Vida y estilo

“La lucha contra el cáncer nunca terminará”

Pocos científicos han mantenido un compromiso tan firme con la lucha contra el cáncer como Mariano Barbacid. Referente internacional en la investigación biomédica, lleva años centrando sus esfuerzos en encontrar nuevas vías para combatir el cáncer de pánc
Mariano Barbacid es un referente en biomedicina e investigación del cáncer. / J.A.

“La lucha contra el cáncer no terminará nunca, pero cada vez lograremos mayores tasas de supervivencia y curación”, afirma Mariano Barbacid, investigador de referencia internacional y académico de honor de la Real Academia de Medicina del País Vasco. Durante el acto de homenaje que le rindió la institución en reconocimiento a su destacada trayectoria científica, Barbacid impartió una conferencia en la que repasó los avances más recientes en la investigación oncológica y las nuevas estrategias terapéuticas que están abriendo caminos esperanzadores para los pacientes.

Quién es

Mariano Barbacid (Madrid, 1949) es uno de los científicos españoles más destacados en biomedicina e investigación del cáncer. Es Doctor en Ciencias Químicas por la Complutense de Madrid, desarrolló gran parte de su carrera científica en Estados Unidos y ha sido reconocido internacionalmente por haber participado en el descubrimiento del primer oncogén humano, un hallazgo fundamental para comprender los mecanismos moleculares del cáncer. A lo largo de su trayectoria ha recibido numerosos premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Actualmente es jefe del Grupo de Oncología Experimental del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) y referente internacional en la investigación del cáncer de páncreas.

Hace dos años me comentó que la lucha contra el cáncer nunca terminará. ¿Es así?

Sí. Nunca terminará porque cada vez vivimos más y habrá más incidencia de cáncer. El cáncer estará aquí para siempre, pero al tiempo irán mejorando los porcentajes de supervivencia y curación, porque en el cáncer no es lo mismo supervivencia que curación.

¿Caminamos hacia su cronificación?

Es un término que no me gusta mucho. Hay cánceres que sí se cronifican, como es el de mama, próstata, los que tienen un componente hormonal; pero en otros, como el de páncreas, no. Te pueden operar, pero lo normal es que no se cure.

Al cáncer de páncreas, ¿lo matas tú o te mata él?

El cáncer de páncreas lleva las de ganar. Cuando te lo diagnostican suele ser tarde y cuando avisa ya es muy difícil cronificarlo. Recientemente se ha publicado un trabajo del inhibidor del oncogén que inicia el cáncer de páncreas, se llama Daraxonrasib, lo ha sacado una empresa en California y duplica la supervivencia de los pacientes, pero no los cura porque desgraciadamente aparecen resistencias. Precisamente, nuestro equipo lo que ha hecho, aunque solo con modelos experimentales, es juntar ese inhibidor con otros dos y así los tumores desaparecen y no vuelven. Se ha comprobado en ratones, pero esto todavía no se ha experimentado en humanos.

Usted y su equipo descubrieron en 1982 el primer oncogén humano. ¿Qué supuso para entender el cáncer y en concreto el de páncreas?

Descubrimos un gen mutado capaz de transformar una célula normal en una célula cancerosa. En relación con el cáncer de páncreas, ese mismo año encontramos que muchos tumores humanos sólidos, incluidos algunos de páncreas, contenían un oncogén de la familia RAS (especialmente relacionado con KRAS), demostrando que algunas alteraciones genéticas concretas podían impulsar el desarrollo del cáncer. 

¿Qué fue lo más importante de aquel hallazgo?

Mostró que el cáncer puede originarse por mutaciones específicas en genes normales. Además, identificó a RAS/KRAS como una pieza clave en numerosos tumores, al tiempo que abrió el camino a décadas de investigación sobre terapias dirigidas contra esas mutaciones. De hecho, hoy sabemos que alrededor del 90% de los adenocarcinomas de páncreas presentan mutaciones en KRAS, y gran parte de la investigación posterior se ha centrado en intentar bloquear las vías de señalización activadas por ese gen. 

¿Por qué el cáncer de páncreas no tiene detección precoz?

Es una buena pregunta y, precisamente por eso aún no tenemos una respuesta definitiva. El cáncer de páncreas suele pasar desapercibido porque apenas provoca síntomas en sus fases iniciales. Cuando aparecen, suelen manifestarse como problemas digestivos o ictericia, y a menudo la enfermedad ya está avanzada. Además, si el tumor se localiza en la cabeza del páncreas, puede obstruir el conducto pancreático y dificultar tanto el funcionamiento del órgano como su tratamiento quirúrgico.

¿La incidencia es cada vez mayor?

Sí. Es algo que planteamos, pero no he visto estudios serios, aunque se prevé que para el año 30 su incidencia sea la tercera no de cáncer, sino de muerte, después del pulmón y el colon. Estamos viendo casos de pacientes jóvenes, de 40 años, pero lo tienen que analizar bien los epidemiólogos, porque podemos ver varios casos, pero no se pueden extrapolar. 

Su estudio fue retirado temporalmente por PNAS y luego republicado. ¿Qué ocurrió?

El trabajo muestra que una combinación de tres tratamientos lograba eliminar tumores de páncreas en modelos de ratón de forma completa y duradera, sin efectos secundarios significativos observados en esos experimentos. Los resultados se publicaron inicialmente en la revista PNAS. En abril de 2026, la revista retiró (retractó) el artículo. Sin embargo, la razón oficial no fue que se hubieran detectado errores científicos, fraude o manipulación de datos, sino la existencia de un conflicto de intereses no declarado en el momento del envío del manuscrito. Hubo una denuncia anónima de que habíamos creado una empresa para desarrollar terapias relacionadas con esa línea de investigación. Nunca consideré describirlo como conflicto de interés, porque el estudio se había terminado antes de que creáramos la empresa, luego no existía conflicto de interés. Tras corregirse la declaración, la revista volvió a publicar el estudio.

¿La tardanza en trasladar los resultados de investigación a la práctica clínica no corre el riesgo de generar expectativas excesivas entre los pacientes?

Precisamente nuestro objetivo es acelerar al máximo la llegada de estos avances a la práctica clínica. El estudio se publicó en diciembre tras seis años de trabajo respaldados por la Fundación CRIS, cuyo apoyo fue fundamental ante la insuficiencia de los recursos públicos disponibles. Para agradecer esa ayuda, propuse una rueda de prensa que también sirviera para dar visibilidad a la fundación. Lo que ocurrió después fue inesperado: la investigación tuvo una enorme repercusión nacional e internacional y participamos en varios programas de televisión de gran audiencia para explicar el proyecto. A raíz de esa exposición pública surgieron numerosas iniciativas de apoyo, entre ellas una campaña de donaciones a través de Bizum para financiar futuros ensayos clínicos, una fase mucho más costosa que la investigación académica. Inicialmente se estimó que podría recaudarse alrededor de un millón de euros, pero en apenas diez días la cifra superó los seis millones.

¿Le sorprendió la repercusión que tuvo el anuncio de estos resultados?

Completamente. La repercusión fue mucho mayor de la que habíamos imaginado. Llegué a recibir más de 1.200 correos electrónicos y fue necesario incorporar a una persona para ayudar a responderlos. Muchos procedían de pacientes y familiares que preguntaban por la posibilidad de acceder al tratamiento. Nuestra respuesta era siempre la misma: todavía no existían ensayos clínicos en marcha y no estábamos tratando pacientes. Es comprensible que una noticia así genere expectativas, especialmente cuando se trata de una enfermedad con tan pocas opciones terapéuticas. Ante un diagnóstico grave, cualquier avance científico representa una esperanza. También surgieron críticas tras la retirada temporal del artículo científico, pero la posterior publicación de los nuevos datos permite evaluar los resultados sobre la base de la evidencia científica disponible.

¿Cómo está ahora la investigación que llevan?

Actualmente, gracias al apoyo de la Fundación CRIS, la investigación continúa avanzando. Aunque en su momento hubo ciertas dudas y el proceso se ralentizó, finalmente se ha podido desbloquear la financiación prevista para el proyecto. En estos momentos, los recursos ya están disponibles y el trabajo puede seguir desarrollándose con normalidad.

¿En el CNIO?

No, porque en España hay poco conocimiento en lo que es el descubrimiento de fármacos; aquí no se ha generado un nuevo fármaco desde que tengo uso de razón. Se hace muy buena investigación clínica, pero los fármacos nos vienen de fuera. La gente no sabe lo que es meterse ahí. Para desarrollar un fármaco tienes que hacer mucha química para mejorar la estructura, que sea más funcional, soluble, que no se degrade... y una serie de propiedades farmacológicas incluida su mínima toxicidad o que la toxicidad sea aceptable, porque todos los fármacos de cáncer tienen toxicidad. Estos procesos no se pueden hacer en la Universidad y menos en el CNIO.

¿Ve muy lejano la cronificación del cáncer de páncreas?

El problema de cronificar el cáncer de páncreas es que los tumores son muy listos y desarrollan resistencias con facilidad. Nuestra hipótesis se basa en lo que se hizo en su día con el sida: al principio, un único fármaco generaba resistencias rápidamente, pero la combinación de tres tratamientos dirigidos a dianas distintas permitió controlar el virus. La idea es aplicar un enfoque similar al cáncer, combinando varias terapias a la vez para dificultar que el tumor pueda adaptarse y seguir creciendo.

¿Y en el tratamiento del cáncer se va en esta línea?

Esa es precisamente nuestra línea de trabajo: la combinación de fármacos. En el último congreso mundial de oncología clínica (ASCO) se presentaron datos muy relevantes, con resultados que muestran un aumento claro de la supervivencia y una buena respuesta tanto en pacientes como en modelos experimentales. El tratamiento en cuestión no es quimioterapia clásica y resulta menos tóxico. Sin embargo, aunque puede duplicar la supervivencia, no es curativo porque aparecen resistencias. Lo que hemos observado es que al aplicar combinaciones terapéuticas sobre tumores resistentes en modelos experimentales, la enfermedad puede llegar a revertir parcialmente, lo que abre nuevas vías de investigación. En todo caso, estos resultados deben interpretarse con cautela, pues aún no se han validado completamente en pacientes.

¿Qué le hace seguir tan ilusionado, tan activo después de tantos años investigando? 

Siempre digo que hay tres razones: vocación, vocación y vocación. Además, me gusta lo que hago, me lo paso bien y disfruto con la investigación.

08/08/2026