Vida y estilo

“El precio de la independencia en todo es la soledad”

El reconocido paleoantropólogo, biólogo, profesor universitario y divulgador científico es una de las figuras más importantes en el estudio de la evolución humana y ha contribuido de forma decisiva al conocimiento de los primeros habitantes de Europa
Juan Luis Arsuaga, en Bilbao, tras publicar ‘La respuesta’. / Oskar Gonzalez

Tras publicar La respuesta, el reconocido paleantropólogo Juan Luis Arsuaga sigue haciéndose, y haciéndonos, diversas preguntas relacionadas con nuestros orígenes: qué nos hace verdaderamente humanos, la existencia de una incesante necesidad biológica de pertenecer a un grupo o si estamos dispuestos a pagar el precio de una estación tan atractiva como peligrosa: la independencia.

En La respuesta, adopta la voz del “Viejo de la Tribu” para narrar nuestros orígenes. ¿Cree que la ciencia, para llegar al gran público, necesita ser contada desde una perspectiva más amena?

-Tiene que tener, como todo en la vida, un punto de vista original. La razón es porque yo no hago divulgación, que es como se suele llamar al género al que pertenezco, porque divulgación es explicar algo. Lo mío es más personal, es una mirada propia -una forma-, mi manera de ver las cosas. Entonces, tengo mi mundo, y en ese mundo construyo una narración. A fin de cuentas es una historia y le viene bien un formato de narración, de cuento.

Ya que me habla de divulgación, y con el auge de los influencers que crean contenido sobre paleontología o antropología en redes sociales, ¿es malo para la ciencia que esté tan accesible?

-No, no, está bien que se den noticias, pero lo que tú puedes dar en un formato pequeño es eso: una noticia. Puedes contar un hecho, una cosa..., pero no puedes hacer una reflexión. Va cambiando también la forma de leer... Estos libros (señala uno en físico) ya no tenemos tiempo para leerlos. Es casi una relación de amistad que se establece. Ahora necesitamos todo muy rápido, pero creo que todavía el ser humano sigue necesitando algo que le haga compañía. Buscamos un amigo, un libro puede ser un buen amigo.

Tampoco tenemos tiempo, por ejemplo, para hacer los 20 km al día para los que supuestamente estamos diseñados los humanos.

-No tenemos tiempo para hacer ejercicio, y deberíamos hacerlo, pero sobre todo no tenemos tiempo para tener una relación un poco profunda de las cosas. Leer un libro es un acto que requiere tiempo, sosiego, ilusión... Viaja conmigo en el avión hasta Bilbao (risas), es como un amigo, me hace feliz y disfrutar. La información que se da por redes no es una relación amistosa. 

Por eso, ¿ha aprovechado igual esa relación de amistad que tiene con los libros para recordarnos qué es lo que nos hace humanos?

-Bueno, claro, porque eso vale la pena. Si los piratas del Caribe son muy interesantes, imagínate nuestra historia. 

Como la pregunta de si los animales podrían tener adolescencia..., que plantea en el libro.

-Los animales no se hacen preguntas.

Pero nosotros si podemos preguntarnos sobre si la tenían, o si incluso los extraterrestres tenían o no adolescencia...

-Los extraterrestres (risas), sería muy interesante conocerlos. A ver si la evolución... No, porque si los conociéramos contestarían a una pregunta que yo me formulo, y hago muy a menudo, y es si se puede ser inteligente. O sea, desarrollar una sociedad tecnológica, con una inteligencia avanzada, siendo muy diferentes de cómo somos nosotros.

¿No podría ser la inteligencia artificial un ejemplo de ello? 

-La inteligencia artificial es un producto humano, ¿no? Pero, sí, podría ser que los extraterrestres que nos visiten sean máquinas, claro.

Tengo entendido que el dientes de sable era el depredador que podría haber acabado con la humanidad. Hablando de esto, ¿puede surgir uno nuevo que nos destruya? 

-Más bien acabamos nosotros con él (risas). Pero sí, un patógeno. Depredador ya no creo, un bicho, un monstruo... Hace poco ha salido la noticia de que un tiburón de 4 metros se ha comido a un australiano. Los tiburones comen muchos australianos, el australiano es parte del menú. Los tiburones que no son australianos..., es una historia de amor (risas). Ha sido noticia mundial. Pero, en el Estado el fin de semana han muerto no sé cuantos en accidentes de carretera. No son noticia.

¿Ha muerto más gente en carretera de los que se pudiera haber comido un megalodón? 

-¿Qué por tiburones? Claro que sí. Recuerdo un año en el que un colega me comentaba que se habían producido más muertes por máquinas expendedoras, de esto de que se te caen encima... O sea, habían matado a más gente las máquinas expendedoras que los tiburones. Por nuestros genes, los tiburones nos dan miedo y hacen películas de tiburones que matan gente, pero no hacen películas de máquinas expendedoras que matan gente. Es una cosa biológica. (Mira el periódico que hay sobre la mesa), aquí veo que al Txingurri lo despiden. Con mucho cariño, pero lo despiden (risas).

¿Los homo sapiens jugarían también partidos de fútbol? ¿Y tendrían algún favorito?, porque tenían jerarquías... ¿No?

-Todas las especies sociales tienen jerarquías, todas. Pero esto del deporte..., todos los pueblos de la Tierra tienen algo parecido al deporte. Tú antes decías que no hacemos todos los kilómetros que deberíamos, pero hay un ejercicio que sí podemos hacer, que es muy bueno, y que se nos ha olvidado: bailar es un gran ejercicio. Recomiendo a la gente que vaya a la discoteca, un par de horas allí es un ejercicio muy completo. Todo lo relacionado con bailar y tal, se celebran festividades locales, es un sitio para juntarse..., y toda la gente allí liga.

¿Eran monógamos los homo sapiens?

-¿Tú qué crees?

Hombre, si había que preservar la especie entiendo que sí. Pero los grecorromanos fluían mucho en cuanto a la sexualidad...

-Somos monógamos. La foto fija de una playa es la estructura social de la especie humana. Si ves un señor viejecito con un niño pequeño, dices que es su abuelo... Pero es una buena pregunta: ¿qué es lo que deberíamos ser? ¿Monógamos, promiscuos...? Yo creo que sí, que tendemos a la pareja. Porque nos lo pide el cuerpo. 

¿No le da la sensación de que ahora parece que se construye todo? Incluso las relaciones...

-Yo veo a la gente joven que se junta en pareja, como toda la vida de Dios. Sobre todo en las fiestas (romerías), allí se va a ligar. O sea, tú no te metes (en general) en Tinder y dices: “Busco grupo de 8 para mantener relaciones sexuales” (risas). La gente busca pareja, eso podría ser que estuviera en nuestra naturaleza.

¿Pasa con todas las especies? Porque los pingüinos son monógamos, ¿no?

-Las aves todas. Por su biología reproductiva, para alimentar a los pollos..., necesitan ser dos. En los mamíferos hay mucha variedad. Esto es una buena pregunta: ¿qué somos? Algún día escribiré algún libro sobre el sexo. Será un bestseller.

Y tendrá que darme créditos, entonces (risas).

-(Más risas). Yo te pongo, pero me tendrás que dar información...

Habrá que hacer algún proyecto de investigación y hablar con un ave.

-Ya, sí... A ver si no se aburren. 

Dicen que rara vez se ve una paloma muerta, porque en realidad son biónicas y espías del gobierno.

-Yo sí las he visto. Dirijo la parte científica del Museo de Burgos (MEH) y hemos puesto cajas para que se reproduzcan los halcones, y se comen a las palomas que da gusto. O sea que están muertas, bien muertas.

Aquí, en Euskal Herria, las gaviotas también se comen de todo.

-Son monógamas las gaviotas (risas).

Hablando de monogamia, ¿no será que lo somos por miedo a la soledad? Aunque luego buscamos conseguir la inmortalidad...

-Alguien muy malvado dijo que nos casamos para que haya alguien que de fe de que estuvimos vivos. Porque si no tienes pareja, es posible que nadie sepa que estás vivo, siquiera. O sea que no, tenemos miedo a la soledad porque somos una especie muy sociable. Necesitamos un grupo con el que identificarnos, es muy difícil ser independiente en la vida. Tener una tribu, pertenecer a algo..., o sea de despersonalizarte más o menos. La independencia es muy peligrosa.

¿Y la gente que no tiene la suerte de encontrarlo?

-Yo no quiero encontrarlo, no es que no tenga la suerte, es que no tengo interés ni pretensión alguna...

Pero ha dicho que está en nuestra naturaleza...

-Pues tendré que pagar el precio de la soledad, porque el precio de la independencia en todo es la soledad.

¿Y está dispuesto a pagarlo?

-Yo sí, Pío Baroja y yo lo llevamos haciendo mucho tiempo (risas). Hay una corriente en el pensamiento de personas que, por definición, van en contra de una corriente general. Utilizan como norma, incluso vital, hacia dónde va la gente. La gente que siente tanta alergia a la masa, al establo, que procura separarse lo más posible, esa corriente de personajes en la historia de la humanidad..., por lo que sea los quemaban. Un poco de rebeldía hay que tener, no llegar al sacrificio y a la pira, pero no dejarse llevar por el rebaño tampoco. Un mínimo de reflexión, igual yo no quiero pagar 400 euros para ver a Rosalía en un mínimo tamaño al fondo de un escenario... A lo mejor me parece una estupidez y no voy. Entonces, serás el raro o la rara del grupo. ¿Estás dispuesta a pagar ese precio?

12/07/2026