Los problemas de salud mental se han convertido en los últimos cinco años en una prioridad sanitaria de primer orden en Euskadi. Según un informe de EITB Data, el número de personas atendidas en consultas de psiquiatría de la CAV prácticamente se ha duplicado en apenas cinco años: de los 58.100 pacientes registrados en 2019 se ha pasado a 109.400 en 2024, con un aceleración especialmente pronunciada a raíz de la pandemia del COVID-19.
Este incremento refleja, además de un empeoramiento palpable del malestar psicológico de la ciudadanía vasca, una mayor concienciación social que lleva a un número creciente de ciudadanos a buscar atención especializada sobre un tema que ha dejado de ser un estigma. De hecho, el porcentaje de población que reconoce haber sufrido síntomas de ansiedad o depresión a lo largo del último año se situó en el 22,1% en 2023 (un 22,4% declara necesitar ayuda profesional), frente al 13% registrado en 2018.
Cuando se agravan los cuadros clínicos y es necesario el ingreso hospitalario, la depresión acapara seis de cada diez ingresos, por delante del estrés severo (27%) y los trastornos de ansiedad, causante del 13% de los casos.
Fractura generacional
El malestar psicológico se comporta de manera diferente según los grupos de edad. El informe señala que los jóvenes entre 15 y 24 años es el colectivo que ha experimentado el salto más abrupto tras la pandemia. Si en 2018 el 15,8% de este grupo manifestaba síntomas, en 2023 la tasa creció hasta el 39,4%. Esta situación tuvo su impacto en el mercado de trabajo: las bajas médicas por causas de salud mental en la franja de 16 a 25 años se han multiplicado por seis desde 2016.
En el caso de los mayores de 75 años, el 28,5% declara padecer estrés y ansiedad de forma habitual, pero al ampliar el análisis a cualquier manifestación de malestar psicológico, la cifra se eleva al 57,1%, lo que implica que casi seis de cada diez ancianos conviven con señales de sufrimiento emocional.
Por género, las mujeres vascas presentan una prevalencia de síntomas casi diez puntos superior a la de los varones (26,5% frente al 17,7%). En Hego Euskal Herria, prácticamente una de cada cuatro mujeres toma de forma habitual ansiolíticos, antidepresivos o fármacos inductores del sueño.
El deterioro psicológico puede derivar, en su manifestación más extrema, en conductas suicidas. Las mujeres entre 15 y 24 años encabezan los pensamientos de suicidio, afectando al 15% de esta franja, mientras que la tasa más elevada de defunciones por suicidio corresponde a los hombres mayores de 65 años, que representan el grupo de mayor riesgo en cuanto a letalidad.
Por otro lado, el trabajo alerta de que la la atención psicológica especializada no está garantizada de manera universal en el plano socioeconómico. Así, el 4,4% de las personas con afecciones de salud mental en Euskadi no puede acceder a tratamiento por motivos económicos, una proporción por encima de la media del Estado (4,0%).