"Un trastorno musculoesquelético generalizado caracterizado por la pérdida de masa y función muscular, junto con una disminución del desempeño físico", así es como desde la Fundación Española de Reumatología (SER) se refieren al término sarcopenia. Una enfermedad progresiva y generalizada del músculo esquelético, caracterizada por una disminución de la masa, fuerza y función muscular asociada al proceso de envejecimiento que impacta negativamente la funcionalidad y la salud del adulto mayor.
Una patología que, tal y como sostienen desde la SER, "se estima que afecta a entre el 3% y el 24% de la población. La pérdida de masa y fuerza muscular que se inicia a partir de los 30 años se acentúa a partir de los 65-70 años.
¿Cuáles son las causas y los síntomas de la sarcopenia?
En base a lo que contienen los profesionales de Quirónsalud, "la sarcopenia puede ser de dos tipos dependiendo de las causas por las que aparece". Puede ser primaria si el causante es el envejecimiento natural del organismo y en este tipo influyen mucho los cambios hormonales, como la disminución de la testosterona, el estradiol o la hormona del crecimiento.
En la sarcopenia secundaria, por su parte, los desencadenantes son la inactividad prolongada, el sedentarismo, la malnutrición, las alteraciones de la función endocrina, la osteoporosis, la artrosis, la osteoartritis, los trastornos mitocondriales y la predisposición genética.
Las personas que padecen sarcopenia, ya sea primaria o secundaria, presentan sensación de debilidad, siendo habitual la dificultad para levantarse de una silla o una velocidad lenta para caminar, junto con caídas de repetición. Es posible que también hablen de una pérdida de peso reciente sin causa justificada o la pérdida de masa muscular. Una patología que, con el trascurso del tiempo, puede derivar en fracturas, discapacidad física, aumento de ingresos hospitalarios, empeoramiento de la calidad de vida y mortalidad.
La importancia de evitar y retrasar la aparición de la sarcopenia
Como bien dice una popular expresión, es mejor prevenir que curar. También en el caso de la sarcopenia. Por ellos, los expertos coinciden en que la mejor forma de prevenir la sarcopenia es llevar un estilo de vida saludable. De ahí que se recomiende, por un lado, seguir una dieta sana y equilibrada "con un aporte extra de proteínas proporciona los nutrientes necesarios a las personas de edad avanzada" y no dejar de lado la actividad física diaria, aunque eso sí, ejercicios de intensidad moderada.
Los tipos de ejercicios que no deben faltar, tal y como así lo detallan desde Quirónsalud, son: "Fuerza: con bandas elásticas o pesas. Ejercicio aeróbico: caminar, nadar, bailar. Equilibrio: caminar en línea recta, mantenerse con la pierna levantada, levantarse sin apoyar las manos. Flexibilidad: yoga, taichí".
Un hombre realiza ejercicios de fuerza en el parque
En lo que a la alimentación se refiere, en los adultos mayores, "se recomienda una ingesta diaria de entre 1.2 y 2.0 gramos de proteína por kilogramo de peso, aunque influirán factores como la actividad física habitual de la persona y su estado general de salud. La proteína se encuentra en carnes, pescados, huevos, lácteos, legumbres y productos de soja, pero, si fuera necesario, puede garantizarse su aporte mediante el uso de suplementos. Es crucial el consumo abundante de frutas y verduras, que contienen nutrientes esenciales para prevenir la sarcopenia como las vitaminas D, C, E y B12 y minerales como el calcio, el selenio, el magnesio y el zinc. También es conveniente consumir, ácidos grasos omega-3, presentes en algunos pescados. Si fuera necesario, puede recurrirse a la suplementación para completar el aporte de estos nutrientes. Una adecuada hidratación es también primordial para una óptima salud muscular, por lo que es conveniente ingerir suficiente líquido a lo largo del día, especialmente, si se realiza actividad física o en caso de temperaturas elevadas", añaden desde CinfaSalud.