La crisis de Ceuta ha dejado más teorías que verdades oficiales, versiones contradictorias sobre el cerebro que está detrás de lo ocurrido, un incesante baile de cifras sobre las personas que han cruzado la frontera, sensación de descontrol y falta de previsión... En este contexto, el PNV se reafirma y exige competencias migratorias y "poder de decisión" para Euskadi, en lugar de ser una mera espectadora y limitarse a gestionar los hechos consumados e impuestos desde el Gobierno español. Su argumento consiste en que, con carácter general, cualquier llegada de personas al Estado español afecta a la comunidad autónoma vasca en el plano de la asistencia social y, para más señas, es la frontera norte y una zona caliente de paso hacia el resto de Europa. Pero, además, desde que comenzó la legislatura del lehendakari Pradales, que es sociólogo de profesión, el PNV ha entrado de lleno en un debate que está en la calle, la gestión migratoria. Se ha arriesgado con un discurso propio que intenta combinar la posición más humanista con la exigencia de "orden" y previsión en la acogida, en un momento en que el volumen de este reto puede generar tensiones de todo tipo si no hay planificación. La entrada de personas en el Estado y el asilo es competencia exclusiva de la administración española, pero el PNV ha exigido varias veces un plan estructurado, y defiende un modelo alejado de dos extremos: las meras buenas intenciones que detecta en sectores de la izquierda, y los discursos de la derecha que presentan a los migrantes como una amenaza que hay que combatir. Este jueves estaba prevista la reunión entre la consejera Melgosa y la ministra Saiz para abordar esta reivindicación de la parte vasca, pero el encuentro fue cancelado por la comparecencia del presidente español en el Congreso de los Diputados para rendir cuentas por Ceuta. Y, precisamente en ese pleno, la portavoz jeltzale, Maribel Vaquero, ha tenido la ocasión de explicar de viva voz que el PNV reivindica el "derecho a gestionar la política migratoria no como sujeto pasivo, sino como sujeto político activo", con "competencias reales", con "poder de decisión participando de manera efectiva en la definición de la política migratoria que afecta a los vascos y las vascas, y que tiene consecuencias sobre nuestro pueblo".
El PNV pide actuar "sin populismos, con previsión, responsabilidad y control de zonas fronterizas", y no instalarse únicamente en el humanismo y el discurso de los brazos abiertos, una respuesta humanitaria que debe existir pero que se tiene que acompañar con "orden" en la gestión. "Durante demasiado tiempo hemos permitido que el debate migratorio quede atrapado entre dos extremos: quienes creen que es incompatible defender los derechos humanos y hablar a la vez de seguridad, de fronteras, retorno y cumplimiento de la ley; y quienes presentan a cualquier migrante como amenaza. No valen solo las buenas palabras ni las palabras gruesas. Hace falta gestión, mirar al fenómeno de frente; entender que las desigualdades, el cambio climático y las guerras van a provocar que sigan llegando. Lo necesitamos y lo vamos a seguir necesitando. Tendremos que acoger. Pero la sociedad vasca nos pide orden, hacerlo con seguridad también para los migrantes, y una inclusión real", defendió. El PNV busca una posición central y de gestión en un debate donde los discursos están polarizados y apelan a las emociones para movilizar el voto, con la izquierda invocando los valores clásicos de la solidaridad, y la derecha alimentando el espejismo de que este fenómeno se puede y se debe frenar.
Sánchez rechaza la petición
El PNV lanzó este mensaje en el pleno sobre Ceuta y, como cabía esperar, Pedro Sánchez se resistió a ceder las competencias, y dio a entender que se ha tocado techo. "Entiendo que los partidos nacionalistas quieran fragmentar aún más la política migratoria y hacerse cargo de esas políticas migratorias, pero el sentido común y el sentido de los tiempos nos llevan en otras direcciones, a europeizar esta política migratoria, y es lo que logramos bajo la presidencia española de la Unión Europea, y tenemos que aplicarlo en todos los estados con modificaciones como la Ley de Extranjería y la de Migración y Asilo", zanjó el presidente español en su réplica a Vaquero.
Las competencias que tienen las instituciones vascas en este terreno son limitadas porque, cuando se aprobó el Estatuto de Gernika en 1979, esta cuestión no estaba en la agenda. En cualquier caso, el Gobierno Vasco ha ido avanzando en aquellas materias donde existe un enganche jurídico más explícito y, en ese sentido, acordó con el Estado la transferencia de competencias sobre la fase de acogida e integración social de los migrantes, las autorizaciones iniciales de trabajo, la participación de la Ertzaintza en los informes de expulsión de los delincuentes que sean extranjeros, y la convalidación de títulos de educación superior, cuestión que fue judicializada por algunos colegios profesionales.
El lehendakari Pradales ha argumentado en varias ocasiones que buena parte de las competencias que ha exigido Euskadi se venían ejerciendo de facto, pero sin reconocimiento oficial. En paralelo, solicita el estatus de frontera norte, que implica un tratamiento presupuestario específico desde el Estado español y también cierta interlocución con el Estado francés. Durante el pleno de este jueves, EH Bildu también solicitó las competencias migratorias, aunque su discurso fue distinto al del PNV, habló esencialmente en términos de acogida y polarizó con el "racismo" de la derecha española.
"Marruecos no es un país confiable"
El PNV, uno de los socios de investidura de Sánchez, demostró en la sesión plenaria que el presidente español no tiene su apoyo en este asunto. Vaquero dio a entender que Sánchez está más interesado en presentarse como un líder humanista para polarizar con la derecha, que en ofrecer verdaderas soluciones de gestión en materia migratoria. Le recriminó que recorra el mundo como "el último samurái", mientras sus socios no le siguen o arrastran los pies. "Humanidad sí, pero desde un principio de realidad", le pidió.
Le sorprende menos su actitud hacia Marruecos y que evitase implicarlo en los hechos, ya que el Gobierno español lleva una temporada complaciendo a la monarquía alauí en otros asuntos como el Sahara, quizás porque prefiere tener como aliado a ese país y no arriesgarse a sufrir alguna maniobra de desestabilización o una reivindicación más categórica de la soberanía sobre Ceuta y Melilla. EH Bildu, que suele ser más magnánima con Pedro Sánchez, le aceptó que quiera ser prudente y no señalar a sus vecinos para no desatar una respuesta más dura de Marruecos, pero cree que se ha pasado de frenada al elogiar directamente su supuesta colaboración. Aquí la coincidencia es total entre los grupos. El PNV exigió una posición firme ante Marruecos que, a su juicio, está claramente detrás de lo ocurrido, ya sea por acción u omisión. Vaquero sentenció que "Marruecos no es un país confiable", y que nadie se puede creer que entre 70.000 y 100.000 personas entraran en Ceuta sin la colaboración de las autoridades de un país donde el control policial es "absoluto". Recordó el "goteo histórico" de episodios opacos, como el cese de una ministra por la hospitalización del líder del Frente Polisario o, incluso, el espionaje con el programa Pegasus.
Vaquero fue contundente. "Viene al Congreso un mes tarde, y viene el último, cuando debería haber sido el primero", le recriminó, nada más empezar su discurso. "El baile de datos es preocupante, no se ponen de acuerdo los ministerios ni en las versiones de lo ocurrido. Crea sorpresa y desconfianza", alertó. A Sánchez le dijo que "no ha estado a la altura". A partir de ahí, expuso el modelo del PNV: "No compartimos la tesis que ve la migración como una amenaza, pero tampoco que no se gestione. Vivimos en una Europa envejecida, pero debe ser una gestión ordenada y humanitaria, no improvisada. Reducir esto a quién es más antifascista empeorará la situación. Otros alimentan el odio", recriminó. Al Gobierno español le criticó su política sobre los "elementos de contención" en la frontera. "¿Por qué no había un mayor dispositivo? No se calibró la gravedad de la situación", censuró.
Sánchez sitúa la disyuntiva entre el uso de la fuerza o el humanismo
Sánchez, por su parte, le respondió que no piensa "utilizar la fuerza" contra jóvenes en la frontera, una respuesta que provocó que Vaquero se removiera en su asiento porque ella no había pedido tal cosa. El socialista se lo reconoció, pero insistió en que la "disyuntiva" es esa. "No es que hayamos tenido un descontrol de las fronteras, sino una respuesta humanitaria", insistió. Vio a Vaquero "un poco incómoda". "El Gobierno de España no está en ningún extremo. No somos ingenuos. Sabemos que tenemos que garantizar la frontera. Somos conscientes de que la contundencia del Estado de Derecho no está reñida con la política humanista", dijo.