La memoria de la Guerra Civil y de la represión franquista vuelve a incorporarse al paisaje urbano de Errenteria. Como iniciativa complementaria al acto institucional de recuerdo organizado este sábado en el municipio, estos últimos días se ha pintado un mural en la calle Jose Erbiti, en la pared derecha situada a la entrada del mercado, con el objetivo de recordar y dar a conocer dos episodios de la historia reciente de la localidad que durante décadas han permanecido poco presentes en el relato colectivo.
El lugar elegido no es casual. El espacio estuvo ocupado en los años 40 por la antigua fábrica de Manufacturas de Yute, conocida popularmente como La fábrica del Yute, uno de los referentes de la pujanza que experimentó la industria textil de Errenteria durante la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, durante la Guerra Civil y la posterior dictadura, sus instalaciones tuvieron dos usos directamente relacionados con la represión.
De Fábrica del Yute a fábrica para la represión
Entre 1937 y 1938, parte de la fábrica fue utilizada como campo de clasificación de las personas que habían huido de Errenteria durante la contienda. Allí permanecían retenidas mientras las autoridades decidían si podían regresar a sus hogares, si debían continuar encarceladas o si serían sometidas a algún tipo de proceso.
Con el final de la guerra, las instalaciones adquirieron un nuevo uso. A partir de 1939 acogieron a parte de los denominados Batallones de Trabajadores, formados por presos considerados por las autoridades franquistas como menos peligrosos o comprometidos. La creación de estos batallones respondía a un doble objetivo: aliviar unas prisiones que se encontraban masificadas y disponer de mano de obra gratuita sometida a disciplina militar.
En Errenteria estuvieron destinados los Batallones de Trabajadores número 76 y 137. Sus integrantes fueron empleados en diferentes trabajos, entre ellos la construcción y mejora de carreteras como la de Aritxulegi. Se trataba de hombres procedentes de distintos puntos del Estado que, tras haber sido derrotados o considerados desafectos al nuevo régimen, fueron trasladados a diferentes lugares para realizar trabajos forzados.
La historia de estos trabajadores también se ha conservado a través de la memoria oral de Errenteria. Según esta tradición, algunos de los hombres procedentes de Valencia que estuvieron destinados en la localidad habrían elaborado dos cabezudos siguiendo una costumbre de su tierra. Las figuras, que aparecen representadas en el nuevo mural, estarían inspiradas en dos personajes populares de la Errenteria de la época, Lepo y Xaku.
El vínculo entre aquellos trabajadores y la vida cotidiana del municipio quedó así plasmado, de manera indirecta, en una tradición festiva que perduró durante años. El mural pretende recuperar precisamente esa conexión entre un episodio de represión y unos elementos que posteriormente pasaron a formar parte de la cultura popular y de las fiestas de Errenteria.
12.500 trabajadores en Oarsoaldea
El caso de Errenteria se enmarca, además, en un fenómeno que afectó al conjunto de Oarsoaldea durante los primeros años de la dictadura. Según los últimos datos, alrededor de 12.500 personas realizaron trabajos forzados en la comarca tras la Guerra Civil.
De hecho, en la vecina Lezo, el Ayuntamiento cifra en más de 5.000 las personas que entre 1939 y 1946 fueron obligadas a realizar trabajos forzosos. Eran presos de guerra o personas consideradas no afines al régimen, a quienes la población conocía como trabajadoriak. Una parte importante fue destinada a la construcción de la carretera que actualmente corresponde al tramo de la GI-3440 entre Erroteta y el santuario de Guadalupe.
La asociación por la memoria Etxetxo recuperó mediante trabajo comunitario parte de los restos de los barracones del bosque de Iparragirre, y en 2016 organizó un homenaje a los trabajadores en los barracones de Erroteta.
Asimismo, en Oiartzun, en 2024, el Ayuntamiento y la asociación Kattin Txiki inauguraron una réplica de uno de los barracones de trabajadores de Arkale, convertida en un nuevo espacio de memoria.