El calentamiento de un dispositivo en estado de reposo es el resultado de un choque entre el estado de la interfaz y la actividad real interna. Aunque la pantalla esté apagada, el hardware puede tener picos de consumo energético debido a la ejecución constante de instrucciones en el procesador y a la corriente de algunos componentes. Para comprender este fenómeno es clave analizar el comportamiento del software en segundo plano y las limitaciones de la disipación térmica en algunos móviles.
Motores invisibles
Que la pantalla esté apagada no significa que el procesador esté apagado. En segundo plano hay un tráfico constante de información que consume muchísima energía. Las aplicaciones de redes sociales, el correo o las apps de mensajería están permanentemente conectadas a internet recibiendo notificaciones, descargando copias de seguridad o actualizando nuestra ubicación. Si alguna de estas aplicaciones tiene un fallo, puede quedarse colgada en un bucle de trabajo, haciendo que el procesador funcione al cien por cien de su capacidad sin que tú te enteres.
El truco para tener cobertura en casi cualquier sitio
A este esfuerzo invisible se suma el módem de red. Si estás en un sitio con mala cobertura o te vas moviendo de un lado a otro, el teléfono pone al máximo la potencia de sus antenas para no perder la señal. Este intento por engancharse a una red genera muchísima fricción eléctrica interna que se traduce en un subidón de temperatura, incluso cuando el dispositivo está en tu bolsillo.
Física y química
A diferencia de los ordenadores portátiles o de sobremesa, los teléfonos no tienen ventiladores en su interior para expulsar el aire caliente. La única forma que tiene el móvil de enfriarse es disipar el calor a través de su propio chasis, usando la pantalla y la carcasa trasera como radiadores. Por eso, cualquier incremento de actividad interna se nota al instante al tocar nuestro teléfono.
La propia batería de litio es otra protagonista en este caso. Con su uso, los componentes químicos de la batería se degradan y ofrecen más resistencia al paso de la electricidad. Si además de este desgaste físico el teléfono se encuentra en un sitio caluroso como debajo de una almohada, dentro del coche al sol o guardado en un bolsillo donde no corre el aire, el calor generado por el procesador no puede escapar y se acumula más rápido de lo normal.