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El primer convoy humanitario logra llegar al noroeste de Siria

Los cascos blancos piden ayuda internacional y lamentan que “carecen de lo esencial” para el rescate
Un niño se reencuentra con su padre tras ser rescatado.

El primer convoy de Naciones Unidas con ayuda humanitaria cruzó ayer la frontera entre Turquía y Siria para entregar ayuda en el noroeste del país árabe a los damnificados por los terremotos registrados el lunes, que dejaron más de 20.000 muertos, incluidos más de 3.000 en territorio sirio.

La jefa de la misión de la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) en Turquía, Sanjana Quazi, manifestó que “las operaciones de ayuda transfronteriza de la ONU han sido restauradas” con el paso de seis camiones a través del paso de Bab al Hawa, el único autorizado para este tipo de operaciones.

“Estamos aliviados por ser capaces de llegar al pueblo del noroeste de Siria en este momento apremiante. Esperamos que esta operación continúe ya que es un salvavidas humanitario y el único canal que se puede ampliar”, manifestó, después de que la entrega de ayuda humanitaria en el noroeste de Siria quedara suspendida a raíz de los devastadores terremotos, que dañaron la carretera que conecta Gaziantep con el nudo de tránsito de la ONU en Hatay.

Por su parte, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) indicó que el convoy humanitario traslada sábanas, mantas, tiendas de campaña y material para cobijo, así como material esencial y bombillas para cubrir las necesidades de al menos 5.000 personas.

“Es una catástrofe para la región y nuestros corazones están con todos los afectados que han perdido seres queridos, casas y sustentos”, señaló el director general del organismo, António Vitorino.

Falta de grúas y material

En este sentido, el número dos de los cascos blancos, Munir Mustafá, lamentó que “carecen de lo esencial”. “Necesitamos grandes grúas para retirar grandes pedazos (de escombros). Necesitamos material pesado para hacer frente a esta tragedia”, explicó. Ubadá Zekra, que coordina las operaciones de rescate de los cascos blancos, indicó que los trabajadores del organismo están usando palas o sus propias manos para retirar escombros. “Algunos de nosotros no hemos dormido más de seis horas durante las últimas 60”, manifestó.

Zekra incidió en que algunos voluntarios se niegan a descansar porque están intentando salvar todas las vidas posibles y añadió que “emocionalmente, ha sido duro para la mayoría”. “Principalmente estamos buscando a nuestros familiares y a veces a nuestras propias familias”, manifestó.

Un residente de la ciudad de Jindires, una de las más afectadas por los seísmos, criticó que “el mundo les ha dejado de lado, como siempre”. “Hemos perdido todo”, señaló este hombre, que tiene aún a 20 miembros de su familia sepultados bajo los escombros. “El primer día escuchábamos sus voces bajo los escombros, pero poco a poco se apagaron. La situación es desesperada”, alertó.

Cerca de doce años de guerra han dejado a 15,3 millones de sirios en necesidad de ayuda humanitaria. Los servicios básicos en el noroeste de Siria han quedado destruidos por la guerra en esta zona del país, donde 4,1 millones de personas, entre ellas millones de desplazados internos, dependen de la ayuda internacional.

11/02/2023