Política

"La escisión del PNV fue sobre todo una lucha de poder entre dos grupos: el de Garaikoetxea y el de Arzalluz"

Han pasado 40 años de la escisión del PNV, un episodio traumático de ruptura de la familia jeltzale tras el divorcio personal y político de Garaikoetxea y Arzalluz
Iñaki Agirregomoskorta pasea por un parque de Donostia esta semana. / Iker Azurmendi

La escisión del PNV y el nacimiento de Eusko Alkartasuna (EA) en 1986 ha pasado a la historia como uno de los episodios más convulsos de la vida política en los cuatro territorios de Euskadi sur. Desde luego lo fue en el ámbito del nacionalismo democrático: en los batzokis, en las familias abertzales y en los foros de debate y conversación política... supuso una catarsis que convulsionó la vida política en los años 80. El enfrentamiento y la división entre Carlos Garaikoetxea, que llegó a ser lehendakari por la formación jeltzale, y la dirección jeltzale liderada por Xabier Arzalluz alcanzó niveles de discrepancia que condujeron a la división de dos sectores con concepciones diferentes de país: unos partidarios de concentrar el poder en el Gobierno Vasco y otros de mantener las competencias de las Diputaciones forales, incluida la Ley de Territorios Históricos. El historiador Iñaki Agirregomoskorta es una de las personas que más ha estudiado y mejor conoce este pasaje de la política vasca y lo ha desarrollado en sus libros La escisión del PNV y el origen de EA y su secuela La escisión del PNV y el origen de EA. Los protagonistas opinan.

¿Cuál fue la causa profunda de la escisión? 

La escisión fue sobre todo una lucha de poder y todo lo demás se relaciona con esa disputa por el poder entre dos grupos. Un grupo que es el que estaba representado en el Gobierno Vasco, el de Carlos Garaikoetxea, y el otro grupo es el que estaba en el partido (PNV) cuyo máximo líder era Xabier Arzalluz. 

¿Sobre qué cuestiones pivotaba esa lucha?

Sobre todo, hay dos causas fundamentales. La primera de ellas fue la expulsión del partido de los navarros y la segunda el conflicto de la Ley de Territorios Históricos (LTH), pero ya cuando las cosas estaban calientes entre el Gobierno vasco y las Diputaciones forales con el tema de las competencias para el gobierno y para las diputaciones.

La escisión se cocinó a fuego lento durante varios años.

Hay dos fases en todo este proceso. Una primera en la que Ajuriaguerra descubre a Garaikoetxea, le fascinaba porque era una persona muy interesante: tenía una buena planta, una buena dicción, era un abogado economista que había estudiado en Bilbao en la Comercial… alguien que prometía mucho, que podía dar mucha vida al partido, como así lo demostró. Garaikoetxea cogió protagonismo dentro del partido hasta tal punto que la Asamblea del PNV en Iruñea de 1977 le pusieron a él como presidente del partido. Arzalluz decía que fue él el que le propuso porque era navarro, entre otras razones. Ya con Garaikoetxea como presidente del partido, Iñaki Anasagasti le propuso que fuera él presidente del Consejo General Vasco para darle fuerza de cara a la negociación con el Estado y con el entonces presidente español Adolfo Suárez, y también de cara a las siguientes elecciones. Fue un momento de mucho éxito para Garaikoetxea porque consiguió cantidad de cosas y progresó dentro del partido: primero se alzó como presidente del Consejo General Vasco, luego logró el Estatuto de Gernika, convocó las primeras elecciones y se le propuso como lehendakari. 

¿Y el segundo momento?

A Garaikoetxea todo le fue viento en popa y a toda vela hasta que Suárez fue expulsado del Gobierno español. Esto debilitó fuertemente a Garaikoetxea ya que los siguientes interlocutores en el lado español iban a ser Leopoldo Calvo Sotelo (UCD) y Felipe González (PSOE). Estos no iban a tener el feeling que tenía con Suárez, ni tampoco los instrumentos para la negociación que tenía con Suárez, entre otras cosas porque se produjo el golpe de Estado del 23-F en 1981. A partir de ese momento todo cambió, debilitando la figura de Garaikoetxea, aunque no de forma inmediata porque fue elegido lehendakari del primer Gobierno Vasco, pero luego tuvo muchas dificultades para sacar provecho de las relaciones con Madrid. Ahí entraron en escena los diputados generales, la LTH, las elecciones en Nafarroa en las que ganó la derecha por poco al PSOE, pero con la opción de una coalición con los socialistas y para ello necesitaban que el PNV se abstuviera. Los navarros del partido no quisieron abstenerse porque no querían apoyar a la derecha navarra que les había machacado a sus padres durante y después de la Guerra Civil. Ahí se creó un conflicto interno importante que, a mi juicio, fue el inicio potente de la escisión.

¿La LTH fue la punta de iceberg del desencuentro entre los dos grupos?

La LTH fue el choque importante en el sentido estratégico de la escisión. El Gobierno Vasco quería más atribuciones, las Diputaciones también querían las suyas. Ese conflicto se llegó a superar y salió adelante la LTH, pero se mantuvo el rifirrafe a cuenta del reparto de competencias. Además, las relaciones estaban muy viciadas. En este contexto, llegaron las elecciones de 1984 y un año antes hubo un órdago importante de Garaikoetxea que dijo que no se iba a presentar, mientras que la Asamblea General le respondió que tenía que presentarse, lo que Garaikoetxea aceptó y fue elegido candidato a lehendakari. Le dijeron que tenía que aceptar someterse a la disciplina de partido, a lo que replicó diciendo que no hacía falta porque con sus hechos y actuaciones ya estaba sujeto a la disciplina de partido. Ante esta situación, el partido estaba muy cabreado. Entre ambas partes la tensión era muy grande.

¿Arzalluz no le pudo sujetar a Garaikoetxea?

En ese primer momento no le pudo sujetar. Es más, Arzalluz dejó el EBB y algunos decían que le encargó esa tarea a Román Sudupe, también azkoitiarra. El partido aprovechó este conflicto entre Gobierno y las Diputaciones para decir que era el árbitro e iba a ejercer la función arbitral en el conflicto. Esto cabreó mucho a Garaikoetxea porque consideraba que el árbitro favorecía a las Diputaciones. Garaikoetxea apelaba continuamente a los acuerdos de Zarautz aprobados por el partido y decía que no se cumplían. El EBB tragó con ello, pero se conjuró para que no volviera a suceder y dio un contra órdago con la orden dada a los navarros del partido para que se abstuvieran en las elecciones navarras y así la derecha navarra se hacía con la presidencia frente a la candidatura del PSOE por un pacto que se había dado entre Mitxel Unzueta y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, ambos senadores, uno del PNV y otro de Alianza Popular (AP). Al final les expulsaron y eso benefició al partido en el sentido de demostrar quién era el que estaba al mando.

¿Los egos de Garaikoetxea y Arzalluz pesaron más que las diferencias programáticas entre ellos?

Varios de los protagonistas con los que he hablado me dicen que Arzalluz y Garaikoetxea no se llevaban mal. No se llevaban mal, pero acabaron fatal. Fue in crescendo. No fue que ellos se llevasen mal, se llevaban bien en la primera fase en la que Garaikoetxea estaba ascendiendo y consiguiendo éxitos y brillando. Pero luego, tras el órdago de Garaikoetxea, en 1983, la cosa se puso al rojo vivo.

¿Había diferencias ideológicas?

Sí las había porque Arzalluz esgrimía el derecho foral, la importancia de las Diputaciones y la necesidad de tenerlas muy en cuenta. A Garaikoetxea todo esto le parecía secundario, lo que le parecía importante era que el Gobierno Vasco gobernase de verdad y que el partido estuviera a su servicio para gobernar. Arzalluz, en 1983, se quejaba de que el Gobierno Vasco no les hacía ni caso. Se quejaba de que el Gobierno brillaba y aparecía continuamente en los medios de comunicación, que se llevaba la buena imagen, mientras que el partido, que era el que mantenía a flote el barco, no aparecía en ningún sitio. Además, se quejaba de que el Gobierno no atendía a lo que le decía el partido a la hora de formar equipos.

¿Pudo haberse evitado la escisión de alguna manera?

El enfrentamiento se hizo tan grande que llegó el momento en el que el partido le quitó de en medio.

La bicefalia no funcionó en este caso.

Efectivamente, no funcionó. La bicefalia fue un elemento que facilitó a esa disgregación, a que uno de los dos se impusiera al otro.

¿Pudo haber alguna manera de conciliar ambas almas?

Creo que, si se hubiera querido, sí, pero también creo que las cosas habían llegado muy lejos. Los que sí intentaron que eso sucediera fueron los que luego se hicieron de EA, porque veían que tenían todas las de perder. Cuando vio que tenía la batalla perdida, Garaikoetxea quiso meterse más en el partido y tener en el partido más gente suya. De hecho, hubo una elección importante en Bizkaia para el BBB en la que se presentaron Mitxel Unzueta por un lado y Sabin Zubiri, por otro. Ganó Unzueta claramente y ahí Garaikoetxea vio que lo tenía muy complicado para hacerse con el partido.

Pese a la escisión y el nacimiento de Eusko Alkartasuna, el PNV con el tiempo fue recuperándose política y electoralmente.

Inicialmente el PNV se resintió absolutamente de la escisión, se quedó sin mayoría en el Parlamento Vasco por la marcha a EA de una parte de la representación. El PNV se debilitó mucho. De hecho, cuando nombraron a José Antonio Ardanza, inmediatamente pactaron con el PSE para poder gobernar. De esta manera se aseguraba el Gobierno y tener una mayoría estable en el Parlamento Vasco. En las elecciones de 1986 el PSOE negoció tanto con el PNV como con EA. Garaikoetxea tuvo en sus manos la posibilidad de volver a ser lehendakari porque se lo ofrecieron. En la negociación él puso como condición la competencia de la Seguridad Social y la puso con tanta firmeza que al final los del PSOE optaron por hacer un gobierno con el PNV. Es decir, que si Garaikoetxea no hubiera sido tan navarro, tan principista, hubiera podido llegar a ser lehendakari otra vez.

¿Calculó bien Garaikoetxea las opciones que tenía para que EA funcionara?

Creo que, al igual que Arzalluz, era una persona con una autoestima muy grande. Eso a veces le quitaba visión política. Además, era una persona con problemas para su relación con los que le apoyaban. No les daba la suficiente cancha, me refiero en EA. Sí creo que midió mal en la negociación con el PSOE y a partir de ahí todo fue un despropósito: su nuevo partido, dividido en dos grupos que se enfrentan entre sí; como no quieren ir en coalición con el PNV, yendo en solitario a las elecciones consiguen unos resultados pobrísimos, hasta que al final ingresan en Bildu.

A Garaikoetxea no le gustaba esta opción.

No quería pero al final tragaron e ingresaron en Bildu. El curso de los acontecimientos le ha llevado a EA a casi su total desaparición porque está fagocitado por Bildu. En un primer momento, les dieron algún protagonismo en la coalición, pero con el tiempo no tienen ninguno,

Más allá de más allá de lo político, la escisión supuso un desgarro con familias y cuadrillas divididas e incluso enfrentadas. ¿Queda aún parte de aquel desgarro sin curar? 

Pienso que sí. En las entrevistas que incluyo en el libro, hay quien me cuenta que en su casa le habían dicho que ni se le ocurra sacar ese tema. Y así más casos. Hoy todavía hay gente que no quiere hablar de este tema. Hermanos enfadados, padres e hijos, amigos… Yo conozco personalmente lo que se vivió en el batzoki del Antiguo de Donostia, fue tremendo. Hubo una asamblea sobre este tema y hubo llantos y casi hasta tortazos. Creo que ha sido muy malo para el nacionalismo.

¿Por qué?

Algunos han vuelto al PNV, bastante gente de EA volvió al PNV cuando vieron lo de Bildu. A la hora de elegir, prefirieron con el PNV antes que con Bildu. En Euskadi los partidos pequeños no tienen nada que hacer, tienen todas las de perder: ESB desapareció, Euskadiko Ezkerra también, ANV también… Los pequeños desaparecen y no me extrañaría nada que EA desapareciera.

¿Hay sitio para algún otro partido abertzale entre PNV y EH Bildu?

A mi juicio, no lo hay, de ninguna manera. Hace treinta años ya se vio claramente que en Euskadi quedaban a nivel abertzale dos partidos: PNV y Herri Batasuna (ahora EH Bildu). 

14/09/2026