El Real Madrid está viviendo una particular guerra contra todo aquel que considera enemigo del club, es decir, en estos momentos, contra prácticamente todo el mundo. La entidad presidida por Florentino Pérez tiene frentes abiertos tanto con los dirigentes de las competiciones que disputa como con responsables de otros clubes y, por último, con la prensa.
Nada es casualidad. A la comparecencia de su actual entrenador, José Mourinho, quien salió acompañado de un papel con las imágenes de dos jugadas polémicas en contra de su equipo, los merengues han decidido acompañar esta teoría de conspiración con sus propios comunicados oficiales y con el altavoz mediático de la televisión oficial del club, aquella que señala públicamente a los colegiados que previamente han cometido errores en contra del equipo blanco.
Tebas, enemigo número uno
Si bien los rivales en estos momentos son varios, es de sobra conocido que el primero de esa lista es Javier Tebas. El presidente de LaLiga y Florentino Pérez han protagonizado durante los últimos años una disputa verbal y judicial que tuvo uno de sus primeros grandes puntos de fricción en 2013, con el inicio de las negociaciones para la venta centralizada de los derechos audiovisuales del fútbol español.
Así lo ha reconocido el propio dirigente oscense. El máximo responsable de LaLiga aseguró años después que, cuando llegó a la presidencia del organismo, mantenía una buena relación con Florentino, pero que esta comenzó a deteriorarse durante aquellas negociaciones. “Yo te escucho, lo que no te hago es caso”, asegura que llegó a responderle al presidente madridista cuando este le reprochó que no atendiese sus argumentos.
La creación de la Superliga terminó de romper una relación ya deteriorada. En abril de 2021, el presidente de la patronal aseguró que Florentino había pasado de estar “despistado” a estar “perdido” y calificó la nueva competición como “la muerte del fútbol”. Meses después afirmó que al Real Madrid “le vendría mejor otro presidente” y que el presidente blanco le apartaría de la presidencia de LaLiga “ipso facto” si tuviera la posibilidad.
Una disputa curiosa si se tiene en cuenta que el dirigente oscense nunca ha ocultado que su equipo es precisamente el Real Madrid y que ha vivido hace apenas unos días su último episodio. Tras las protestas del conjunto blanco por el arbitraje del derbi madrileño, el máximo responsable de la competición volvió a cargar contra el discurso de la entidad a través de su cuenta de X. “Cuando no es Negreira, es el árbitro”, escribió, acusando a los “portaCOCes” y a la “televisión del régimen” de construir de nuevo un relato de conspiración alrededor del equipo blanco. Horas después fue todavía más directo al considerar que sostener que los árbitros actúan contra el Real Madrid es “vivir en otra galaxia” y que este discurso sirve como “coartada” para esconder los problemas que se producen sobre el terreno de juego.
La respuesta del club no tardó en llegar. A través de un comunicado oficial, la entidad madridista calificó de “intolerable” que el presidente de LaLiga utilice su posición institucional para “descalificar y atacar” continuamente al club y aseguró que resulta preocupante su “obsesión” con la entidad. También reclamó “con urgencia” un nuevo dirigente para LaLiga que ejerza su cargo con neutralidad, recordando que su presidente “no es el dueño de la competición”.
El dirigente liguero volvió a responder: “El presidente de LaLiga no es el dueño de la competición. El presidente del Real Madrid tampoco”. El oscense defendió que representar a todos los clubes no supone “obedecer al más poderoso” y cerró su mensaje con una declaración que resume el estado actual de la relación entre ambas partes: “Respeto a todos. Subordinación a ninguno”.
Paz momentánea con la UEFA
Con quien sí parece estar en una especie de estado de calma prolongada es con la UEFA. Alexander Ceferin, presidente de dicho organismo, fue durante mucho tiempo otro de los grandes adversarios del empresario madrileño.
El gran proyecto planificado por Pérez chocaba frontalmente con los intereses del esloveno, que tuvo en Tebas a un gran aliado para luchar contra esa liga elitista. Ceferin fue uno de los más duros con la iniciativa y llegó a calificarla de “vergonzosa”, mientras desde el organismo europeo se amenazaba con sanciones a los clubes implicados.
Durante años, el conjunto blanco y la UEFA mantuvieron abiertos distintos frentes judiciales alrededor de la Superliga, hasta que el pasado mes de febrero ambas partes anunciaron un acuerdo de principios para poner fin a esos litigios.
El prediente de la UEFA, Aleksander Ceferin.
Donde sí cabe encontrar sentido a las quejas es en las continuas peticiones de justicia acerca del ‘caso Negreira’. Los merengues han enviado en diversas ocasiones dosieres con información y han presionado para que el asunto no quede únicamente en los tribunales ordinarios. El pasado mes de junio, la entidad blanca remitió un escrito a los órganos disciplinarios de la UEFA en el que aseguraba disponer de “evidencias relevantes” que reforzaban los indicios sobre los pagos realizados durante años por el FC Barcelona a José María Enríquez Negreira, exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros.
El club madridista pidió entonces que se reabriera de manera inmediata el expediente disciplinario que la UEFA había iniciado en su momento y reclamó posibles medidas contra el Barça, en uno de los casos más escandalosos que se recuerdan en el fútbol español.
Cortina de humo
Quejarse de la actuación arbitral es completamente legítimo y, de hecho, la mayoría de los clubes lo hacen. Señalar con el dedo a través de tu mayor canal de difusión a los árbitros, e insinuar la posible puesta en marcha de un plan para hundir al equipo de la capital española, cuesta más entenderlo.
Una estrategia que se inició en aquella mítica rueda de prensa de Florentino Pérez hace tan solo unos meses, donde acusó directamente a periodistas de querer hacer daño a su equipo. El apoyo mostrado por los socios y socias en las recientes elecciones le avala, pero el nefasto proyecto deportivo que amenaza con encaminar al equipo hacia una tercera temporada en blanco consecutiva debe taparse de alguna manera o, al menos, es lo que parece buscar el presidente madridista.
El equipo fue perjudicado en el Metropolitano, nadie puede dudar de ello. Al igual que nadie puede defender que Mourinho haya insuflado savia nueva al equipo o implantado una nueva disposición táctica que haga recordar que dirige una plantilla valorada en más de mil millones. La primera parte en el estadio rojiblanco es la prueba de ello. Un tiro a a puerta contra un rival que por aquel entonces estaba con once y que tampoco sacó a relucir todo el brillo que se le presupone al equipo de Simeone.
El equipo adolece de un director de juego y peca de ego entre varios jugadores que juegan en la misma posición. Si alguien pensaba que Mourinho iba a perder la motivación y las maneras de actuar de su primera etapa, estaba equivocado.
Solo el juego y los resultados podrán servir de anestesia para una afición que pide algo más que batallas, porque cuando uno está en guerra con todo el mundo, acaba estándolo consigo mismo.