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La calurosa vuelta de Pogacar

El esloveno, entonces un estimulante joven que debutó con 20 años, un podio y tres victorias en la carrera de 2019, retorna con el único objetivo de la victoria final para enfatizar aún más su estatus y unir a los cinco Tours y el Giro la victoria en la V
Tadej Pogacar celebra su victoria en Alpe d’Huez en el último Tour de Francia.
Tadej Pogacar celebra su victoria en Alpe d’Huez en el último Tour de Francia. / EP

Actualizado hace 9 minutos

En 2019, cuando Tadej Pogacar conoció la Vuelta, el esloveno representaba lo que tal vez vendría, una intuición, un augurio, de lo que se entiende por futuro. Fue tercero y brindó tres etapas. Venció en Cortals d’Encamp, en Los Machucos y en la Plataforma de Gredos. Llegadas que apuntaban al cielo. Una señal profética. Un anuncio. Todo era porvenir en la figura del veinteañero Pogacar, apenas un muchacho con excelentes referencias. Lo que nadie imaginó es que el genio esloveno era un Prometeo, el hombre que venía del futuro. La Vuelta de su debut fue el anticipo de lo que en un fulgurante vuelo promovió después, el nacimiento de la mayor y más luminosa estrella de las últimas décadas. El esloveno no era un representante del futuro. Era el futuro de cuerpo entero. Un ciclista incomprensible y desmedido. Entre su contacto inicial con la carrera española y su reencuentro, Pogacar ha conquistado cinco Tours (2020, 2021, 2024, 2025 y 2026), el último hace menos de un mes, un Giro, en 2024, los dos últimos Mundiales y 13 Monumentos. Es el resumen de sus 127 victorias hasta la fecha.

Desde su estreno en la Vuelta al Pogacar del presente, el muchacho es el único ciclista que compite con la historia y con la leyenda de Eddy Merckx, al que se le aproxima. El Caníbal que todo lo devoró, sobre todo la voluntad, la esperanza y la ilusión de tantos hombres, campeón de todo, es la única arruga en el ceño de Pogacar, que negocia una ampliación de contrato con el UAE, su formación. El belga conquistó cinco Tours, cinco Giros y una Vuelta, la de 1973, en la que cosechó media docena de etapas. Su palmarés no resiste comparación. Hasta ahora, al menos. El esloveno persigue con descaro y sin disimulo a Merckx, donde se ve representado. Por eso acude a la Vuelta, la carrera que le falta para anillar las tres grandes y completar el muestrario de maillots: el amarillo del Tour, el rosa del Giro y el rojo de la Vuelta. El ciclista de todos los colores.

Pogacar es una certeza imbatible desde 2024, desde que se convirtió en una ley física. Nada ni nadie le derrota. Queda la sensación de que el esloveno es un holograma de algo que no puede existir. Tal es su superioridad, su capacidad para empequeñecer al resto, su resistencia inagotable, infatigable su carrera de acumular récords. Cabe el riesgo de confundirlo con un ser mágico. En el arco temporal que une el puente de ambas ediciones de la Vuelta, Pogacar actúa como un Merckx moderno. Se desconoce si como el belga, que conquistó la Vuelta de 1973 con seis victorias de etapa en el hatillo, confundirá una pancarta del Partido Comunista con una de un esprint bonificado y se dará prisa para que nadie sea mejor que él incluso en los asuntos menores.

En las cuestiones mayores no existe competidor habilitado para poder aproximarse a su estela ni con prismáticos. En la Vuelta, la identidad del vencedor no cotiza en el parqué bursátil de los misterios. Resta por saber cómo, cuál será el modus operandi para lograr el trofeo y cuánta será la distancia respecto al resto. La lucha por compartir pose con el esloveno en el podio a modo de acompañante parece el único enigma a desvelar en la travesía de una competición que celebra con descaro al esloveno, su único rey. Salvo el azar y los designios de la carrera, a modo de emboscada por accidente u otros factores, no se adivina una oposición real a Pogacar, que además contará con un magnífico equipo a su servicio, donde destaca Joao Almeida, segundo en la pasada edición de la Vuelta. Entre el resto, Felix Gall, segundo en el Giro, parece un ciclista sólido para el podio, al igual que Richard Carapaz, Oscar Onley, Mattias Skjelmose, Santiago Buitrago, y queda por ver el papel de Enric Mas y Cian Uijtdebroeks en el Movistar. Además, Primoz Roglic, cuatro veces campeón de la Vuelta, tratará de estar entre los mejores, si bien no llega con las mejores sensaciones a la carrera de sus ojos.

Su único rival

En realidad, hace tiempo que Pogacar compite contra sí mismo, atendiendo únicamente a sus deseos, logros, laureles, trofeos y palmarés. Sin rivales que le presionen y le desestabilicen en sus últimos cursos, todo lo que no se aproxime a una victoria por aplastamiento del esloveno en la Vuelta será un acontecimiento extraordinario. Insólito. Algo como otro eclipse completo del sol. Quien ha intentado acercarse a Pogacar, Ícaros con sueños de vuelos magníficos, han ardido al tratar de tocarle. Fundidas las alas de cera. No las de Pogacar, un Pegaso, caballo alado, el ciclista que observa al resto desde el cielo, desde la atalaya de una plano cenital. Una deidad contra humanos, humildes hombres ante el todopoderoso.

Con ese rango alcanza Pogacar hoy la cita española que da cuerda al reloj de la Vuelta, 21 etapas, 3.275 kilómetros y 58.000 metros de desnivel, en Mónaco. El esloveno es vecino del Principado monegasco. En sus calles, trazadas para los ricos de reviradas fortunas, con su famoso casino como símbolo y la Fórmula-1 como escaparate, arrancará la carrera con un crono de 9,6 kilómetros. Una vez activado el contador de la Vuelta, la prueba mirará a las alturas con una llegada a Font Romeu en el tercer día de competición y una jornada exprés en Andorra con tres puertos de primera y un tercera en apenas 104 kilómetros. Una crono, aunque corta, y suficiente montaña para que Pogacar pueda resolver la Vuelta para la cuarta entrega de la carrera y que el resto se convierta en el monólogo de siempre. Sucedió en las tres últimas entregas del Tour y el Giro. También en las clásicas. Salvo la París-Roubaix. El resto es un hojaldre donde se apilan las victorias del esloveno.

Los rivales por el podio

Primoz Roglic. Campeón de La Vuelta 4 veces. Compatriota de Tadej Pogacar, Primoz Roglic acude a la Vuelta con la idea de ir día a día después de una complicada aproximación. Buscará ser competitivo y asomarse al podio.

Felix Gall. Segundo en el Giro del presente curso. El austriaco es un escalador puro. Fue segundo en el Giro tras Vingegaard. En la Vuelta, que acumula mucha montaña, tiene la opción de estar arriba si no se le acumula la fatiga de Italia.

Richard Carapaz. Vencedor del Giro de Italia en 2019. Segundo en la Vuelta de 2020, el ecuatoriano se mostró muy fuerte en la tercera semana del Tour. Destacó por su carácter luchador en algunas de las jornadas más duras. Ganó dos etapas. 

El recorrido de la Vuelta se deslizará después por la costa del Mediterráneo para dar con el sterrato en la sexta jornada, con final en Castellón. En la ascensión a El Bartolo, el pelotón dejará su huella sobre la tierra en un tramo de más de kilómetro y medio. Girará la carrera hacia Aragón para el final en alto en Valdelinares. El primer bloque se cierra con la subida a Aitana en una jornada dura, con seis ascensiones, entre ellas la de El Miraset. Después de la jornada de descanso, irrumpirá Andalucía, el territorio que determinará la identidad de la Vuelta, que se espera bochornosa, horneada y calurosa. En la decimosegunda etapa, el final en Calar Alto será un escenario para la lucha de los mejores. Esa misma semana, el sábado, el remate lo fijará la Sierra de la Pandera, otra ascensión bronca y dura. Concluye el segundo tramo de la Vuelta en Córdoba.

Al regreso del último día de asueto, tras dos jornadas más serenas, emergerá la segunda contrarreloj entre el Puerto de Santa María y Jerez de la Frontera, de 32 kilómetros, en la tercera semana de competición cuando la Vuelta, volcada del todo en el sur, se achicharre al sol y la carrera sea un tratado de supervivencia con el aspecto de un western crepuscular. Peñas Blancas, al día siguiente, será la arista que mida a los ciclistas en las alturas antes de adentrarse en la última gran jornada de montaña, que acumula 5.000 metros de desnivel y concluirá en el desconocido Collado del Alguacil. Antes, una doble subida a El Purche y El Duque marcarán una etapa durísima que servirá como colofón. Eso será la antesala del cierre, que espera en la maravillosa e hipnótica Granada el 13 de septiembre, con La Alhambra como pináculo y punto de fuga de la carrera. Allí aguardará la coronación del emperador esloveno. La calurosa vuelta de Pogacar.

2026-08-22T07:02:43+02:00
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