Ubicada en la localidad de Ubiarco, dentro del municipio cántabro de Santillana del Mar, la Ermita de Santa Justa destaca por una peculiaridad arquitectónica única: solo tiene dos paredes construidas. La pared posterior del santuario y la propia bóveda que lo cubre son la roca del acantilado de la playa de Santa Justa, que forma el pequeño edificio aprovechando una cavidad erosionada por el mar.
Ermita de Santa Justa
El origen de este enclave se remonta al siglo XVI, cuando se acondicionó la cavidad para albergar las reliquias de las santas Justa y Rufina. Durante siglos, este rincón ha sido lugar de peregrinación para marineros y pescadores de la zona, los cuales se acercaban a encomendarse ante el Cantábrico. Declarada Bien de Interés Cultural, la imagen de la ermita cuando la marea sube y las olas rompen a pocos metros de sus muros ofrece una de las estampas más fotogénicas y espectaculares de Cantabria.
Plan para un día completo
Para aprovechar al máximo la excursión, la visita a este templo se integra en una ruta circular que mezcla senderismo, un patrimonio histórico único y la gastronomía marinera.
El día empieza a primera hora en la Playa de Santa Justa para coincidir, si se puede, con la marea baja. Tras descender por el camino hasta la cala, se rodea la base del acantilado para ver el tamaño de la ermita y cómo los muros se adaptan al contorno de la cueva. En la parte superior del acantilado hay también restos de la Torre de San Telmo, una antigua atalaya desde la que se dominaba la línea del horizonte.
Desde la misma playa sale un sendero litoral que bordea los acantilados hacia la Ensenada de Onza y la Playa de Ballota. Este paseo a pie por la zona costera nos permite avistar las muchas formaciones geológicas de la zona en un entorno completamente virgen.
Paseo por Santillana del Mar
A solo diez minutos en coche desde Ubiarco está Santillana del Mar, una de las villas más bellas del Estado. Tras un paseo por la mañana, el plan sigue en sus empedradas calles medievales para visitar la Colegiata de Santa Juliana, una joya del románico cántabro, las torres señoriales del Merino y de Don Borja, y los palacios renacentistas que llenan y hacen tan especial el casco histórico.
Para terminar la tarde, a pocos kilómetros del centro de la villa se encuentra el Museo de Altamira y su Neocueva, una réplica exacta de las famosas pinturas rupestres paleolíticas.
Sabores de la zona
Santa Justa, que está entre el mar y los valles cántabros, ofrece una gastronomía basada en el producto de cercanía y las recetas de toda la vida.