Aiora Larrañaga es psicóloga sanitaria y forense. Dirige el Centro de Psicología Abagune en Irun desde hace años. A través de sus redes sociales también divulga sobre salud mental, crianza y adolescencia. En esta entrevista habla sobre el estrés, redes sociales y los problemas emocionales que afectan hoy a la sociedad, en general.
¿Por que decidió abrir redes sociales para hablar sobre estos temas?
Principalmente porque pensaba que podía aportar una doble visión. Por la parte profesional, como psicóloga sanitaria y forense que dirige un centro de psicología desde hace muchos años y por otro lado, mi experiencia personal como madre. Estoy divorciada y tengo tres hijos a mi cargo, además de una niña en acogimiento familiar profesionalizado que vive con nosotros. Eso hace que en el día a día tenga bastante experiencia en temas de crianza y educación. Durante estos años he visto que es un ámbito donde los padres tienen muchas dudas e inquietudes. Especialmente en lo relacionado con la educación de niños y adolescentes. Hay mucha preocupación y muchas familias necesitan orientación práctica.
¿Cuándo decidió dedicarse a la psicología?
Siempre he tenido cierta inclinación hacia escuchar y ayudar a los demás. Soy la hermana mayor de mi familia y quizá también tenía un poco ese papel de mediadora. Entre mis amigos también era habitual que acudieran a mí para contarme sus problemas. Cuando estaba en bachillerato decidí estudiar Psicología y desde entonces he seguido formándome. Es un trabajo muy exigente y a veces muy cansado, pero también muy vocacional.
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La adolescencia suele ser una etapa complicada para muchas familias. ¿Qué ocurre realmente?
Muchas veces pensamos que el adolescente es simplemente el que protesta, discute o se rebela. En realidad, lo que ocurre es que necesitan distanciarse de sus padres para construir su identidad. Es algo natural y saludable, pero para los padres puede ser difícil de entender. Muchos dicen: “antes me contaba todo y ahora no me cuenta nada”, o “prefiere la opinión de sus amigos antes que la nuestra”. Esa distancia forma parte del proceso de crecimiento.
¿Qué pueden hacer los padres cuando sienten esa distancia?
Lo importante es tener paciencia y entender que es una etapa. Eso no significa dejarles a su aire, los padres tienen que seguir estando presentes, pero respetando el tiempo de sus hijos. Para mí hay dos cosas clave: la disponibilidad y la cercanía. Que los hijos sepan que sus padres están ahí cuando los necesiten. También es importante mantener una comunicación abierta. No sólo preguntarles constantemente, sino también contarles cosas de nuestro propio día. Si queremos que ellos hablen, nosotros también debemos compartir.
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¿Cómo ha evolucionado la salud mental?
Creo que han aumentado ciertas problemáticas, especialmente entre los jóvenes. Vemos muchos adolescentes con ansiedad, depresión o aislamiento social. La tecnología y el mundo digital también influyen. Los móviles y las pantallas a veces generan aislamiento. Antes los jóvenes quedaban y hablaban entre ellos; ahora muchas veces quedan pero cada uno está con su móvil. También hay un avance positivo; la gente está más concienciada y pide ayuda antes. Ir al psicólogo antes era casi un tabú y ahora se busca ayuda con mayor normalidad.
¿Qué problemas son más frecuentes?
Vemos muchísimos problemas de ansiedad, tanto en jóvenes como en adultos. Vivimos en una sociedad muy acelerada, donde todo tiene que ser inmediato. Queremos hacer muchas cosas a la vez y eso genera mucha presión. También aparecen problemas de depresión, sentimientos de vacío o momentos de crisis personal. En niños seguimos viendo problemas como el bullyng, que siempre ha existido, pero ahora está más identificado y hay mayor conciencia social.
Vivimos en una sociedad muy rápida y competitiva. ¿Cómo influye eso en la salud mental?
Estamos en un mundo de inmediatez donde parece que si no haces nada, no eres nadie. Tienes que tener lo mejor en todo y, además, mostrarlo. El problema es que no sólo hay que vivir esas experiencias, sino enseñarlas y si no las enseñas, parece que no existen. Eso genera niveles de estrés muy altos.
¿Cómo influyen las redes sociales?
Tienen un impacto tanto positivo como negativo. Hay cuentas que aportan aprendizaje y contenido de valor, pero también hay mucho contenido superficial. Los adolescentes han crecido con ellas y para ellos forman parte de su vida cotidiana. Muchas veces la aceptación social depende de los likes o de los seguidores. Esto genera comparaciones constantes y una presión por mostrar una vida perfecta. La sociedad impone unos estándares de éxito y perfección que en realidad son imposibles de alcanzar.
¿Qué señales nos indican que el estrés está afectando a nuestra salud mental?
El propio cuerpo las da. Cuando el estrés se mantiene durante mucho tiempo pueden aparecer síntomas de ansiedad, dificultades para dormir, cansancio constante, olvidos o falta de concentración. Son señales de alerta que indican que algo no funciona bien.
La psicóloga Aiora Larrañaga en la consulta.
¿Qué hábitos recomendaría para cuidar mejor la salud emocional?
El deporte es muy importante. No hace falta que sea algo intenso, simplemente realizarlo. También importa tener momentos de ocio y desconexión. Es fundamental, además, mantener relaciones sociales saludables.
¿Después de un día de trabajo escuchando problemas, ¿te sientes más feliz o más triste?
Diría que más feliz. No es fácil, pero es muy gratificante ver cómo las personas van avanzando y mejorando. Sentir que aportas tu granito de arena profesionalmente es satisfactorio.
Para terminar, ¿qué mensaje destacaría para las familias?
La importancia del tiempo en familia. No se trata de la cantidad del tiempo, sino de la calidad. A veces el día a día nos lleva ir corriendo de un sitio a otro y apenas tenemos momentos reales para estar juntos. Los fines de semana o los momentos libres son una buena oportunidad para conectar con los hijos. No hace falta hacer grandes actividades; simplemente estar juntos ya fortalece el vínculo, la comunicación y la confianza.