Cultura

Igor Yebra, sobre la esclerosis múltiple: "Lo que me ha imposibilitado en el cuerpo me lo ha abierto en el pensamiento"

El bailarín bilbaino, apartado de los escenarios hace nueve años por la enfermedad, publica su autobiografía y rechaza hablar de aceptación: "Simplemente aprendes a vivir y a convivir con ello"
Igor Yebra. / EFE

El bailarín Igor Yebra, a quien la esclerosis múltiple apartó de la danza hace nueve años, rechaza hablar de "aceptación" y sostiene que lo que le ha quitado en el cuerpo se lo ha abierto en el pensamiento, tras la publicación de una autobiografía con la que ha hecho pública la enfermedad.

"¿Qué vas a aceptar? Sería falso y estúpido decir que acepto una situación que no quiero y no le desearía a nadie", ha explicado en una entrevista con el exmarido de la presentadora y actriz Anne Igartiburu, a propósito de '¿Por qué somos tan estúpidos y no estamos ya bailando?' (BAO Bilbao Ediciones).

"Simplemente aprendes a vivir y a convivir con ello", ha explicado, y ha añadido que el proceso "es diario, esto no se pasa, porque cada día cambia".

En el libro reconstruye su carrera y un proceso que arrancó en 2015, cuando un pitido en un oído le llevó a una resonancia que no halló nada anormal allí pero sí lesiones en el cerebro.

Yebra (Bilbao, 1974) se formó en la escuela de Víctor Ullate en Madrid y debutó en el Teatro Arriaga en 1987, en la compañía de Ullate, donde bailó hasta 1996. Después hizo carrera por libre y consolidó fuera del Estado su categoría de primer bailarín, primero en el Australian Ballet, entre 1997 y 1999, y más tarde como 'étoile' del Ballet de la Ópera de Burdeos, entre 2002 y 2016, y como primer bailarín invitado en la Ópera de Roma.

Como artista invitado pasó por el Ballet Nacional de Cuba, La Scala de Milán, el Scottish Ballet, el Teatro San Carlos de Nápoles o la Ópera de El Cairo, con un repertorio que abarcó los grandes clásicos, el neoclásico de George Balanchine y piezas contemporáneas de William Forsythe o Jirí Kylián.

En 2004 fue el primer no ruso que protagonizó en el Kremlin 'Iván el Terrible', el ballet de Yuri Grigórovich por el que había empezado a bailar. "Fue un sueño hecho realidad, pero pasó y no lo disfruté. Y eso es una tristeza", ha admitido, y lo ha contrapuesto a lo que le ocurre desde el diagnóstico, porque "ahora disfruto de cada cosa, por mínima que sea".

Su palmarés incluye el Gran Premio del Concurso de Eurovisión para Jóvenes Bailarines en París en 1991, el italiano 'Danza & Danza' al mejor bailarín de 1996 y el Léonide Massine de 2003. Además, en 2009 entró en el Consejo Internacional de la Danza de la Unesco, un año antes de ser nombrado Ilustre de la Ciudad de Bilbao.

Retirada de los escenarios

Antes del adiós hubo una retirada silenciosa, que en el libro ha descrito como negación, escondite y trabajos rechazados con excusas, "hasta que poco a poco el teléfono dejó de sonar". Su última función como bailarín llegó en 2017, en el Bilbao Arena, con 'Zorba el griego', treinta años después y en la ciudad donde empezó, de modo que, ha escrito, "se cerró el círculo". "¿Cómo te retiras de algo que amas, que es tu vocación, tu vida y tu razón de ser? La vida te retira, sin más. Ese es el aprendizaje", ha destacado.

En 2018 asumió la dirección del Ballet Nacional Sodre de Uruguay, en sustitución de Julio Bocca, y pese a que siempre dijo que jamás dirigiría una compañía, cerró esa etapa tres años después "con todos los premios y halagado por todo el mundo".

En 2004 fue el primer no ruso que protagonizó en el Kremlin 'Iván el Terrible', el ballet de Yuri Grigórovich por el que había empezado a bailar. EFE

También fue entonces nombrado Ciudadano Ilustre de Montevideo. Ya sin bailar dirigió la escuela del programa de televisión 'Fama, a bailar', firmó coreografías para ópera y musicales, creó 'El Cisne XXI' -versión masculina de 'La muerte del cisne'-, y subió por última vez a un escenario como actor, junto a Eusebio Poncela, en 'El beso de la mujer araña'.

El Gobierno Vasco firmó en junio de 2025, a través del Instituto Etxepare, un acuerdo con el centro coreográfico nacional francés Malandain Ballet Biarritz para acompañar a los creadores vascos, y el pasado septiembre anunció una nueva etapa de esa alianza.

Yebra ha aplaudido ese respaldo a la danza, aunque ha puesto una objeción: "No es nuestra, es francesa. Es como nacionalizar a un jugador para que juegue en tu equipo. A mí no me interesa ganar títulos y poner medallas".

"Aquí tenemos un conservatorio superior, pero no tenemos conservatorios de grado medio ni elemental de danza, hay uno solamente en Vitoria, cuando debería haber uno en cada capital", ha dicho, antes de señalar que "en vez de eso, nos vamos a buscar una compañía fuera".

Tras cerrar en 2025 la escuela que abrió en Bilbao en 2006, el bailarín sigue dispuesto a participar en proyectos artísticos que despierten su interés. "Soy un incapacitado, soy un discapacitado, y además lo soy oficialmente", a lo que ha añadido el reverso: "para otras cosas soy un supercapacitado". "Lo que me ha imposibilitado en el cuerpo me lo ha abierto en el pensamiento. La libertad que tengas en tu mente es lo más valioso que un ser humano puede tener", ha sentenciado.

18/10/2026