La proclamación de la II República, el 14 de abril de 1931, transformó radicalmente la realidad política al instaurar una democracia basada en el sufragio universal. En el País Vasco, este nuevo escenario favoreció la redacción del primer Estatuto de Autonomía, un proyecto que finalmente las Cortes aprobaron el 1 de octubre de 1936 tras años de complejos debates. Pese a que la sublevación franquista limitó su vigencia real, el Gobierno Vasco de José Antonio Aguirre gestionó competencias inéditas antes de partir al exilio.
Luis de Guezala, doctor en Historia y responsable en la Fundación Sabino Arana, ha puesto en valor la trascendencia de aquella "breve hora vasca", haciendo hincapié en cómo ese primer autogobierno blindó la identidad política del país antes de que la guerra lo truncara todo. Por otra parte, el historiador ha rescatado pasajes clave sobre la constitución del gabinete de Aguirre, subrayando que aquel espíritu de coalición en Gernika dejó una huella imborrable en la memoria colectiva.