Una de las cosas más bonitas del fútbol es su imprevisibilidad. En el baloncesto, por ejemplo, el equipo que tiene mejores tiradores y lanza más veces a canasta suele llevarse el partido. Este deporte es otra historia: once futbolistas que jamás se imaginarían ganando a los mejores, pueden hacerlo, tal vez, con un poco de suerte.
Sin embargo, hay veces en las que un episodio futbolístico parece escrito por el mismísimo Tarantino. O bueno, en este caso, ni siquiera un director de tal envergadura habría podido imaginar una historia así.
Hace diecinueve años, un jovencísimo Leo Messi —que apenas daba sus primeros pasos en la élite, pero ya apuntaba a marcar una época— cogió en brazos y bañó a un bebé para un calendario solidario de UNICEF y el diario Sport. El rosarino no tenía ni idea en ese momento de que ese retoño iba a ser la persona que podría arrebatarle su segundo Mundial consecutivo: era Lamine Yamal.
"La vida es una locura, que después de aquella foto estemos los dos disputando la copa del mundo es tremendo. Le deseo muchísima suerte en el Barcelona también. Intentaremos que el domingo no tenga su mejor versión, aunque es difícil", comentaba Leo en la rueda de prensa previa al partido.
Partiendo de esta premisa, si alguien se pusiera a rodar una película, la trama estaría clara: el rey que puede abdicar con la corona puesta, o el heredero dispuesto a arrebatársela para convertirse en el nuevo monarca del fútbol.
Un balón de oro en juego
Otro de los grandes alicientes de esta final es que, muy probablemente, la estrella del equipo vencedor será quien levante el próximo Balón de Oro. En la selección argentina está más que claro quién se llevaría el galardón en caso de victoria.
El ex del FC Barcelona puso en pie al Théâtre du Châtelet de París el día que le entregaron su octavo máximo premio individual. El público, formado por exjugadores y entrenadores, era consciente de que estaba ante el gran adiós de Messi a la élite, y le despidió con una atronadora ovación.
Pero el '10' no entiende de edades: a sus 39 años, y tras muchas dudas sobre si iba a disputar o no esta Copa del Mundo, está siendo la máxima figura del torneo. Acumula ocho goles y cuatro asistencias, está peleando la Bota de Oro mano a mano con un Kylian Mbappé en la plenitud de su carrera, y ya se ha guardado en el bolsillo el histórico récord de goles mundialistas de Miroslav Klose.
No obstante, el rendimiento de Leo no se sostiene únicamente en las estadísticas. Es el primero en bajar al centro del campo, e incluso a la defensa, para ayudar a dar fluidez cuando el juego argentino se atasca. Más allá de eso, físicamente está impecable, tal y como se pudo comprobar en aquel choque contra Harry Kane en el que el inglés no pudo con él.
En el otro lado está Lamine Yamal. Si bien no está haciendo un mal Mundial, el haber llegado mermado físicamente le está pasando factura. En caso de que la selección española se borde hoy su segunda estrella en el pecho, eso no le garantizaría de facto el Balón de Oro, puesto que su compañero Rodri está siendo el verdadero faro del equipo.
Aun así, la temporada de Lamine en cuanto a números es espectacular: campeón de Liga y Supercopa de España con 26 goles y 17 asistencias en 42 partidos.
El de Rocafonda, al igual que Messi, es otro de esos talentos que no se pueden medir solo en cifras. Hay un innegable paralelismo en el juego de uno y otro, puesto que el catalán parece cada vez más destinado a sufrir una metamorfosis para acabar jugando por dentro, tal y como hizo su predecesor en el Barça.
Asimismo, parece contar con la bendición del propio rey del fútbol: "Lamine es un jugador que puede conseguir muchísimo. Tiene una enorme carrera por delante y una oportunidad de lograr algo histórico, pero espero que no sea esta vez", comentó Messi recientemente.
Por mucho que no esté rayando a su nivel más brillante, se está viendo a una versión de Yamal mucho más comprometida en labores defensivas y en la presión. Eso, para un bloque tan sólido como el combinado español, es puro oro. Por tanto, nadie puede dudar de que es un claro candidato a coronarse en París.
Condenados a repetir la historia
Todo este cuento hace comparar de manera inevitable a ambos jugadores. Dos jóvenes jugadores que se criaron en La Masía, que llevaron el mismo número, que han competido para el mismo club, y que además empezaron en la misma posición.
El FC Barcelona se frota las manos una vez más con el prestigio que supone esto para su cantera, y esperan que Yamal, aunque sea tremendamente difícil repita la historia con su club, aunque quizás con un final diferente al que tuvo Leo Messi.