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Formado en interpretación, el actor madrileño encuentra ahora un nuevo escaparate como protagonista en la serie Oasis (Netflix). La historia de este thriller se desarrolla en un lujoso resort vacacional que, tras la misteriosa desaparición de una joven, queda cerrado por la policía. Nadie puede abandonar el complejo y todos se convierten en sospechosos.
Oasis arranca con una desaparición. ¿Qué le atrapó del guion?
La propia trama del thriller y el hecho de tener que ir desenredándola. Incluso como lector me sentía un poco espectador, pensando: ¿Quién va a ser al final? No nos daban todos los guiones antes de empezar a rodar, nadie sabía quién era el malo. Eso ya era emocionante de por sí. Desde el punto de vista interpretativo, lo que más me atrapó fue que los personajes planteaban muchas preguntas. Esos son los guiones interesantes: no eran estereotipos ni cada uno tenía una única característica definida. Todo estaba muy abierto y cada actor tenía que construir la complejidad identitaria de su personaje. A mí me atraía especialmente todo lo que no estaba escrito, lo que estaba entre líneas.
¿Cómo construyó el personaje?
Tuvimos mucha suerte de contar con dos meses de ensayo, así que fue una construcción bastante colectiva. De todas formas, un personaje nunca lo construyes tú solo, sino entre todos los departamentos: quien te viste, quien te maquilla, quien coloca la luz, el director… Por mi parte, también tuve la suerte de contar con un maestro mío, Jesús Noguero. Entre el director, él y yo fuimos perfilando poco a poco la complejidad del conflicto del personaje.
Tomy Aguilera se dio a concoer en 'Bienvenidos a Edén'.
¿Qué diferencia esta serie de otras ficciones juveniles?
Creo que la diferencia está en el código y, me atrevería a decir, también en el nivel interpretativo. El tiempo de ensayos ha permitido que todos los actores estén muy en la verdad, pero también en el no saber, sin definir a los personajes por una característica demasiado concreta. Todos tienen mucha complejidad. No existe simplemente el malo, el bueno o el guapo, todos tienen un poco de todo. En algunas series españolas he visto personajes más definidos, cada uno con su propio color, algo que también está bien. Sin embargo, aquí todos los personajes tienen colores muy distintos. Sinceramente, hacía tiempo que no veía una serie con tanto nivel interpretativo.
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Para quien aún no ha visto Oasis, ¿por qué darle una oportunidad?
Creo que en España no se ha visto una serie juvenil como esta. Para empezar, te atrapa, es muy adictiva y cumple muy bien su función de entretenimiento. Eso ya tiene un valor enorme y creo que, a veces, también habría que valorarlo más. Al margen de eso, es una serie con la que la juventud puede sentirse identificada porque habla de sus problemas de identidad, de las contradicciones que uno tiene cuando es joven, de cómo las va resolviendo y de cómo todo eso va formando su personalidad. También muestra cómo uno va dejando atrás esos personajes que crea. Por otro lado, creo que la gente más mayor también puede identificarse, casi desde la nostalgia: recordando lo que fue, aquel verano que vivió o cómo eran antes los amigos.
¿Qué es lo más duro de abrirse camino siendo tan joven en un sector tan competitivo?
Creo que lo más duro tiene que ver con mantener la autoestima, la confianza y la ilusión dentro de un mundo en el que el rechazo es el primer plato del día a día. Lo difícil es recibir un no tras otro y seguir conectado con la razón por la que empezaste. También hay que recordar la ilusión que genera y el privilegio que supone tener algo por lo que luchar cada día, una pasión y una vocación. Creo que la dificultad está en ese choque entre la ilusión y lo complicado que es vivir realmente de esta profesión. Se trata de mantener la fuerza, la autoestima, la alegría y las ganas de jugar, a pesar de lo difícil que resulta conseguir trabajo.
¿Qué cree que debería cambiar en la industria?
Me gustaría que se valorara más a la gente que sale de las escuelas. Creo que hay que reconocer mucho más la pedagogía interpretativa, a los maestros y todo el trabajo que se realiza durante años para formarse. Me gustaría que los directores de casting, directores y productores se acercaran a las escuelas, no solo para buscar actores para un proyecto concreto, sino para observar la calidad de los alumnos que hay.
Habla de ir más allá de la visibilidad y de los números...
A veces la industria se guía por los números, algo que también entiendo porque es un negocio, sin embargo, se podrían dar oportunidades a personas que quizá no están en la órbita de la visibilidad, pero que, sin duda, cuentan con la formación y el talento necesarios. Y hay actores de todas las edades, y creo que se debería diversificar un poco más y dar más oportunidades a esas personas que se han formado durante mucho tiempo y se han dejado la piel en las aulas