Vida y estilo

Esto le pasa a tu cuerpo si comes embutidos todos los días

El consumo diario de chorizo, salchichón, jamón cocido o salami tiene efectos directos sobre la salud cardiovascular, digestiva y metabólica

Actualizado hace 4 minutos

El embutido forma parte de la dieta habitual de millones de personas. Es cómodo, sabroso, fácil de conservar y muy arraigado culturalmente. El problema aparece cuando su consumo deja de ser ocasional y pasa a ser diario. Comer embutidos todos los días no es inocuo para el organismo y, con los años, puede generar una serie de efectos que van mucho más allá de ganar algo de peso.

Los grandes efectos

Uno de los primeros impactos se produce a nivel cardiovascular. La mayoría de los embutidos son carnes procesadas con un alto contenido en grasas saturadas y sal. Consumidas de forma seguida, favorecen el aumento del colesterol LDL y elevan la presión arterial, lo que incrementa el riesgo de hipertensión, infarto y accidente cerebrovascular, incluso en personas jóvenes.

El segundo gran efecto afecta al sistema digestivo. Los embutidos suelen contener aditivos, nitritos, nitratos y conservantes que el cuerpo no metaboliza bien. Un consumo diario puede provocar digestiones pesadas, hinchazón, mayor retención de líquidos y alteraciones del tránsito intestinal. Además, al sustituir alimentos ricos en fibra, se favorece el estreñimiento y un peor equilibrio de la microbiota intestinal.

El paso del tiempo

Con el paso del tiempo, los efectos se vuelven más serios. La Organización Mundial de la Salud clasifica las carnes procesadas como alimentos con evidencia suficiente de aumento del riesgo de cáncer colorrectal. Esto no implica que un consumo puntual sea peligroso, pero la frecuencia diaria sí que parece elevar de forma significativa ese riesgo.

El metabolismo también se ve afectado. Muchos embutidos combinan alto contenido calórico, grasas de baja calidad y una escasa densidad nutricional. Consumirlos a diario favorece el aumento de grasa corporal, dificulta el control del azúcar en sangre y puede contribuir a la resistencia a la insulina, un paso previo a la diabetes tipo 2. Incluso en personas delgadas, estos efectos pueden pasar desapercibidos durante años mientras se van gestando.

El exceso de sodio presente en los embutidos obliga además a los riñones a trabajar más de lo debido. En personas con predisposición, este esfuerzo mantenido puede acelerar el deterioro de la función renal y empeorar la retención de líquidos y la tensión arterial. A ello se suma un aumento de la inflamación crónica de bajo grado, asociada a fatiga, peor recuperación física y mayor riesgo de enfermedades crónicas.

Los expertos coinciden en que el embutido no es el problema en sí, sino su consumo diario. Integrado de forma ocasional dentro de una dieta variada y equilibrada, su impacto es aceptable. Convertido en un hábito cotidiano, acaba pasando factura.

Mejores opciones de embutido

Dentro del mundo del embutido, no todos tienen el mismo impacto sobre la salud. Los expertos coinciden en que las opciones más recomendables son aquellas elaboradas con carne de calidad, pocos aditivos y procesos de curación tradicionales. El jamón ibérico o serrano con bajo contenido en sal, consumido en pequeñas cantidades, es una de las alternativas menos perjudiciales, ya que aporta proteínas de alto valor biológico y grasas más saludables que otros embutidos.

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Primer plano de una persona cortando jamón

Primer plano de una persona cortando jamón Freepik

También destacan el lomo embuchado y el pavo o pollo cocido de alta calidad, siempre que no contengan azúcares añadidos ni una larga lista de conservantes.

2026-02-13T19:25:08+01:00
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