz de dormir diez horas seguidas. "Quiero dar gracias al Señor por todo lo que ha hecho por mí. Espero reencontrarme con mi hijo en el cielo", expresó Montserrat visiblemente emocionada.
León XIV respondió a las dos internas con un gesto tan sencillo y significativo como un abrazo. Y tras escucharlas destacó que la mirada de Dios "es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda cómo su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho".
La voluntaria de la Pastoral Penitenciaria, Berta Rodríguez Collado, que estuvo presente en el acto, señaló que internos, personal penitenciario y voluntarios vivieron la visita con gran entusiasmo. Visiblemente emocionada, la voluntaria manifestó que el pontífice desprende "paz y tranquilidad", que es próximo y que tiene una mirada penetrante que transmite calma.
Viaje en helicóptero hasta Montserrat
Tras su paso por Brians, León XIV emprendió viaje en helicóptero hacia Montserrat, uno de los grandes símbolos espirituales y culturales de Catalunya. Allí se encomendó a la Virgen de Montserrat, la popular Moreneta, patrona catalana, y pidió cultivar el amor y el respeto en tiempos marcados por la polarización.
“Estoy contento de poder venir a los pies de la Moreneta para encomendarle, lleno de confianza en su intercesión maternal, mi servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz”, dijo en catalán durante el rezo del rosario.
Desde el balcón del monasterio saludó a los fieles congregados y agradeció a Catalunya su contribución a la acogida e integración de personas llegadas de otros países en “una única familia”.