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"La ganadería no es un trabajo; es una forma de vida"

La ganadera de Ametsleku reivindica el trabajo que hay detrás de cada litro de leche y reclama mejores condiciones para garantizar el relevo generacional
Sandra Aras se abraza a una de sus vacas. / S. A.

Sandra Aras y su pareja, Ernesto, comenzaron en 2002 a hacer realidad un sueño con la compra de dos novillas. Hoy, desde el baserri Ametsleku, vinculado a la cooperativa Kaiku, esta ganadera reivindica el valor de producir leche en Euskal Herria, el cuidado de los animales y el reconocimiento social y económico que necesita el sector para garantizar su futuro.

¿Cómo es un día normal en su vida, desde que se levanta hasta que termina de trabajar?

Nuestro modo de vida, la granja y nuestros animales son como una extensión de nuestra familia. Y, como en cualquier familia, así comienza y termina nuestro día: 300 días al año, siete días a la semana y 24 horas al día, cuidando del bienestar de nuestras vacas, viendo su estado, alimentándolas del mejor modo posible, limpiando su establo y atendiendo a las pequeñas promesas. No se nos olvide que ahí está el futuro, un futuro que tenemos la responsabilidad de cuidar. En definitiva, el trabajo de un ganadero es cuidar y garantizar el bienestar de todos y cada uno de sus animales, priorizándolo, en la mayoría de los casos, por encima del suyo propio.

¿Qué hay detrás de un litro de leche que llega al supermercado con el nombre de Kaiku?

Detrás de cada litro de leche Kaiku hay una historia personal. Hay, sobre todo, un arraigo, un sentimiento y un cuidado a ultranza de nuestro entorno, porque no olvidemos que el paisaje no se mantendría limpio y como lo vemos si nadie se encargara de él. Y, principalmente, hay una forma de vida, porque la ganadería no es un trabajo; es, como digo, una forma de vida.

¿Qué significa para usted que la leche que produce se venda como un producto de aquí?

El hecho de que la leche que producimos con tanto cariño y compromiso se venda como un producto de aquí es fundamental, porque seguir esa coherencia en el mensaje es defender nuestra historia, mantener vivos nuestros orígenes y, en definitiva, respetar nuestro pasado mirando hacia el futuro.

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¿Se puede vivir hoy de la ganadería y de producir leche en un baserri?

Es un sector que tiene, a mi modo de ver, dos demandas fundamentales. Por un lado, la económica: la inversión que se requiere es importante, como en cualquier otra empresa, y el retorno económico debería funcionar como para cualquier otro empresario. Se nos insiste mucho en que hemos de sentirnos empresarios; para ello, deberíamos funcionar como tales a todos los efectos. Por otro lado, está el reconocimiento social, tan importante como lo anterior. Mientras no se dé y no se reconozca este valor al sector, empezando por nosotros mismos como ganaderos y continuando por el resto de la sociedad, el relevo generacional del que tanto hablamos y que tanto nos preocupa no existirá. Y, sin este relevo, un sector fundamental, un sector que, no olvidemos, hace algo tan importante como alimentarnos, estará en grave peligro de extinción.

¿Qué ha cambiado en el sector en los últimos años?

Ha cambiado todo: la ganadería, el volumen, la tecnología y el clima. Hemos de adaptarnos y seguir, mirar de frente a las dificultades, buscar soluciones y aprovechar las cosas buenas, como las nuevas tecnologías, que hacen que nuestro trabajo tenga unos márgenes en cuanto a tiempo libre, por ejemplo, de los que antes carecía.

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¿Qué papel desempeña la mujer en el campo y qué dificultades ha tenido que superar usted como ganadera?

La mujer, históricamente, ha desarrollado un papel fundamental en los baserris. Esto siempre ha sido un matriarcado. La mujer, esas grandes señoras que siempre han sabido estar un paso por detrás con una elegancia y un saber estar admirables, ha sido quien ha sacado adelante la familia, la casa, la economía familiar y, en definitiva, el baserri. A día de hoy vamos cobrando más visibilidad, aunque, en mi caso, he de decir que jamás me he sentido menos valorada por mi condición de mujer en el sector.

¿Qué futuro le ve a la producción de leche en Euskal Herria? ¿Habrá jóvenes dispuestos a continuar este oficio?

El relevo generacional pasa por los dos factores que comentaba anteriormente y tenemos que darle coherencia a este mensaje entre todos. Está bien hablar, pero hay que aterrizar todo eso. Por una parte, está el factor económico y, por otra, el reconocimiento social. Mientras no haya un reconocimiento social, mientras no eduquemos a nuestros txikis, mientras no les enseñemos en qué consiste esto y cómo pueden llevar una vida digna con ello, pero haciendo que haya coherencia y que el mensaje se corresponda con la realidad, no va a ser fácil que haya un relevo generacional garantizado.

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¿Qué le gustaría que supiera el consumidor cuando compra un brik de leche Kaiku Km0?

Por un lado, el trabajo que hay y, por otro, el sentimiento, la preocupación por nuestros animales, la preocupación por el medio ambiente y el respeto con el que tratamos todo esto. Lo que nos preocupa es nuestra familia porque, al final, estos animales no dejan de ser nuestra familia, y todo eso está envasado en ese brik. Esto va mucho más allá de lo que es un trabajo: esto es un sentimiento, son unos orígenes y es una responsabilidad. Así lo sentimos cada minuto de nuestra vida y, mientras nos sigamos dedicando a esto, en ese brik de leche Kaiku Km0 se seguirá viendo todo eso. Espero que el consumidor sea capaz de recibir el mensaje y de pararse a pensar un segundito en todo lo que se está tomando cada mañana a la hora de desayunar.

26/10/2026