Mundial

España sufre para atar un título merecido

La campeona europea fue muy superior a una Argentina reservona que empleó sus artimañas para retrasar un desenlace que no se materializó hasta la segunda mitad de la prórroga
Mikel Oyarzabal celebra con Marc Cucurella y Rodri su primer gol en el partido contra Austria.
Mikel Oyarzabal celebra con Marc Cucurella y Rodri su primer gol en el partido contra Austria. / EFE

España obtuvo su segunda estrella, dieciséis años después volvió a ganar la Copa del Mundo en un encuentro tremendo por la tensión, la incertidumbre, el extenso capítulo de incidencias, incluso tras el pitido final hubo algún intento de agresión, como menudearon con el balón en movimiento. En síntesis, muy exigente por lo apretado del desenlace, aunque a los contendientes les separase una distancia abismal en intención y recursos. Argentina exprimió a fondo su agresividad y violencia, consciente de su inferioridad en las facetas básicas del fútbol e hizo sufrir de lo lindo a España. No en vano, los hombres de De la Fuente tuvieron que apretar los dientes hasta la misma conclusión para defender una ventaja que amasaron al cabo de una veintena de llegadas. Argentina solo inquietó a Unai Simón en los últimos segundos de la prórroga.

La lógica prevaleció en la cita cumbre del Mundial: ganó quien puso interés en hacerlo y perdió quien lo fio todo a imponerse en el último trámite, la tanda de penaltis. Así de miserable fue el plan que inspiró las evoluciones de Argentina desde el saque de centro, sin rubor alguno, y lo cierto, además de lo triste, es que estuvo cerca de salirse con la suya. De hecho, la acción que decidió la contienda tuvo lugar en el minuto 106, fruto de una cesión de cabeza de Nico Williams que Ferran estampó en la red. Pese a que perfectamente pudo llegar mucho antes, dado que no faltaron jugadas de sobra para batir a Martínez.

Ferran celebra su gol a Argentina.

Ferran celebra su gol a Argentina. EFE

Apostando todo su capital futbolístico a la defensa a ultranza desde el mismo comienzo, Argentina se afanó en construir un escenario impropio del partido cumbre de un Mundial. Si no lo logró salvo parcialmente fue debido a que España albergaba otra idea: convencida de la calidad de sus argumentos, tomó el mando, no dejó de proyectarse en busca de un triunfo que mereció con holgura. Dispuso de múltiples situaciones propicias para cobrar ventaja, las de mayor nitidez se produjeron con el tiempo muy avanzado y un rival que empleó sin rubor su amplio repertorio de malas artes, con la permisividad de un árbitro pusilánime, por no decir cobarde.

De la Fuente salió a piñón fijo, qué sentido tenía retocar el once que mejor ha jugado en el Mundial. En lo sustancial tampoco Scaloni se volvió loco, aunque sí intervino en alguna posición, buscando acaso un mejor aterrizaje sobre la hierba a fin de evitar verse rezagado en el marcador, pega que ha condenado a su selección a afrontar varios cruces contra el cronómetro y la angustia. Así se explicaría que Argentina concediese la iniciativa a cambio de blindarse en terreno propio para intentar que no pasase absolutamente nada.

Antes de la dichosa pausa de hidratación solo concedió un remate peligroso que Yamal no acertó a empalmar bien, fácil para Martínez; después dio la sensación de que España elevaba el ritmo de su juego y se registraron sendos chuts desde la frontal a cargo de Oyarzabal y Cucurella. Una producción ofensiva muy escasa que deparó, sumada a la nulidad creativa del defensor del título, un espectáculo sin gracia alguna. Realidad que sería del agrado de Argentina, pues a qué más podía aspirar quien enfoca todo el trabajo a protegerse y evitar errores cerca de su área.

Los jugadores argentinos se lamentan tras perder la final del Mundial

Los jugadores argentinos se lamentan tras perder la final del Mundial EP

El sentimiento de frustración de España era comprensible en el intermedio. Su disposición táctica y actitud respondieron a lo que se espera del combinado que mejor fútbol ha ofrecido en el torneo, pero apenas pudo optar a beneficio alguno. La aspereza en los duelos que se preveía en el oponente, así como la ausencia de espacios por los que progresar, en gran medida gracias al oficio de que hacen gala los hombres de Scaloni, mediatizaron el desarrollo del primer acto. La batuta e omnipresencia de Rodri y la coordinación colectiva no hicieron más que contados rasguños en la estructura argentina.

De modo que el doble interrogante al descanso era si España sería capaz de acelerar un poco sus combinaciones y generar desequilibrios, y cuándo Argentina daría un paso adelante, si se le ocurriría intentarlo antes de verse forzado por el marcador. La primera respuesta fue afirmativa, la segunda negativa, todo lo cual se tradujo en que los sobresaltos fueron acuciando a Martínez, con sus compañeros más y más replegados.

Los cambios de ambos técnicos vinieron a agudizar la tendencia del choque, todo apuntaba a que el gol terminaría por caer en la única portería donde era posible que ocurriera. Argentina emitía síntomas de cansancio y no podía disimular su deseo de forzar la prórroga… Y llegar a los penaltis, dado que no tenía otra vía para marcar, menos aún tras la expulsión que Enzo se ganó a pulso, al igual que Paredes quien opositó a la roja.

ESPAÑA: Unai Simón; Pedro Porro, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte (Min. 99, Eric García), Marc Cucurella; Fabián Ruiz (Min. 62, Pedri), Rodrigo Hernández (Min. 99, Martín Zubimendi), Dani Olmo (Min. 75, Mikel Merino); Lamine Yamal, Mikel Oyarzabal (Min. 62, Ferran) y Alex Baena (Min. 75, Nico Williams).

ARGENTINA: Emiliano Martínez; Gonzalo Montiel (Min. 58, Nahuel Molina), Lisandro Martínez (Min. 45, Nicolás Otamendi), Cristian Romero (Min. 71, Facundo Medina), Nicolás Tagliafico; Enzo Fernández, Alexis McAllister, Rodrigo de Paul (Min. 71, Giuliano Simeone), Nico González (Min. 46, Leandro Paredes); Leo Messi y Julián Álvarez (Min. 102, Marcos Senesi).

Gol: 1-0: Min. 106, Ferran Torres.

Árbitro: Slavko Vincic (Eslovenia). Expulsó a Enzo Fernández por doble amarilla (minutos 82 y 93). Amonestó a los argentinos Lisandro Martínez, Leandro Paredes, Alexis McAllister.

Incidencias: Final de la Copa del Mundo disputada en el Estadio Metlife de East Rutherford ante 80.663 espectadores.

Cuando por fin marcó Ferran, de repente Messi, ausente hasta entonces, resucitó y Argentina apuró a la desesperada. Enfrente surgió el temor a que la injusticia acabase imponiendo su ley en una final que España tuvo que resolver con antelación. Es lo único que cabe reprocharle, que no abriese distancias en el marcador en una final que gobernó con suficiencia.

2026-07-20T12:11:19+02:00
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