Hay trayectorias que se entrelazan con la historia de un pueblo hasta formar parte de ella. La de Inma Miguel es una de esas. Durante cerca de 40 años, su camino ha discurrido entre escenarios, fiestas, fotografías, proyectos y personas, siguiendo de cerca el latido cultural de Aretxabaleta y acompañando su evolución. Ahora empieza a tomar distancia de las tareas que han marcado su día a día durante tanto tiempo. Su jubilación será oficial a finales de diciembre, pero el cambio de etapa ya ha comenzado.
Llegó al Ayuntamiento con 22 años y ha vivido desde dentro la evolución cultural de Aretxabaleta. ¿Cómo recuerda aquellos comienzos y qué cambios destacaría de estas cuatro décadas?
–Cuando empecé todavía no existía la figura de responsable de Cultura tal y como la conocemos hoy. Me incorporé como dinamizadora sociocultural y, durante un par de años, también me encargué de Deportes y del polideportivo. Posteriormente, ambas áreas se separaron y me centré en Cultura. Más adelante, accedí a la responsabilidad del departamento mediante una promoción interna. La actividad cultural de entonces era mucho más limitada. Contábamos con el antiguo cine, de unas 700 localidades, y se organizaban algunas representaciones teatrales de manera puntual. En 1987 se celebró por primera vez el entierro del Txin y los carnavales empezaban a coger fuerza. El gran salto llegó en 2008 con la apertura de Arkupe, que supuso un cambio decisivo y permitió ampliar considerablemente la oferta cultural.
¿Qué ha tenido de especial trabajar en su propio pueblo?
–Conoces a la gente, los recursos y la realidad del municipio. Hay una relación muy directa con la ciudadanía, que te hace llegar sus propuestas y sugerencias. Es una satisfacción poder contribuir a dinamizar el lugar en el que vives y trabajar para que tenga actividad cultural.
La oferta cultural ha ido diversificándose con el paso del tiempo. ¿Cómo responde el público a esta variedad de propuestas?
–La respuesta del público es imprevisible. A veces traes una obra que te parece espectacular y acuden cinco personas; otras, una propuesta que no te convence tanto acaba llenando la sala. En general, Aretxabaleta consume cultura y agradece disponer de una oferta variada. Hemos conseguido crear hábitos, sobre todo en el teatro, aunque sigue siendo complicado atraer al público más joven. La mayoría de quienes asisten a un espectáculo tienen más de 40 años. Aun así, el programa está pensado para todas las edades; el infantil funciona.
La actividad cultural va mucho más allá de lo que ocurre sobre el escenario. ¿Qué trabajo implica organizar y planificar la programación?
–Además de diseñar la programación y seleccionar los espectáculos que se van a ofrecer, hay que ocuparse de toda la gestión que hay detrás: los trámites administrativos, los presupuestos, las ayudas y la coordinación con los distintos colectivos. La administración se ha vuelto cada vez más lenta y exige una dedicación importante. Detrás de cada actividad hay muchas horas de trabajo, tanto en la oficina como sobre el terreno. Mientras el público disfruta, quienes estamos detrás de la organización seguimos pendientes de cada detalle para que todo salga bien. La mayor satisfacción llega al ver la plaza llena y comprobar que la gente responde y disfruta de lo que se ha preparado.
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Carnavales, Sanmigelak y Andramaixak son tres fiestas imprescindibles. ¿Con cuál se queda?
–Con Andramaixak, sin ninguna duda. Son unas fiestas tranquilas, en las que disfruta la gente del pueblo; estamos las y los de Aretxabaleta.
Precisamente en Andramaixak han pasado grupos muy diferentes. ¿Hay alguno que recuerde de manera particular?
–Amparanoia, por la naturalidad de Amparo y también Barricada. El Drogas me pareció una persona muy cercana, humilde y simpática. Además, hemos traído a grupos que, como ETS, alcanzaron después una gran popularidad. Es bonito recordar que formaron parte de nuestra programación antes de dar ese salto.
Miguel delante de Arkupe, su segunda 'casa' desde que se pusiera en marcha en 2008.
Más allá de los espectáculos, también se han puesto en marcha proyectos que han contribuido a dar visibilidad a Aretxabaleta. ¿Qué destacaría de ese trabajo?
–Destacaría Argazkia.eus, el concurso de fotografía que ha contribuido a situar Aretxabaleta en el mapa de esta disciplina. Muchas veces la fotografía se ha considerado la hermana pobre de la cultura, como si bastara con sacar una foto con el móvil, cuando en realidad es mucho más. Creo que este certamen ha ayudado a darle el reconocimiento que merece.
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Implicación de mucha gente
Cuando mira atrás, ¿cómo valora los cambios que ha vivido la cultura en Aretxabaleta?
–Aretxabaleta es un pueblo con una vida cultural muy rica y variada. Detrás de ese dinamismo hay muchas personas y colectivos, con una juventud que también participa. La actividad cultural ha ido evolucionando y se ha enriquecido gracias a la implicación de quienes lo hacen posible. Ha habido épocas más sencillas y otras más complicadas, pero prefiero quedarme con lo positivo.
Después de tantos años al frente de la gestión cultural municipal, ¿considera que todavía hay margen para reforzar los recursos destinados a esta área?
–Creo que aún es necesario invertir más en este ámbito. Es importante que se entienda que la cultura no es un gasto, sino una inversión. Un pueblo con una agenda activa es un pueblo vivo, dinámico y con identidad propia. La cultura genera movimiento. Sin ella, un pueblo pierde una parte fundamental de su vida.
¿Qué mensaje dejaría a quienes tomen el relevo en el área de Cultura?
—Me gustaría que sigan impulsando la actividad cultural, programando, poniendo en marcha proyectos y apostando por nuevas propuestas. Cada etapa tiene su propia manera de hacer las cosas, y eso siempre es enriquecedor. Por mi parte, he intentado dar lo mejor de mí y tomar siempre las mejores decisiones, unas veces con más acierto que otras. También me llevo amistades y muchas experiencias compartidas con mis compañeros y compañeras.
¿Hay algo que le gustaría que quedara de todo este trabajo?
—Quiero dejar en el Ayuntamiento mi colección de fotografías, con imágenes de las fiestas y de distintos acontecimientos desde 1987. He ido reuniendo muchas. Y, si me lo permiten, seguiré colaborando para completarla.
Aunque ya ha comenzado a dejar atrás el trabajo diario, su jubilación oficial no llegará hasta el 30 de diciembre. ¿Cómo afronta esta nueva etapa?
–Tengo que reconocer que siento un poco de vértigo. Me apetece dedicar tiempo a otras cosas: pasear, leer, dibujar, hacer fotografías y, por qué no, disfrutar de los espectáculos desde el otro lado, como público. También quiero poder decidir cada día qué hacer y organizarme a mi manera.