Gipuzkoa

"Hemos vivido muy a gusto aquí": la despedida de las últimas cuatro monjas de La Merced

A finales de septiembre, las hermanas Marisol, María Luisa, Ana Mari y Pilar dejarán su hogar. Su marcha cerrará 134 años de historia de las Mercedarias en Arrasate y abrirá una nueva etapa para el edificio, que fue colegio hasta 2008
Las hermanas Marisol, Ana Mari, Pilar y María Luisa han cuidado de La Merced y han hecho de ella “una casa” abierta al pueblo. / Anabel Dominguez.

Entrar por la puerta del antiguo colegio La Merced de Arrasate es adentrarse en un edificio suspendido en el tiempo. El silencio que envuelve sus pasillos contrasta con el bullicio de los cientos de alumnas y alumnos –durante mucho tiempo, solo chicas– que a lo largo de décadas llenaron sus aulas. Hace 18 años que aquellos sonidos desaparecieron. Hoy son cuatro las hermanas Mercedarias que siguen habitando este inmenso inmueble, cuidándolo con el mismo mimo de siempre. Cada uno de sus rincones es testigo de una historia que encara su último capítulo.

A finales de septiembre cerrarán la puerta por última vez. “Es lo que hay. Antes o después tenía que llegar”, admite Sor Marisol Pagalday. Esta arrasatearra, oriunda de Gesalibar, forma parte del reducido grupo de cuatro religiosas que aún permanecen en La Merced. Las otras tres son la soraluzetarra Sor María Luisa Maquinay, la legazpiarra Sor Ana Mari Plazaola y la zaragozana Sor Pilar Riglos, natural de Ejea de los Caballeros. Entre la más joven, de 76 años, y la mayor, de 87, suman toda una vida dedicada a la enseñanza, la atención sanitaria y la comunidad. Son las últimas guardianas de una casa que durante generaciones fue mucho más que un colegio.

El Ayuntamiento comprará el edificio

La despedida llega después de que el Ayuntamiento alcanzara un acuerdo con la Congregación de las Hermanas Mercedarias de la Caridad para la compra del edificio. La operación, que previsiblemente se formalizará a comienzos de 2027, permitirá transformar la antigua escuela en un complejo con viviendas de alquiler para jóvenes y un equipamiento dirigido a desarrollar un modelo residencial de cuidados para personas mayores. 

Lejos de afrontar el cambio con nostalgia, miran con serenidad hacia el futuro de su todavía hogar. “Yo soy del pueblo y me parece chapó el proyecto”, afirma Sor Marisol sin titubear. Sor María Luisa encuentra, además, un vínculo con la misión de las Mercedarias. “Dentro de nuestro carisma también trabajamos mucho lo social, así que nos alegra que este inmueble siga sirviendo para personas que lo necesitan, que precisan cuidados”.

República Dominicana, residencia Iturbide, hospital de Leza...

Aunque hoy comparten destino en Arrasate, sus trayectorias han transcurrido por lugares muy distintos.Con 27 años, Sor María Luisa llegó a la villa cerrajera para dar clases en preescolar, antes de pasar 24 años como misionera en República Dominicana y Panamá. Sor Pilar formó parte de la comunidad que vivió el traslado al edificio de José Luis Iñarra Pasealekua e inauguró el nuevo centro escolar en 1969. Ana Mari trabajó en la residencia Iturbide y, ya jubilada, continuó colaborando en su capilla. Marisol, por su parte, ejerció como enfermera en Otxarkoaga, Eibar, Leza y Amara, en Donostia, antes de regresar a su localidad natal en 2004 tras concluir su etapa profesional. 

Su marcha no es una sorpresa. Es un desenlace anunciado que llevan preparando desde hace tiempo, mientras vacían décadas de memoria administrativa. “¿Sabes toda la documentación que hemos tenido que retirar? Y la que queda. Se ha guardado hasta la última factura, todas las inscripciones, solicitudes...”, comenta Sor María Luisa. El proceso parece no acabar nunca. “Cuando el colegio dejó de funcionar salieron camiones cargados de pupitres. No hemos parado de sacar cosas”, añade. Aquel cierre respondió, asimismo, a una realidad que desde hace años afecta a numerosas congregaciones religiosas: el progresivo descenso de vocaciones y el envejecimiento de las comunidades. De la amplia red educativa que las Mercedarias llegaron a mantener en Euskadi, actualmente solo siguen abiertos los colegios de Gasteiz y Leioa.

Las cuatro hermanas Mercedarias durante el transcurso de la entrevista. A.D.

Desde 1892

La historia de las Hermanas Mercedarias de la Caridad en Arrasate comenzó en 1892. La orden se instaló inicialmente en el convento de San Francisco, en el que desplegó una intensa tarea educativa y sanitaria. Allí estuvo al frente del hospital-asilo y del dispensario antituberculoso, a la par que se ocupaba de la faceta docente. Con el transcurso de los años, la enseñanza encontró su sede en el edificio inaugurado en 1969 en José Luis Iñarra Pasealekua, el mismo que ahora pasará a manos del Consistorio. Las religiosas ligadas a la atención sanitaria se incorporaron al antiguo Centro Asistencial, embrión del actual hospital, donde vivían y atendían directamente a las personas enfermas. Más adelante, compraron una vivienda en Biteri, sobre la oficina del BBVA, que se convirtió en su residencia, mientras seguían desempeñando esa labor asistencial.

Así que, de algún modo, las Mercedarias no se marcharán del todo de la localidad. Lo que llega a su fin es su historia en La Merced, durante muchos años uno de los grandes referentes educativos del municipio. En sus mejores años llegaron a convivir bajo su techo más de una veintena de monjas. Cuando el colegio echó la persiana en 2008, aún eran doce. Ocho de ellas han fallecido en este tiempo.

Yoga, cursos de costura, ensayos de la banda de Arrasate Musikal

Aquel cierre fue probablemente el momento más difícil. “El primer septiembre fue un silencio; un desierto. Decíamos: “Aquí falta algo”, rememora Sor Ana Mari. Pero el vacío duró poco. La Merced volvió a abrir sus puertas como un espacio al servicio del pueblo. Sus instalaciones han acogido grupos de taichí, yoga, biodanza, consultas de psicología, cursos de costura, los evangélicos, ensayos de la banda de Arrasate Musikal… Han dado alojamiento, a su vez, a una familia portuguesa que trabajaba en una empresa de rodamientos y han cedido espacio al Banco de Alimentos, que continúa utilizando parte del inmueble. “No hemos tenido tiempo de aburrirnos”, dice Sor María Luisa entre risas.

Visitas de exalumnos y exalumnas

Pero quizá las visitas más emotivas han sido las de los numerosos grupos de exalumnos y exalumnas que han regresado para recorrer de nuevo los pasillos, asomarse a las aulas y recoger las fichas escolares que las religiosas han conservado con tanto cariño. “Empezaron dos y se corrió la voz”, cuentan sonrientes.

Cada visita abría una conversación, un recuerdo o una fotografía olvidada. Entre todas ellas, Sor Marisol guarda una con especial afecto: "Vino una madre desde Vitoria la víspera de la boda de su hijo. Quería regalarle su ficha ese mismo día. ¡Qué bonito!”.

Entre reencuentro y reencuentro, la vida en La Merced seguía su ritmo habitual. Cocinar, limpiar, hacer la compra, atender el teléfono, recibir a quien llamaba a la puerta y resolver cualquier imprevisto que surgiera. Ningún trabajo ha sido de una sola. “Nos hemos complementado muy bien”, apuntan.

Ese espíritu de colaboración siempre ha ido acompañado de un fino sentido del humor, incluso en las situaciones más inesperadas. Las hermanas atesoran numerosas anécdotas, aunque hay una que sigue provocando carcajadas. Una noche, dos jóvenes entraron en el patio del colegio y Sor Marisol y Sor María Luisa fueron a comprobar qué ocurría. "Salimos con un hierro, muy valientes. María Luisa estaba sin velo y, cuando me vieron a mí, se quedaron tiesos. Debieron de pensar que habían visto a la Virgen", bromea Sor Marisol.

El antiguo colegio La Merced, inaugurado en 1969, puso fin a su actividad docente en 2008. A.D.

A Zumarraga, Gasteiz y al piso de Biteri

Después de tantos años de convivencia, se preparan para separarse. Los cambios de destino forman parte de la vida religiosa. Sor Pilar se mudará a Zumarraga, un lugar que conoce bien; Sor María Luisa irá a Gasteiz, donde colaborará en el colegio y en la residencia de las Mercedarias; y Sor Ana Mari y Sor Marisol apenas cambiarán de barrio: se unirán a la segunda comunidad de Mercedarias, formada por tres monjas, que reside en Biteri.

“Hoy estás aquí y mañana en otro sitio" , suelta Sor Pilar. Sus compañeras asienten. Ninguna dramatiza el adiós. A lo largo de su vida han tenido que adaptarse a nuevos lugares y responsabilidades. Esta vez, sin embargo, dejan atrás una casa que también forma parte de la memoria de miles de arrasatearras.

La Merced ha abierto sus puertas al pueblo; en sus instalaciones se han desarrollado clases de taichí, yoga, biodanza, consultas de psicología, cursos de costura, ensayos de Arrasate Musikal…

Homenaje en la parroquia el 20 de septiembre

Antes de despedirse definitivamente de La Merced, recibirán un merecido homenaje del pueblo el próximo 20 de septiembre, tras la misa del mediodía en la parroquia de San Juan. Será un reconocimiento a la huella que las Mercedarias han dejado en Arrasate durante 134 años.

“Hemos vivido muy a gusto aquí, muy bien acogidas. Ocupadas. Ha sido una casa abierta al pueblo, cercana a las personas y atenta a sus necesidades". Estas palabras se suceden casi sin dejar espacio entre una y otra. Sor Pilar escucha a sus compañeras en silencio. Cuando la conversación parece haber terminado, vuelve sobre una idea que, de alguna manera, sintetiza toda una vida: “La vida cierra una puerta y abre otra”.

Y eso es, precisamente, lo que está ocurriendo en el hogar de José Luis Iñarra Pasealekua. Dentro de dos meses, una vez celebrada la festividad de la Virgen de la Merced, el 24 de septiembre, las hermanas apagarán las luces del edificio y cerrarán por última vez la puerta que han abierto cada mañana durante décadas. Ellas se marcharán, pero el inmueble iniciará una nueva etapa. 

26/07/2026