Mundial

El partido del siglo

España y Argentina disputan esta noche una de las mejores finales del Mundial de toda la historia
Mikel Oyarzabal celebra su gol frente a Francia en las semifinales del Mundial 2026.
Mikel Oyarzabal celebra su gol frente a Francia en las semifinales del Mundial 2026. / EFE

En el fútbol hay partidos que se recuerdan más por la épica y la narrativa que hay tras ellos que por lo que acontece en el terreno de juego. Nadie sabe qué pasará esta noche, pero el encuentro tiene todos los ingredientes para mantener esa misma línea. España y Argentina se enfrentan en el que, para muchos, es el partido del siglo. Las dos mejores selecciones del mundo, Messi y Lamine Yamal frente a frente, y todo un sinfín de posibilidades hacen que este choque sea algo más que un simple enfrentamiento.

Y puesto que toda gran batalla requiere un gran escenario, el de esta noche no podría ser mejor. Nueva York y, más concretamente, el MetLife Stadium, serán los encargados de albergar una de las más esperadas finales de Copa del Mundo de la historia. Un estadio con capacidad para más de 80.000 espectadores erigido en pleno centro neurálgico de Estados Unidos, país que ha albergado la mayoría de los partidos de este Mundial.

Por un lado estará Argentina, preparada para reeditar el trofeo que conquistó hace tres años y medio en Qatar, y con un Messi dispuesto a hacer realidad el mito de que la edad es solo un número. En el otro, la selección española, un combinado que ha logrado sobreponerse a las bajas y a futbolistas que llegan mermados físicamente, como Lamine Yamal, gracias a fiar su éxito a la fortaleza del grupo y la lealtad hacia una idea de juego.

El camino hasta la final

Es justo señalar que las trayectorias de ambos países hasta llegar a la gran final han sido muy distintas: mientras que España ha ganado con holgura y gran dominio en las rondas eliminatorias, Argentina ha tirado de épica para superar la mayoría de ellas.

El inicio de los de Luis de la Fuente no fue el que todo el mundo esperaba. Un espeso empate a cero ante Cabo Verde hizo que las primeras dudas acerca del rendimiento del equipo calasen entre la afición española. No obstante, el 4-0 en la siguiente jornada frente a Arabia Saudí sirvió de analgésico. Igual de anestesiada resultó la victoria por la mínima frente a Uruguay, en un choque más recordado por las faltas que por el fútbol desplegado.

Pero en las rondas eliminatorias la historia fue otra. Ya lo avisaba Lamine Yamal: "Los partidos de fase de grupos no importan, el Mundial empieza ahora", y vaya si empezó. Un cómodo 3-0 frente a Austria en dieciseisavos, al que siguió una victoria 'in extremis' frente a la Portugal de Cristiano Ronaldo. La Roja empezaba a recordar a la de la pasada Eurocopa, y el triunfo contra Bélgica en cuartos terminó de confirmarlo.

No ha sido hasta semifinales, sin embargo, cuando el ADN del combinado español ha brillado con más fuerza. El triunfo por 2-0 contra Francia no fue solo un simple pase a la final, sino la culminación de un proyecto iniciado por el seleccionador riojano hace cuatro años, pero que lleva gestándose durante más de una década, desde las categorías inferiores hasta la absoluta.

Los galos, que partían a priori como favoritos por su arsenal ofensivo, fueron un juguete roto que se dedicó a correr detrás de la pelota durante los noventa minutos.

Los sudamericanos, en cambio, arrancaron la fase de grupos con un contundente pleno de victorias, pero fue precisamente en las siguientes rondas cuando empezaron a flaquear. En dieciseisavos vencieron por 3-2 a Cabo Verde con un gol de Lautaro Martínez en el minuto 111, y en octavos tuvieron que remontar un 0-2 a Egipto para poder seguir avanzando.

Ni siquiera el partido de cuartos frente a Suiza concedió un respiro a la Albiceleste. Un 1-1 mandó el encuentro a la prórroga, resolviéndose finalmente con un 3-1 para sellar el billete a semifinales. Y en la antesala de la final, el duelo contra Inglaterra, del que se hablaba más fuera del campo que dentro, se saldó con una remontada en los últimos diez minutos que metió a los de Scaloni en su tercera final de los últimos cuatro Mundiales.

Antes de arrancar la cita mundialística americana había dudas de si Leo Messi iba a acudir a su sexto Mundial. Viendo su desempeño, poca gente le habría perdonado que no lo hubiera hecho. El rosarino acumula ocho goles y cuatro asistencias, es el máximo anotador junto a Mbappé y ha batido el récord histórico de goles en Mundiales de Klose. Casi nada para un tipo de 39 años que ya completó el fútbol en la pasada Copa del Mundo.

Corazón contra cabeza

La final se presenta como un choque casi filosófico. Es el eterno debate futbolístico llevado a su máxima expresión en el partido más importante de las vidas de los futbolistas que jugarán esta noche. Por un lado, la cabeza fría y el plan milimétrico de los europeos. Por el otro, la garra y la capacidad de supervivencia extrema de los tres veces campeones del mundo.

A pesar de ello, la táctica cobra un protagonismo vital. El choque de estilos es evidente, pero no tan radical como podría parecer sobre el papel. La España de Luis de la Fuente ha demostrado que, si bien el balón sigue siendo su principal argumento, ya no es un fin en sí mismo. La Roja busca gobernar desde la posesión, sí, pero también castiga con transiciones rápidas. Su presión alta, casi asfixiante tras pérdida, será fundamental para evitar que Argentina logre armar su juego.

En el banquillo argentino, el plan es práctico y camaleónico. Saben adaptarse a lo que pide el partido en cada momento. En este partido no tendrán ningún problema en cederle la posesión a la selección española si eso les sirve para armar un bloque sólido en el medio y juntar líneas. Es un equipo que ha demostrado de sobra que sabe sufrir y que, a la mínima que detecta un desajuste atrás, sale rápido y te mata al contragolpe.

Gran parte de la final se va a decidir en el centro del campo y en cómo gestionen los nervios ambos equipos. Si España consigue imponer su ritmo con el balón, pausando el partido cuando toque y evitando perder balones peligrosos en la salida, tendrá mucho terreno ganado. Pero si el encuentro se rompe y se convierte en correcalles, Argentina parte con ventaja. Los sudamericanos ya han dejado claro este mes que en los finales agónicos y en los choques trabados se mueven como pez en el agua.

En principio, y ateniéndonos a lo visto en estos siete partidos, los europeos parten con ventaja, pero la fe argentina y el respeto que impone toda una final del Mundial hacen que el partido esté prácticamente equilibrado. La segunda estrella de España y la primera de Lamine, o la cuarta de Argentina y la segunda consecutiva de Messi. Nueva York dictará sentencia.

2026-07-19T15:57:25+02:00
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