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Vida y estilo

Iñigo de Miguel, investigador: “Necesitamos ángeles de la guarda para los datos de salud”

El Espacio Europeo de Datos de Salud (EEDS) abre una nueva etapa en la forma de compartir y utilizar la información sanitaria. El reto será aprovechar el enorme potencial de los datos sin perder de vista la privacidad y los derechos de los ciudadanos
Iñigo de Miguel es experto en ética y regulación de datos sanitarios.
Iñigo de Miguel es experto en ética y regulación de datos sanitarios. / Berbés

Actualizado hace 3 minutos

“Ya no sabemos dónde acaba la ciencia ficción y dónde empieza la realidad». La inteligencia artificial y el acceso a grandes volúmenes de datos sanitarios abren una nueva era para la investigación y los tratamientos, pero también obligan a reforzar las garantías y la confianza de la ciudadanía. Iñigo de Miguel, investigador y experto en ética y regulación de datos –participante en la jornada de la Fundación Instituto Roche sobre el Espacio Europeo de Datos de Salud–, analiza las claves de este nuevo escenario y sus desafíos.

Quién es

Iñigo de Miguel Beriain es Ikerbasque Research Professor e investigador distinguido de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). También es vocal de la Junta Directiva de la Asociación Española de Derecho Sanitario (AEDS), presidente del Comité de Ética de Medicamentos de Euskadi y miembro del comité de bioética de España. Es especialista precisamente en los aspectos jurídicos y éticos del Espacio Europeo de Datos de Salud (EEDS).

¿Qué es el Espacio Europeo de Datos de Salud (EEDS)?

El Reglamento europeo crea un marco común para que los ciudadanos puedan acceder y compartir sus datos sanitarios y para que estos puedan reutilizarse, bajo condiciones de seguridad, en investigación, innovación, políticas sanitarias y otros fines de interés público. El reglamento entró en vigor en marzo de 2025, pero su aplicación será gradual: las primeras grandes obligaciones comenzarán en marzo de 2029.

¿Cuál es el principal reto ético que plantea su creación?

Que los datos no se utilicen para lo que no queremos que se utilicen. Ese es el principal problema y la cuestión es cómo conseguimos garantizarlo. No es tanto un reto ético como tecnológico: se trata de garantizar que lo que te estamos ofreciendo es realmente lo que te estamos vendiendo.

¿Cómo se puede equilibrar la protección de la privacidad individual con el interés colectivo de impulsar la investigación biomédica?

A través de las garantías. Esa es la palabra clave. En realidad, lo que se ofrece es un pacto: Cedednos vuestros datos y, a cambio, os aseguramos que se van a utilizar para aquello que queremos que se utilicen. En el fondo hay tres grandes finalidades: mejorar la calidad del servicio sanitario, utilizarlos para la docencia, e impulsar la innovación y la investigación. Además, existen otros usos reservados a las Administraciones públicas, relacionados con la mejora de las políticas sanitarias o la salud pública. Hay incluso algunas situaciones especialmente importantes en las que ni siquiera habrá un derecho de los ciudadanos a oponerse. Es algo que puede limitarse cuando están en juego intereses que consideramos particularmente relevantes.

¿Es importante la anonimización de los datos en un contexto de inteligencia artificial y análisis masivo de información?

A día de hoy, los conceptos de anonimización y pseudonimización están muy discutidos desde muchos puntos de vista. Lo que sí diría es que una pseudonimización bien hecha debería ser más que suficiente para protegernos, por una razón muy sencilla: revertirla, si está bien hecha, cuesta bastante más dinero de lo que valemos tú, yo o cualquiera. Hay una cierta paranoia con qué pasaría si se revierte la anonimización, pero no somos tan importantes. Es como si vas a una playa y dices: hay veinte paparazis sacándome fotos. Pero ¿quién me va a sacar fotos? A un famoso puede, pero al resto de los mortales, no.

¿Hasta qué punto deberían mantener los pacientes el control sobre el uso secundario de sus datos para investigación e innovación?

Lo ideal sería que lo mantuvieran, pero eso no va a pasar. El problema es que muchas veces partimos de la idea del consentimiento creyendo que todo va a ir bien. Es tan absurdo como pensar que, porque has accedido a casarte conmigo, esto va a ir como miel sobre hojuelas. Es una sandez. Si de verdad queremos estar protegidos, lo que necesitamos es que quienes saben de esto velen por nosotros. No necesitamos estar megaempoderados en términos de gestión de nuestros datos. Necesitamos tener excelentes ángeles de la guarda. Hay que dejar de pensar que nosotros, como personas, vamos a ser capaces de tomar siempre buenas decisiones, porque no es verdad. Lo que tenemos que hacer es confiar en que quienes tienen que velar por todo esto lo hagan bien. Y, si no lo hacen, ya les pediremos responsabilidades. El peor escenario posible es creer que cada ciudadano va a ser capaz de gestionar perfectamente sus datos. Basta con ver lo que la gente cuelga en las redes sociales. Ahí no tienes ningún ángel protector.

Iñigo de Miguel Beriain es Ikerbasque Research Professor.

Iñigo de Miguel Beriain es Ikerbasque Research Professor. Berbés

¿Existe el riesgo de que la ciudadanía perciba el Espacio Europeo de Datos de Salud como una pérdida de autonomía?

Claro que existe, porque hay una pérdida de autonomía. La cuestión es si eso es bueno o malo. Y yo entiendo que no hay nada malo en perder una parte de nuestra autonomía si existe un bien público que lo requiere. Por ejemplo, pierdes autonomía cuando la policía te para en la carretera y te pide una muestra. No puedes negarte. ¿Es un problema? No, porque existe un bien público, la seguridad vial, que lo exige. En un mundo en el que todos fuéramos absolutamente autónomos probablemente estaríamos peor. La cuestión es saber si la renuncia está justificada. Yo, por ejemplo, donaría los órganos de todas las personas después de su muerte, porque todavía no he conocido un buen motivo para oponerse. La mayor parte de las razones son miedos infundados, creencias, supersticiones o teorías conspiranoicas. Y del mismo modo, hay gente que nunca va a aceptar que es necesario procesar datos para conseguir mejores tratamientos. Si fuera por mí, no tendría ningún problema en decir: Si tú no aportas los datos, no te beneficias de los tratamientos. Eso no lo vamos a hacer, pero sería lógico, porque lo contrario favorece comportamientos de gorrón.

¿Qué mecanismos son necesarios para generar confianza y legitimidad en el uso de los datos de salud a escala europea?

En todas las escalas, lo que necesitamos es ser buenos en las tecnologías que van a garantizar que no haya filtraciones. No tiene por qué haberlas. Y también tenemos que perseguir de verdad a quien haga un mal uso de los datos. No es posible asegurar al cien por cien que alguien vaya a utilizar un sistema de inteligencia artificial y consiga llevarse datos. Eso es casi imposible. La normativa prevé garantías y, de hecho, creo que somos bastante garantistas. Eso incluso puede lastrarnos en algunas cosas. Pero diría que tenemos que estar muy tranquilos. Llevo muchos años trabajando en esto y he visto muy pocos casos de utilización indebida de datos en el sector sanitario. En el ámbito del uso secundario de datos para investigación existen compartimentos completamente estancos. Es muy difícil que esos datos acaben utilizándose para otras finalidades. Saltarse la normativa es dificilísimo y en algunos países incluso constituye un delito.

¿Cómo evitar que los beneficios derivados del uso de los datos se concentren en determinadas empresas y no reviertan en toda la sociedad?

Todo depende de qué consideremos beneficio y de dónde queramos que revierta. Evidentemente, los interesados en todo esto serán la industria farmacéutica y las empresas pequeñas. Mucha gente está arriesgando su dinero para crear una startup o desarrollar un producto sanitario que puede servir y entiendo que es justo que pueda obtener un beneficio. Son empresas que generan algo bueno para la sociedad al crear un producto innovador que nos beneficia a todos. Pero sí existe una cuestión: ¿habrá una compensación para la sociedad que cede sus datos? Ahí sí entiendo que las Administraciones públicas pueden marcar territorio. Podrían decir, por ejemplo: Tú puedes entrenar tu sistema de inteligencia artificial con los datos de los vascos, pero, a cambio, tendremos durante dos años un uso gratuito de esta herramienta para Osakidetza. Eso sería una manera de revertir parte de los beneficios a la sociedad. Creo que es posible. No creo que haya nada en el reglamento que lo impida. Será una cuestión de las políticas que implementemos y de lo imaginativos que seamos.

¿Cuál es el principal reto para que el EEDS mejore la salud?

Hay varios y todavía queda mucho trabajo por hacer. Por ejemplo, está la cuestión de los datos genéticos. El reglamento establece que, en materia de datos genómicos, los Estados podrán introducir cláusulas adicionales. Creo que con lo que ya tenemos debería ser suficiente, si entendemos que no hacen falta genomas enteros para una investigación. Lo importante es que los filtros sean razonables y que quienes trabajan en los organismos de acceso entiendan qué es realmente necesario. Muchas empresas van a pedir genomas enteros, pero ahí están los organismos de acceso para decir que no. Y ahí acaba la historia. La parte verdaderamente interesante son las garantías y los filtros que tendrán que aplicar estos organismos y los espacios seguros. Vamos a necesitar organismos de acceso e intermediarios de calidad. Pero hay que pagarlos. Ese es el problema.

¿Qué oportunidades abre el EEDS para la investigación biomédica y las terapias avanzadas?

Permitirá disponer de muchísima información valiosa para que los investigadores puedan avanzar. Ahora mismo no sabemos todo lo que nos estamos perdiendo, pero lo iremos descubriendo. Hay que combinar mejores datos con sistemas de computación mucho mejores para entenderlos. La confluencia de esas dos cosas puede hacer que el avance sea exponencial. Ahora hablamos de avatares, gemelos digitales e inteligencias artificiales generativas. Estamos en otro mundo. Ya no somos el humano frente a la máquina. Ahora somos el humano con la inteligencia artificial frente a mejores datos. Si combinamos todo eso, lo que antes tardábamos veinte años quizá podamos hacerlo en uno. El mayor problema es que ya no sabemos dónde acaba la ciencia ficción y dónde empieza la realidad. Los avances van a ser muy rápidos, porque hay muchísima gente trabajando en paralelo con herramientas diferentes. El reto será canalizar toda esa información de una manera que sea digerible. Porque si no, el problema será el ruido: saber distinguir qué vale y qué no vale.

2026-08-29T12:26:44+02:00
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