Política

"El procés ha muerto pero no está enterrado"

Politólogos descartan a corto plazo un pacto de ERC con el PSC en un marco donde prevalece la mayoría independentista
El socialista Salvador Illa sigue el discurso de Pere Aragonès durante el último pleno en el Parlament.

Catalunya, en su laberinto. Pere Aragonès encarna hoy la figura del político sometido a la crítica y la soledad. El primer revés parlamentario de su gobierno monocolor, al quedarse ERC sola en la defensa del proyecto de ley del Plan Estadístico, ejemplifica el escenario en que está sumido el Parlament, un cortocircuito en la legislatura tras la ruptura con Junts que no implica necesariamente su epitafio. Tampoco el del procés, al menos desde la perspectiva sociológica, más allá de que la vía que eclosionó en 2017 ya haya descarrilado. Politólogos consultados por este diario certifican que, en el actual contexto de 'stand by', las cartas están sobre la mesa. “Ahora la mayoría independentista no es la única aritméticamente, pero sí políticamente porque Esquerra no pactará a corto plazo con los socialistas”, señala Oriol Bartomeus, profesor de Ciencias Políticas en la Universitat Autònoma de Barcelona. Lo corrobora Jaume López Hernández, doctor en Ciencias Políticas y profesor de la Universidad Pompeu i Fabra, para quien la reedición del tripartito de izquierdas “es imposible por las narrativas”.

“Hay tres escenarios interconectados: el gobierno local de Barcelona, el Parlament y el Congreso, y la necesidad de sacar adelante los Presupuestos en todos ellos. La Cámara catalana es un subjuego dentro de estas pistas y hay opciones de apoyos mutuos que tienen la dificultad de encontrar un discurso que los justifique. Los cromos son fáciles de cambiar pero luego hay que venderlo a las bases, a la sociedad, superar las retóricas y lograr que no se entienda como una traición”, desbroza López, quien subraya que lo sucedido entre los socios del Govern no ha empeorado la situación porque, con JxCat aún dentro, ya existía un desgaste constante. De hecho, para Bartomeus, lo que perdura como elemento central desde hace muchos años es la bronca entre ERC y Convergència y sus mutaciones. “Ni se ha detenido ni todavía ha ganado nadie. Por mucho que diga Esquerra, no es verdad que tenga la hegemonía independentista. Mantienen un empate eterno, escaño arriba o abajo, y lo ocurrido no es más que un nuevo giro de guión en esta pelea”, destaca, al tiempo que vaticina que Aragonès tratará de sobrevivir hasta las municipales, “donde ansían darle un buen mordisco a Junts, hacerse con Barcelona, que es la joya para convertirse en la fuerza dominante de la política catalana, y a partir de ahí esperar a las generales, a ver qué carta sale de ahí”. “Como el sistema que rige le permite gobernar en minoría, irán perdiendo votaciones y no aprobarán ninguna ley, pero la legislatura acabará cuando Aragonès decida porque esa es la atribución del president”.

López no cree que una prórroga de las Cuentas mine su figura y califica de “inteligente” su movimiento para abrir el Ejecutivo a otras sensibilidades. “No es la solución de nada pero sí la constatación de su estrategia buscando la centralidad de la que hacía gala Convergència, y que te permite negociar en distintos flancos”, asevera. Para su homólogo Bartomeus, ERC perseguirá “que no se abra electoralmente su frontera con Junts y conquistar espacios. Uno, el procedente del voto de orden de la antigua CDC que se descolgó en la última fase del procés, y poner de conseller a Carles Campuzano, que viene del PDeCAT, apunta directamente a eso; y otro, el de los antiguos socialistas catalanistas. Si lo consigue, ERC se podría consolidar como el partido central para una década, que es su objetivo”.

El papel de JxCat

Junts, de quien se prevé una oposición frontal como ejercicio de autoafirmación en su decisión, delegada en la militancia, de abandonar el Govern, tiene un papel clave. Según López, se tendrá que reestructurar y en su seno compiten aún dos sectores, por lo que en función de quién gane, “habrá más o menos posibilidades de aliarse de nuevo con ERC, quizás no en coalición pero como bisagra. Los alcaldes van a apostar más por la perspectiva que presenta Turull y no la de Borràs”. Por su parte, Bartomeus emplaza a no dar por muertos a los posconvergentes. “Dependerá de la evolución de toda la escena. Es un partido con votante de edad avanzada, fiel... Otra cosa es que no sea ya la Convergència de los años 80 y 90. Pero incluso con 25 diputados podría condicionar la gobernabilidad a no ser que ERC se la entregue a Salvador Illa. Y sospecho que no”.

En esta tesitura, la pregunta es obvia: ¿Ha muerto el procés? Con matices, ambos politólogos coinciden en que no. Otra historia es que el proyecto que en su día forjó el independentismo haya perecido por sus diferencias estratégicas. “El procés ha muerto pero no está enterrado, y además no hay quien lo entierre porque quien lo haga igual paga el pato”, narra Bartomeus. López puntualiza que una cosa es que esté en una fase baja en cuanto a agitación, “pero desde el punto de vista sociológico no se puede ignorar el apoyo a la independencia. Que sea mayoría o minoría es distinto, pero es una cuestión estructural y en ese sentido sigue en marcha”. Y explica qué tipo de condicionantes pueden removerlo: la tensión de que se plantee una reforma constitucional, una negociación o el resultado del marco de claridad al que recurre ahora Aragonès. “Todos los procesos en los que existen movilizaciones pasan por ciclos, y en eso el caso catalán no tiene nada de original. Puede estar en retracción pero el procés histórico que se inicia con la sentencia del Constitucional contra el nuevo Estatut no se ha detenido. Nunca se ha vuelto a los índices de 2006 de un 10% de independentistas. Cuando se insta a escoger entre reforma federal, autonomismo, centralismo o independencia, gana esta última oferta por mayoría simple. No estamos igual que al inicio del procés, sino en otro lugar”, recalca López.

Bartomeus ve inviable la apuesta de la vía canadiense de Aragonès: “El Gobierno español no va a dar ningún paso, y con el PP por delante es una vía que no existe. Ahí tiene cierta razón Junts, no hay cauce para un referéndum acordado. A su vez, hay una parte del independentismo que está esperando a un gobierno de PP y Vox. Y existe un sector en ERC temeroso porque si se lanzan a por todas con el pactismo y gobierna la derecha, pueden perder el respaldo de todo el bloque independentista”. Bloques que, insisten los sondeos, en Catalunya permanecerán inalterables. “Por eso el problema de ERC es que está condenada a un acuerdo con Junts”, dice Bartomeus. López, empero, atisba que, si bien el tripartito es poco viable, sí pueden darse “otras fórmulas” externas. Con el conflicto latente, Aragonès prueba su resistencia.

ERC y la estrategia de consolidarse como eje vertebrador

“Las encuestas nos dicen que desde 2019 hay mucho cansancio en la calle. Por una parte están los que desconectaron en las propias elecciones de febrero de 2021 yéndose a la abstención, y luego aquellos que están cabreados dentro del mundo independentista y que echan la culpa a los partidos. Pero, en definitiva, todos cabreados”, describe el politólogo Oriol Bartomeus el sentir de la ciudadanía catalana respecto a su panorama político, donde, como señala Jaume López, “la retórica y el simbolismo juegan un papel fundamental”. Ese proceder discursivo es el que convirtió el divorcio en el seno del Govern en algo “estrambótico”, recuerda el primero de los expertos. “Aragonès no quería destituir a los consellers y estuvieron jugando al échame tú; no, vete tú”. “Lo mismo pasa con el hecho de que nadie quiere colgarse el sambenito de ser el responsable de la posible prórroga de los Presupuestos. Junts quiere que el president se retrate ante el voto independentista pactando con el PSC, y ERC pretende que JxCat se los apruebe por ser las Cuentas que diseñó el conseller Giró”, resalta Bartomeus. “Lo mismo ha pasado con esta Ley del Plan Estadístico de Catalunya, que había promovido el departamento de Junts”, añade López. Los posconvergentes dejaron caer el proyecto bajo el argumento que sería aplicado “sin visión de Estado”. Aunque verbalmente defiende que ejercerá un papel constructivo desde la oposición, Junts quiso visualizar esa derrota republicana como una muestra de lo que le aguardará a Aragonès el resto de legislatura, calificando ya a Esquerra como “el partido de la resignación”.

El posicionamiento actual de ERC le lleva a ser equiparado con la práctica política del PNV en Euskadi. “No es así desde el punto de vista del lenguaje, donde Esquerra y Bildu tienen una simbiosis en cuanto a legitimización de procesos de independencia o a lo que es el derecho a decidir. Pero es verdad que Esquerra está jugando la baza de vertebrar el país y convertirse en un partido de implantación y eje central, con intención de consolidar su cuota de poder. Eso puede ser leído como autonomismo y una traición al movimiento independentista, o como una forma de consolidarse para en un futuro poder hacer otro embate al Estado español”, reflexiona López.

24/10/2022