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La novela “Hostal del sol” llegó a las librerías el pasado agosto, de la mano de la editorial Seleer, pero hemos considerado oportuno hablar hoy -Día Mundial de la Salud Mental- con su autor, el poeta de Laudio, Roberto Domínguez Sánchez, porque estamos ante una historia que habla del tema desde la perspectiva de haberlo vivido en carnes propias.
“Yo estuve ahí, ingresado en varios psiquiátricos por un mal momento que sufrí entre 2003 y 2005, con apenas 25 años (hoy tengo 46) y salí. Y esa es la principal reflexión que hago cuando miro atrás: que lo superé, y necesitaba contarlo, primero por mi, porque necesito escribir, y si el compartirlo ayuda a alguien a tener esperanza, bienvenido sea”, reconoce quien -tras el lanzamiento de los poemarios “Standby” en 2013 y “La noche de nuestra revolución”, bajo el auspicio de Ediciones Europa, en 2019- no tenía en sus planes lanzarse a la narrativa, pero lo ha hecho.
“La verdad que es ahora cuando estoy dedicando mucho tiempo a leer, más allá de poesía, que es lo mío, por lo que no tengo muchos referentes. Pero leyendo un libro de viajes de Virginia Woolf me sentí muy identificado con su flujo de conciencia. Esa forma de plasmar lo que se te pasa por la cabeza de forma muy fluida y sin filtros, y me senté a escribir hace dos veranos y, para mi sorpresa, me salía solo, y para noviembre tenía el libro terminado”, relata, quien parece que le ha cogido el tranquillo pues ya tiene entre manos otro proyecto. “Es un thriller rural, nada que ver conmigo”, avanza, dejando claro que lo de “Hostal del sol”, ese viaje a su propio pasado convertido en ficción, ha sido algo puntual.
Prosa hipnótica
Con todo, su primera novela -con una prosa hipnótica, a medio camino entre el realismo emocional y el misterio- tampoco es un relato en primera persona de su experiencia, sino que se ha inspirado en ello para crear una historia sobre heridas invisibles, el peso de la memoria y aquello que nunca deja de perseguirnos, en la piel de un hombre que regresa al pueblo donde un día creyó haber dejado atrás el dolor. Sin embargo, entre sus calles mojadas por la lluvia y el silencio de las habitaciones vacías, el pasado lo esperaba intacto: el rostro de un amor que nunca supo olvidar, las heridas que fingió cerrar y los secretos que el tiempo no logró enterrar del todo.
Lo que parecía un regreso hacia la nostalgia se convierte en un descenso hacia una verdad que llevaba años aguardándolo. Y, cuando los recuerdos despiertan, ya no hay forma de volver a dormir, “porque hay lugares que no se visitan, se sobreviven”, apunta Domínguez, que ha sacado el título del lugar en el que se alojó en un viaje a Andorra en 2001 que, asimismo, usó para un poemario de 2004-2005, que “como otras tantas obras, no llegué a publicar, ni pienso. Forman parte de un pasado con el que ya no me identifico tanto. Con la edad se evoluciona o eso creo", subraya.
Roberto Domínguez en 2019 cuando lanzó su segundo poemario La noche de nuestra revolución
No obstante -añade- "las tengo en gran estima porque forman parte de mi aprendizaje. Aún recuerdo cuando entré en la Tétrada Literaria de Llodio. Estaba rodeado de auténticos genios de la pluma como Patrocinio Gil o Amado Gómez Ugarte, entre otros, y yo no era más que un jovenzuelo con ínfulas de poeta”, sonríe, quien desde 2002 participa en revistas literarias, recitales y proyectos culturales, y ha colaborado con distintas productoras cinematográficas.
Guiño a Gasteiz y Laudio
De hecho, actualmente, continúa desarrollando proyectos literarios y audiovisuales centrados en el drama, la memoria y los conflictos emocionales. “Hostal del sol” -que gracias a la editorial Seleer tendrá en breve una campaña promocional por buena parte de Sudamérica y Estados Unidos, con presentaciones también en Álava pendientes de fecha- es una prueba de ello.
Una historia en la que se confunden un amor real y otro ficticio, relatada de forma muy profunda, personal, subjetiva e interpretativa, con descripciones muy líricas. “Es es su fuerte, el estilo, no es una novela comercial”, apostilla Domínguez, que también reconoce haber vertido en los personajes “retazos de las personas maravillosas con las que me encontré en mi paso por el Hospital Santiago y el Psiquiátrico de Álava, en Gasteiz, que también aparecen en la novela, al igual que mi pueblo Laudio, aunque con otros nombres”, matiza.