Euskadi se enfrenta a un reto demográfico sin precedentes que está reconfigurando por completo las bases de su mercado laboral. El envejecimiento progresivo de la población, la prolongación de las carreras laborales y la falta de relevo generacional están transformado el mundo del trabajo, planteando grandes desafíos tanto para las empresas como para las instituciones.
En este contexto, el talento sénior representa un pilar fundamental para la sostenibilidad del tejido económico del territorio. Así, según las cifras de Eustat - Instituto Vasco de Estadística correspondientes al tercer trimestre de 2026, la tasa de ocupación entre las personas mayores de 45 años en la CAV aumentó seis décimas porcentuales respecto al trimestre anterior, alcanzando un sólido 77,7%.
Invierno Demográfico
Con una tasa de desempleo general situada en el 6,6%, el volumen de población parada de este colectivo se mantiene estable por debajo del 5%, por lo que, ante este escenario, el verdadero reto consiste en optimizar el potencial de una fuerza laboral madura e indispensable que se sitúa en torno a las 550.000 personas en el territorio.
"En este momento de máximos de empleo en Euskadi, lo que nos encontramos es una enorme falta de profesionales en el mercado de trabajo, por lo que las empresas no están prescindiendo de su talento sénior, sino mas bien al contrario", afirma Carlos Pereda, responsable de empleo de Confebask.
Ante el impacto del fenómeno de la 'Gran Jubilación' de la generación del 'baby boom', la patronal vasca advierte que el retiro de muchos trabajadores en el corto plazo, unido a la baja natalidad dentro del denominado 'Invierno Demográfico', está acelerando el envejecimiento del mercado laboral ante una preocupante falta de relevo generacional.
La edad no es factor un determinante
"Nunca ha habido tantas personas de más de 45 años trabajando en Euskadi", afirma el responsable, que destaca la estabilidad que aporta el colectivo al mercado laboral. Esto se refleja en su amplia trayectoria profesional, un alto índice de contratos indefinidos y mayores salarios impulsados por complementos de antigüedad como los trienios.
"El verdadero problema es no tener relevo suficiente para esa población que se va a ir jubilando en los próximos años, sobre todo en ciertas profesiones que para los jóvenes no son tan atractivas, como los servicios conexos a la industria, que económicamente son tractores pero que no resultan llamativos", continúa.
Respecto al edadismo, desde la patronal consideran que la edad no es un factor determinante en la contratación, sino que existen otros elementos más relevantes vinculados al nivel formativo de las personas en situación de desempleo, un grupo que, actualmente, ronda en Euskadi los 106.000 registrados en Lanbide.
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"Cada situación es un drama personal pero, en sí, estamos en unos niveles muy bajos. Nunca hemos tenido tan poco porcentaje de paro en Euskadi y si sacas una foto del desempleo del colectivo sénior, principalmente, el 64% de esta cifra no tiene ningún tipo de estudios", afirma Pereda.
"Muchas veces, dentro del desempleo de este grupo, nos encontramos con personas inmigrantes o con muy bajo nivel formativo y donde priman más las mujeres que los hombres", añade.
En este sentido, la última encuesta de Confebask publicada en abril de este año revela que, por encima de la cuestión de la edad, la mayor preocupación para el 91% de las empresas vascas radica en la dificultad para encontrar personal cualificado en determinados puestos. "Nos están diciendo que les falta de todo", agrega.
"La economía vasca es exigente y cualquier profesión ya requiere de un mínimo de formación", sigue el responsable, que puntualiza que "se puede pensar que una persona de 55 años o más igual está pensando más en la jubilación que en una carrera laboral, aunque también puede parecer una situación inusual ya que solamente el 4,8% de este colectivo está en paro", remarca la patronal.
Prácticas empresariales discriminatorias
Por otro lado, desde el sindicato LAB consideran que el desempleo en las personas trabajadoras de mayor edad es un problema que no puede analizarse únicamente en términos de cifras ya que detrás de esta realidad hay prácticas empresariales discriminatorias, dificultades para acceder a nuevos empleos y un modelo de mercado laboral que, a menudo, trata a las personas trabajadoras como "recursos de usar y tirar".
"El edadismo existe en el ámbito laboral y se manifiesta tanto en los procesos de selección como en las decisiones empresariales sobre contratación, promoción y despido", afirman.
Además, desde la organización enfatizan las barreras y dificultades a las que se enfrentan ciertos profesionales para reinsertarse en el mercado laboral al alcanzar cierta edad, a pesar de contar con una amplia trayectoria. Así, en lugar de aprovechar esa experiencia, algunas empresas priorizan criterios como la edad, el coste salarial o una supuesta capacidad de adaptación menor.
Exclusión laboral y social
Asimismo, la pérdida del empleo a una edad avanzada puede tener unas consecuencias muy preocupantes, apuntan, ya que las posibilidades de reincorporación pueden ser más limitadas y los periodos prolongados de desempleo pueden afectar a los ingresos, las cotizaciones y las futuras pensiones. "Existe, por tanto, el riesgo de que una situación de desempleo temporal termine convirtiéndose en un proceso de exclusión laboral y social", argumentan.
Esta realidad debe analizarse, además, desde una perspectiva de género ya que las mujeres de más edad han sufrido a lo largo de su trayectoria laboral mayores obstáculos para acceder al empleo, más interrupciones vinculadas a las responsabilidades de los cuidados, más parcialidad y una mayor concentración en sectores feminizados y peor remunerados. "Estas desigualdades acumuladas pueden situarlas en una posición especialmente vulnerable cuando buscan empleo en edades avanzadas", destacan.
Brecha de género
El aumento del paro entre las mujeres no es un un fenómeno aislado, ya que está relacionado con las desigualdades provocadas por la división sexual del trabajo, la precariedad de los sectores feminizados, la desigual distribución de las tareas de cuidados y las mayores dificultades que encuentran muchas mujeres para desarrollar trayectorias profesionales estables.
Así, los últimos datos del tercer trimestre del año de la Encuesta de Población Activa (EPA) indican una evolución del desempleo femenino en Euskadi - 15.300 mujeres paradas más frente a 8.800 hombres menos - , un problema cuyo impacto presenta diferencias entre ambos sexos. Estas desigualdades se acumulan a lo largo de la vida laboral y pueden agravarse a partir de los 45 o 50 años.
"Muchas mujeres de estas edades han desarrollado su trayectoria profesional en condiciones de mayor temporalidad, parcialidad y discontinuidad laboral, en ocasiones como consecuencia de haber asumido una parte desproporcionada de las responsabilidades familiares y de cuidados. Estas circunstancias condicionan las condiciones laborales de las mujeres, además de dificultar su reincorporación al mundo laboral cuando pierden su empleo", concluyen desde LAB.
Digitalización
Otro aspecto que constituye un reto importante para el colectivo laboral sénior es la adaptación de los puestos de trabajo, sobre todo en aquellos sectores que exigen habilidades digitales más avanzadas o el uso de la Inteligencia Artificial.