Polideportivo

Landa vuelve al podio del Giro de Hindley

Hindley, campeón del Giro.

De la Marmolada a la Torre dei Lamberti, tomavistas de Verona. Jai Hindley vive en el cielo. En las alturas. El australiano que agarró el manillar y dejó pasar el balón oval, el que eligió el pelotón y esquivó la melé, se coronó en Verona campeón del Giro. Talló su trono en un coloso y disfruto de las mejores vistas de su vida. Rey del Giro. Una historia de amor con mejor final que el que tuvieron Romeo y Julieta, el epítome de los romances que reside para siempre en Verona. El primer australiano de la historia en vencer el Giro. Pionero.

Segundo en 2020, cuando Geoghegan le arrebató la maglia rosa el día de cierre en una crono, Hindley encontró la redención en el cementerio de los campeones, la recta de 3 kilómetros, la carretera sin fin que lleva al infierno, que cincela la mística de la Marmolada. El Giro, tres semanas y 3.445,6 kilómetros, se concentró en apenas 3.000 metros.

Eso le bastó a Hindley, el inopinado, para encaramarse a la cúspide del Giro. Allí reventó Carapaz, que este domingo cumplió 29 años, y padeció Landa, sus escuderos en el podio de la carrera italiana. La crono de Verona, 17,4 kilómetros y una subida de cuarta categoría, la conquistó Matteo Sobrero. Quedaba a modo de inventario para Hindley, Carapaz y Landa tras un Giro preso de la igualdad hasta que saltó por los aires en la Marmolada y fijó las expectativas de cada uno.

El ecuatoriano, que pedaleó con rabia después del capítulo de la Marmolada, rascó apenas 7 segundos a Hindley, sonriente y dichoso en Verona. En paz consigo mismo. Recuperado de la derrota de 2020, cuando amaneció de rosa y acabó el día de negro, enlutado por la derrota. En Verona, Hindley vistió de rosa en la rampa de salida de la crono y en el podio final. Allí posó con el trofeo más bello del ciclismo, la espiral Senza Fine.

UNA MALA CRONO DE LANDA

Landa, que completó un mal ejercicio, a 1:40 de Carapaz, regresó al sitio de su recreo siete años después, el arco temporal que va desde el estallido a los 25 años, cuando se descorchó con dos etapas y el podio, a la madurez de los 32, donde disfrutó de nuevo con el bronce. El de Murgia nunca se ha cejado en el empeño a pesar de que el Giro le marcó la piel. Sufrió más de un desaire. Perseveró. Esa ha sido la gran victoria de Landa, roto en 2021 por un caída malencarada, y podio en el Giro que se cerró en Verona. Caída y auge.

La Corsa rosa que subrayó a Hindley fue una aventura en ocasiones demasiado predecible. La igualdad máxima en la azotea de la carrera, las retiradas de Miguel Ángel López, Romain Bardet, Almeida o la explosión de Simon Yates, trazaron un Giro de perfil bajo, apelmazado a pesar del recorrido, más que suficiente para darle realce a la carrera.

Desde el comienzo se percibió que los patricios convivían apretados en la misma baldosa de terreno. Nada de dispendios. Juanpe López disfruto del rosa durante diez días después de ser segundo en la primera cumbre del Giro, el Etna. Eso explica de cierto modo la cautela de los favoritos y la paridad de fuerzas entre los que debían manejar la carrera. López defendió cada hilo de la maglia con valentía.

DEMASIADA IGUALDAD

Carapaz alcanzó el liderato en Turín después de una frenética jornada con Superga y la Maddalena como puntos calientes del día. Fue la mejor etapa del Giro, a excepción de la recta eterna e infinita de la Marmolada, que sublimó la carrera. En una jornada con aspecto de clásica, el ecuatoriano y Hindley establecieron su duelo en las distancias cortas. Comenzaron los esprints en las montañas. Solo tres segundos les separaban.

Ese día, el remate de la segunda semana, sufrió Landa, rescatado por Pello Bilbao, salvavidas del murgiarra. El de Gernika, consistente, finalizó el Giro en quinta posición. Aún así Landa merodeó el podio. El Giro era un asunto de cuatro: Carapaz, Hindley, Landa y Almeida. La carrera siempre estuvo viva, pero el aspecto no era el más atractivo. Célula durmiente. Demasiado respeto. Nadie quería dar un paso en falso. La llegada a Cogne fue un pacto tácito de no agresión.

Los escaladores trataban de someter al portugués, la amenaza para Verona. La última semana, esa que amontona montañas, debía cribar el Giro. Al regreso del tercer día de descanso, asomó una etapa mastodóntica. Apenas sirvió para certificar la igualdad entre los favoritos. Almeida se dejó 14 segundos. El portugués se fue desvaneciendo en Lavarone. Se dejó un minuto. Hindley, Carapaz y Landa continuaban con su relación particular. Los tres en 1:05. Al día siguiente, aquejado por el covid, Almeida abandonó la carrera italiana.

LA MARMOLADA DECIDE

El Giro era un triángulo. Carapaz, Hindley y Landa debían encarar las dos últimos jornadas dolomíticas. En la cima del Santuario di Castelmonte, después de ascender Kolovrat, la montaña más hiriente de aquel día, firmaron nuevamente tablas. Revolotearon unos y otros, se agitaron mínimamente, pero no fueron capaces de dañarse ni abrir diferencias. La Corsa rosa se encaminó a la Marmolada. Todo o nada. Concentrado el Giro en una montaña mágica.

En su corazón, en las entrañas de la recta que asfixia, Hindley se agigantó. Hizo puré a Carapaz y descuadró a Landa. El australiano alzó la voz mientras Carapaz y Landa boqueaban. No pudieron darle respuesta. Hindley dejó el Giro listo para sentencia y el champán enfriando en la nevera a la espera del desenlace de Verona, que subrayó lo que se sabía. Landa vuelve al podio en el Giro de Hindley.

30/05/2022