Vida y estilo

Katixa Agirre: "Todos somos familia de alguna manera"

En 'Servicio interior' la autora gasteiztarra recupera la historial real de la Red Álava que actuó en Euskadi
'Servicio interior' es la última novela de Katixa Aguirre.
'Servicio interior' es la última novela de Katixa Aguirre. / Natalia Garcia Zamora

Actualizado hace 7 minutos

Rescatando del olvido la fascinante historia real de la Red Álava, compuesta por mujeres corrientes convertidas es “espías”, la escritora gasteiztarra Katixa Agirre relata en Servicio interior una labor asistencial que acabó estructurando una compleja formación secreta de resistencia y transmisión de información militar.

Con un original pulso narrativo que recuerda a escenas cinematográficas, nos desvela los entresijos de una investigación que le llevó a explorar las sombras de la memoria histórica, la delgada línea entre la realidad y la ficción, y el trágico destino de figuras pioneras y silenciadas. Porque pocos son conocedores de que la resistencia y el coraje cotidiano de unas mujeres consideradas invisibles cambiaron el rumbo de nuestra historia.

En Servicio interior rescata la historial real de la Red Álava. ¿El libro era al final un mejor formato que el guion cinematográfico? 

-Eso de que parecía una película es algo que yo pensé al conocer la historial real de estas mujeres: esa peripecia en ese contexto histórico. Pero, claro, yo no soy cineasta. Hacer cine es muy complicado, implica a muchas personas y muchísimo dinero. Pensé: “Bueno, ¿y por qué tiene que ser una película? ¿Qué nos da el cine que no nos da la literatura? ¿O hasta dónde va a poder llegar la literatura que el cine quizá no?”. En ese juego entre estos dos medios de expresión, decidí escribir una novela guiando al lector y convirtiéndolo en el espectador.

Las protagonistas son mujeres corrientes que “al principio no saben que son espías”. ¿Qué le atrajo de lo cotidiano para esta historia de resistencia?

-Son historias que no suelen aparecer en los libros de historia. Las pequeñas gestas de mujeres que actúan en base a su conciencia y llegan todo lo lejos que puedan llegar, ¿no? Porque ellas llegaron a jugarse la vida haciendo esto. Sin embargo, lo hicieron con total humanidad y pensando que era lo que les tocaba. Empezando con trabajos puramente femeninos como eran entrar en las cárceles a alimentar a los presos, llevarles cartas clandestinas después... La cosa fue creciendo casi sin que ellas se dieran cuenta. Consiguieron una red muy amplia y efectiva que pudo ser utilizada por los aliados a la hora de sacar información de lo que estaba ocurriendo en la España de Franco. En cuestión de tres años, de ayudar a los gudaris presos, acabaron trabajando para los servicios secretos franceses y británicos.

Una de sus anteriores novelas, Las madres no, destacó por explorar las complejidades y las sombras de la maternidad. ¿Siente que hay un hilo conductor entre ambas al dar voz a experiencias femeninas a menudo silenciadas?

-Sí, esa es una de mis motivaciones. Y la época en la que vivimos también, este siglo XXI en el que nos vamos dando cuenta de la diversidad del mundo, y de que la experiencia que vale no es solo la de los hombres. Vamos viendo que hay otras identidades, la más amplia: las mujeres que se han silenciado a lo largo de la historia. Hablar desde ahí, y además porque soy mujer también, me resulta una de las grandes motivaciones.

La escritora Katixa Aguirre.

La escritora Katixa Aguirre. Natalia Garcia Zamora

Como escritora de Gasteiz, ¿de qué manera influye su identidad en su forma de narrar las historias basadas en hechos reales sucedidos en nuestros territorios?

-Mi gran conexión con los hechos es geográfica. El saber que aquí por donde yo piso, pisaron ellas, y que aquí por donde yo paseo, ocurrió mucho sufrimiento. Me gusta mucho ir con mis hijos por Bilbao y contarles: “Mirad, aquí había un búnker, porque aquí venían aviones alemanes y bombardeaban a la gente”. Sabes que eso pasó hace no tanto, tres o cuatro generaciones atrás... O estar mirando Artxanda e imaginarme cómo bajaban los fascistas ya el último día de guerra aquí, ¿no? El horror que sería aquello. También para apreciar lo que es vivir en paz después de todo lo que hemos pasado, que no fue solo la guerra, sino todo lo que vino después también.

La memoria histórica juega un papel fundamental en un momento en el que todo parece estar en debate. ¿La ficción nos ayuda a comprender y a sanar heridas? 

-Totalmente, la ficción lo hace mucho mejor que los historiadores. Tienen la labor de rescatar esa historia y formar un discurso, pero ese tiene que llegar a la gente y tiene que conformar un imaginario. Es muy difícil convivir o vivir en paz si no tenemos un imaginario mínimo de lo que pasó. Normalmente, la tendencia ha sido no mirar aquello, poner una gran barrera entre el pasado y el presente. Creo que no existe tal barrera, el pasado nos influye hoy en día. Todo es un proceso, no hay departamentos estancos. Si la cultura vasca y el euskera se han mantenido después de toda esta dictadura y todos esos años oscuros, también fue porque hubo gente que decidió resistir sin hacer grandes aspavientos. Pero lo consiguieron.

De estas mujeres no nos separan muchas generaciones, pero “estaban hechas de otra pasta”. ¿Qué lección de valentía nos dan cuando preferimos mirar hacia otro lado?

-Hay que estar preparados para las cosas que salen mal, y a la primera de cambio no podemos tirar la toalla. Y eso sí que lo vi. Por ejemplo, en la pandemia hubo una desesperanza general -y no me refiero a la gente que perdió familiares, por supuesto es una tragedia-, sino a la gente a la que no dejaban salir de casa por estar confinado. Aquello se llevaba como si fuera la gran tragedia de tu vida. Luego lees un poco de historia no muy lejana, o incluso cosas que están pasando hoy en el mundo en otros lugares y dices: “La tragedia es eso”. Y hay gente que incluso en esas tragedias no agacha la cabeza, se levanta, lucha y resiste hasta el final. Se puede resistir hasta el final y puede acabar bien si lo peleas.

Juanita Mir

Si Katixa Agirre tuviera que quedarse con una de las historias que más le sorprendió durante su proceso de investigación para Servicio interior, sería la de Juanita Mir. Fue “la primera y única periodista que había en Bilbao en tiempos de guerra”. Tal y como lo cuenta la autora gasteiztarra, tenía su propia columna en el diario llamada La mujer escribe: “Ya su columna era toda una reivindicación”.

Y es que, “precisamente por haberla escrito y por haber denunciado lo que ocurrió en Gernika y en otros pueblos de Bizkaia bombardeados, fue vilmente asesinada por el régimen”. “Fue juzgada de manera sumarísima y ejecutada en Bilbao. Esta historia me pone los pelos de punta. Un personaje así, tan pionero, que podría habernos dado tanto..., y que fuera vilmente asesinada, me llena de rabia”, reivindica Agirre.

Tras haberse sumergido en el espionaje de la Segunda Guerra Mundial, ¿existe algún otro hecho real en el que le gustaría basar alguna de sus futuras novelas?

-Hay varios que se mencionan en la propia novela, porque hay muchísimas películas que se pueden hacer. La propia vida del lehendakari Agirre. Sé que ha habido proyectos cinematográficos y que nunca han llegado a buen puerto. Todavía está por hacerse esa película.

Con quien comparte apellido, por cierto... ¿Existe algún lazo familiar o es pura casualidad?

-Sí, es casualidad. Agirre es un apellido muy común. El suyo procedía de Gipuzkoa, el mío de Álava. Creo que no somos familia, quitando que todos somos familia de alguna manera, según hasta dónde vayas hacia atrás. Y, bueno, la vida de Juanita Mir también podría ser muy digna de película. Ya hay una novela sobre ella, pero se podría reivindicar más esa figura como pionera del periodismo y después víctima del franquismo. Se me ocurren más, pero esas me las guardo (sonríe).

2026-09-27T09:46:25+02:00
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