Gipuzkoa

El último rugido del tigre de Aita Agirre

Esta céntrica plaza de Elgoibar esconde bajo su suelo desde hace más de 60 años los restos de un gran tigre de Bengala que llegó a la localidad con un circo y murió tras sufrir graves heridas en un accidente.
Txomin Mujika señala el lugar aproximado en el que vio enterrar al tigre de Bengala hace más de seis décadas.
Txomin Mujika señala el lugar aproximado en el que vio enterrar al tigre de Bengala hace más de seis décadas. / Aitor

Actualizado hace 2 minutos

Los arqueólogos que se vean obligados a excavar algún día en la plaza Aita Agirre de Elgoibar se arriesgan a encontrarse con un hallazgo que amenazaría por hacer saltar por los aires muchas convenciones sobre la fauna que pobló la cuenca del Deba en el pasado.

Huesos de frailes y de tigre

No es descartable que en unas excavaciones en esta céntrica plaza pueda darse con huesos humanos relacionados con un cementerio existente en la zona en el que recibían sepultura los frailes que moraron en el desaparecido convento de San Francisco, hasta su definitiva marcha en 1840.

Más difícil resultaría justificar la localización de los huesos de un enorme tigre de Bengala bajo el suelo de Aita Agirre, y eso es algo que, podría suceder.

Las claves de este misterio las tiene Txomin Mujika.

Músico y recolector de historias

Su figura está vinculada a la música como dulzainero, txistulari, compositor, fundador de la txaranga Mauxitxa y miembro de la Banda de Música de Elgoibar, de la que llegó a ser director.

Pero, además, es un apasionado de la pequeña historia de Elgoibar, recogiendo sucesos, anécdotas y vivencias protagonizadas por vecinos de la localidad que estos últimos años da a conocer en forma de artículos en el programa de las fiestas de San Bartolomé.

La magia del circo

Este año, Mujika ha tomado como referencia para su trabajo un hecho que, pese a lo insólito del caso, era desconocido para muchos elgoibartarras: el día en el que fue testigo de la muerte del tigre que ahora reposa bajo la plaza Aita Agirre.

El felino llegó a Elgoibar formando parte de uno de aquellos circos que cada cierto tiempo hacían un alto en esta localidad en sus giras por pueblos y ciudades.

Mujika tenía entonces 10 años y, al igual que el resto de los niños de Elgoibar, vivió su llegada con una ilusión desbordada.

La rutina del pueblo saltaba por los aires cada vez que la comitiva circense hacía acto de presencia en sus calles.

Niños y mayores tenían la oportunidad de disfrutar de las actuaciones de grandes artistas y de ver, admirados, animales exóticos como tigres, leones, elefantes «y hasta un hipopótamo», como recuerda Mujika .

"Llegaban con grandes camiones, roulottes, jaulas en las que guardaban los animales. Ocupaban la plaza Aita Agirre y su entorno, y las carpas eran tan grandes que en algunos casos apenas cabían en la plaza. En ocasiones los árboles que la rodeaban terminaban dentro de la carpa porque no había sitio".

Espectáculos con animales

Cada representación suponía viajar a un mundo de ilusión y fantasía. "Solo entrar en la carpa era fascinante. Te recibía un señor con levita roja, ocupabas tu lugar y veías la pista, toda iluminada con grandes focos, los trapecios... Luego llegaban los malabaristas, los payasos, los magos, los trapecistas. Hasta la música era en directo. Era algo fabuloso".

Los animales solían jugar un papel destacado en las representaciones. En particular, la aparición de grandes felinos en la pista, como tigres y leones, era uno de los momentos más esperados del espectáculo.

Su presencia generaba una mezcla de nervios, excitación y miedo en el público, ante el retumbar de sus rugidos bajo la carpa.

Uno de aquellos felinos que tanta admiración provocaba fue el tigre que protagoniza esta historia. Para su desgracia, poco podía imaginar el pobre felino que su vida estaba a punto de finalizar cuando llegó a Elgoibar.

El veterinario Manuel Ubiria

Txomin Mujika fue testigo directo del último aliento del animal, gracias a la estrecha relación que mantenía con Manuel Ubiria, a la sazón veterinario de Elgoibar.

"Éramos vecinos y, pese a que yo era un niño, me invitaba a acompañarle a algunos sitios a los que le llamaban por su trabajo".

Aquel día, Ubiria le invitó a acompañarle al circo. Acostumbrado a tratar a perros, vacas, burros y otros animales, se encontró con el sorprendente encargo de atender a un enorme tigre de Bengala, y allí se personó acompañado por el pequeño Mujika.

"El animal tenía una de sus patas destrozadas. Al cerrar la jaula, el cuidador no se percató de que se le había quedado atrapada en la puerta. Cuando se dio cuenta, el animal estaba malherido; había perdido mucha sangre", indica Mujika.

Herida letal

Tras valorar su estado, constató que no había solución y recomendó sacrificar al animal para evitarle sufrir más.

"Le puso una inyección y el tigre, que un día antes se había mostrado poderoso y majestuoso en la pista, terminó por morir. No se me olvida el sufrimiento del domador, abrazado al animal en el momento de decirle adiós".

Enterramiento en la propia plaza

Tocaba determinar qué hacer con el animal y se optó por enterrarlo en la misma plaza. Envolvieron al animal en una lona y, tras componer una especie de camilla con varios listones, lo llevaron al lugar del enterramiento.

"Hicieron un agujero muy profundo junto a una cruz de piedras blancas que había entonces en el suelo, enfrente de lo que era el obrador de la pastelería Muruamendiaraz. Colocaron el tigre en el fondo y lo cubrieron con tierra, y ahí debe de seguir".

Un reencuentro que no se dio

Hace unos años, Mujika pensó que se iba a reencontrar con el felino, cuando las máquinas comenzaron a excavar en la plaza en las obras de Aita Agirre Kulturgunea.

Por desgracia, la perforación se hizo en una zona alejada del enterramiento, por lo que el tigre sigue yaciendo aún en el mismo lugar en el que Mujika vio cómo lo enterraban hace más de 60 años. l

2026-09-12T06:39:55+02:00
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